diciembre 5, 2020

Razones uruguayas para denunciar a la CIA

Montevideo-. Sobradas razones se abrigan en Uruguay para mantener abiertas las sospechas de que todavía está por salir a la luz pública toda la siniestra actuación represiva de la estadounidense Agencia Central de Inteligencia (CIA) en este país sudamericano.

Por ello legisladores del gubernamental Frente Amplio se movilizan para intensificar denuncias sobre actividades de la CIA, después del hallazgo de nuevas pistas que se desprenden de la reciente entrega a Argentina de 600 documentos desclasificados en archivos en Washington.

Con bastante certeza se espera que tal cúmulo de infamias proporcione más evidencias del papel de la Agencia en el terrorista Plan Cóndor de los años 1970 cuando las dictaduras predominantes en Sudamérica se conjuraron para detener, torturar y desaparecer revolucionarios, izquierdistas, progresistas y opositores.

Por lo pronto el gobierno uruguayo solicitará a Argentina los datos que involucren información sobre los casos que pertenecen a Uruguay.

Para el diputado frenteamplista y uno de los denunciantes, Luis Puig, dichos documentos también confirmarán las mentiras de los mandos militares en democracia, de los servicios de inteligencia norteamericanos inmiscuidos en la vida política uruguaya.

Sostiene que hará caer muchas caretas de algunos dirigentes políticos de la derecha opositora que pusieron las manos en el fuego para negar lo evidente, que la CIA existe contra la autodeterminación y soberanía de los pueblos.

A su vez la directora de Derechos Humanos de la Cancillería uruguaya, Dianela Pi, involucrada en la petición formulada a Buenos Aires, considera que de ahí surgirán revelaciones del tráfico de prisioneros desaparecidos entre los dos países rioplatenses.

Miembros de la Organización no gubernamental Archivo Nacional de Seguridad, dedicada a estudiar actas históricas, analizaron gran parte de los 40 mil documentos desclasificados por Estados Unidos.

Entre las revelaciones recientes vinculadas a Uruguay aparece la investigación de la CIA a grupos de Derechos Humanos en democracia, la relación del asesinado político del Partido Nacional Héctor Gutiérrez en 1976 con el Movimiento Tupamaros.

Asimismo la confirmación del asesinato de Gerardo Gatti y León Duarte, dirigentes del Partido de la Victoria del Pueblo (PVP).

El director del proyecto Cono sur del Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington, Carlos Osorio, se refirió a la prueba confirmadora de que la Policía Federal Argentina con la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) de Argentina y el Servicio de Información de Defensa (SID) de Uruguay trataron sobre traslados de prisioneros el 26 de julio de 1976.

Según se indica la Policía secreta de las seis dictaduras del Cono Sur (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay) se reunieron meses antes en Santiago de Chile para crear una ‘nueva unidad denominada ‘Teseo’, destinada a exterminar a los izquierdistas en Europa y países de Latinoamérica’.

A todo lo cual por supuesto la CIA transmitió, apoyó con recursos financieros, técnicas y colaboración en los distintos terrenos operativos todo su acumulado saber en tales violatorios menesteres transfronterizos.

Puig, perteneciente al perseguido PVP de la época, indicó que en esa coordinación represiva que dio como resultado más de 200 desaparecidos, se contó con ‘la participación del departamento de Estado norteamericano y las embajadas norteamericanas’ y el inevitable largo brazo de la CIA.

En rigor histórico la presencia de la Agencia viene desde los años 1960, y el escritor Eduardo Galeano lo narró por esa fecha en ‘Informe especial sobre operaciones parapoliciales y paramilitares. Escuadrón de la muerte: de Guatemala al Uruguay’.

Contaba sobre la NOA (Nueva Organización Anticomunista y de la MANO (Movimiento Anticomunista Nacionalista Organizado) para actuar contra todos los revolucionarios y la izquierda que funcionaba en la órbita de la policía en lo que se llamó más tarde la guatemalización del Uruguay, en una alusión a la conjura intervencionista de la CIA en el país centroamericano en 1954.

Los escuadrones de la muerte en Uruguay, también conocidos como Comandos Caza Tupamaros o Defensa Armada Nacionalista (DAN), fueron grupos parapoliciales de extrema derecha que operaron en el país en las décadas de los años 1960 y 1970, con semejantes vínculos.

El exagente de la Agencia Philip Agee en su revelador libro La CIA por dentro (1974), ofreció cuantiosa y relevante información sobre la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII), un organismo creado por la entidad para desempeñar un destacado papel represivo y de vigilancia en Uruguay bajo la dictadura y aun antes.

Inclusive enumera en detalle los distintos jefes de estación que actuaron en Montevideo hasta 1973 bajo falsa cobertura diplomática, uno de los diferentes enmascaramientos todavía en usos.

Lo que expresó Agee todavía es considerada la información más alarmante e importante sobre la política exterior de Estados Unidos que cualquier denunciante del gobierno norteamericano haya expuesto.

La mayor operación conjunta de la CIA y la policía uruguaya en el período en que Agee estuvo trabajando en Montevideo era la intervención telefónica de las misiones diplomáticas soviética y cubana, de la sede central del partido Comunista uruguayo, que se extendió a la agencia de noticias Prensa Latina.

Fue la CIA quien trajo al integrante del FBI Dan Mitrione, a enseñar técnicas de torturas aplicadas en Brasil, secuestrado, enjuiciado y ejecutado por el movimiento Tupamaros.

Entonces no sorprendió en absoluto la revelación semanas atrás por un juez argentino del espionaje en democracia en Uruguay a diputados y otros dirigentes del Frente Amplio, al igual que a un representante de la empresa petrolera venezolana Pdvsa.

Muchos oscuros capítulos más relacionados con Uruguay pueden estar por emerger al conocimiento público sobre la CIA, un aborrecido aparato que es como no se puede remediar.

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