diciembre 1, 2020

El salario del presidente


Por Miguel Morales-.


El salario del presidente, no es un tema menor. Este es uno de los secretos del modelo económico que en los hechos es, enfatiza el autor de la nota, un sistema de redistribución democrático y progresivo que asegura el crecimiento del mercado interno, verdadero motor de la economía.

El presidente Evo Morales gana actualmente Bs24.241, equivalentes a 3.484 dólares, es el presidente con más bajo sueldo del continente. Este sueldo es aproximadamente 12 veces el salario mínimo nacional.

Detrás de estas cifras se esconde una de las claves para entender el modelo económico boliviano que, según los organismos internacionales especializados, es un modelo exitoso.

Los expertos valoran positivamente la política económica boliviana por las altas tasas de crecimiento económico sostenido (cinco años consecutivos con la tasa de crecimiento más alta de América Latina), con bajo nivel de endeudamiento, con tipo de cambio estable, con tasas de inflación controladas inferiores a las dos cifras, alto nivel de reservas internacionales. Los principales indicadores muestran equilibrios macroeconómicos sólidos.

La debilidad estructural de Bolivia es su dependencia de la exportación de hidrocarburos. Por ello, la caída de los precios internacionales del petróleo en el último decenio afectó significativamente a los ingresos del Estado. A pesar de ello, la economía boliviana continuó creciendo a un ritmo vigoroso, mientras quelas de los países vecinos enfrentaban procesos recesivos. Es una economía saludable capaz de soportar periodos de recesión mundial.

¿Cuáles las razones del éxito del modelo económico boliviano? Hay muchos factores que explican este éxito, entre los que se destaca, obviamente, la nacionalización de los hidrocarburos. Esta medida fue conducida con inteligencia, evitando la fuga de capitales y de tecnología para mantener estables las capacidades productivas. La nacionalización de los hidrocarburos significó un incremento significativo de los ingresos del Estado, y por lo tanto, de la inversión pública, base inicial del crecimiento económico.

Sin embargo en el presente artículo queremos hablar de otra de las causas (que en rigor, viene a ser causa y efecto) del éxito del modelo boliviano, que es la reducción efectiva y duradera de la pobreza en el país.

Gracias a las políticas públicas, la población pobre ha visto incrementarse realmente sus ingresos, de modo que ahora puede alimentarse mejor, además de satisfacer sus otras necesidades hasta ahora insatisfechas. Esta población que antes vivía del autoconsumo, cuenta ahora con recursos para ingresar al mercado. Los millones de nuevos consumidores han acrecentado la demanda, el mercado interno se ha expandido, generando oportunidades de negocios para las empresas que antes languidecían tratando de exportar.
En síntesis, la reducción de la pobreza se ha traducido en un incremento de la demanda solvente, actual motor del crecimiento económico del país.

¿Cómo erradicar la pobreza?

La reducción dela pobreza es un objetivo que ha venido preocupando al mundo desde hace más de 50 años, objetivo muy difícil de alcanzar, en el que se ha trabajado mucho y avanzado poco. Sin embargo en este campo Bolivia ha logrado resultados significativos. Muchos piensan que la reducción de la pobreza se debe a los bonos que se distribuyen a los más pobres. Los bonos ayudan pero no son suficientes.

Hay otro elemento fundamental para la reducción de la pobreza: la redistribución económica. En Bolivia se vive un proceso real de redistribución económica en favor de los más pobres. Esta redistribución se hace por dos caminos principalmente: el presupuesto público y la política salarial.

Redistribución vía presupuesto

El Estado, por primera vez en su historia, da prioridad a los pobres del país: destina la mayor parte de su presupuesto para financiar políticas y programas dirigidos a los sectores más vulnerables, discriminados y empobrecidos del país.

En el pasado, algunos gobiernos gastaron también dinero en los pobres, pero en programas marginales, secundarios, insignificantes frente al conjunto, pues el grueso del gasto e inversión estaba destinado para la gente de ingresos medios y altos, para sus votantes. Pero en la actualidad todo cambió. En todos los ministerios, sin excepción, el principal destinatario de la inversión pública son las clases empobrecidas, que ven sus ingresos incrementarse gracias a las obras sociales y productivas que reciben del Estado.

Vivimos entonces en Bolivia una “política redistributiva vía presupuesto”, se redistribuye la riqueza sin confiscar, sin expropiar, respetando la propiedad privada, sin siquiera aumentar los impuestos. Es una redistribución que se basa en la opción del Estado de gastar más en los pobres, con la filosofía que este gasto terminará beneficiando a todas las clases sociales, incluyendo a los empresarios.

Política salarial

El otro elemento clave de la redistribución económica es la política salarial: el salario mínimo nacional se ha ido incrementando a lo largo de los últimos años de manera sostenida y significativa, con tasas superiores a la inflación y al crecimiento demográfico, pero cuidando de no exceder las capacidades de las empresas y del Estado, para evitar burbujas inflacionarias.

Gracias a los incrementos del salario mínimo se dinamizó la demanda interna. Y al incrementarse el mercado interno, toda la economía creció, de modo que el incremento salarial benefició también a los trabajadores no asalariados, los trabajadores por cuenta propia.

A pesar de los incrementos, el salario mínimo en Bolivia es hoy todavía uno de los más bajos del continente. Sin embargo, en proporción del PIB per cápita, el salario mínimo nacional de Bolivia es el más alto de la región: en 2017, alcanzó al 8,5% del PIB per cápita, mientras que en Perú, por ejemplo, sólo fue el 4,6%. Este indicador muestra el esfuerzo boliviano en la redistribución económica.

Escala salarial comprimida

Otro de los secretos de la política salarial fue comprimir las escalas salariales en el sector público, para lo cual se tomaron tres medidas.
En primer lugar, cuando empezó su mandato en 2006, el presidente Evo decidió eliminar los gastos de representación y los gastos reservados y reducir su salario al equivalente de 2000 dólares. Así, Evo ganaba la cuarta parte de lo que ganaba el presidente que le precedió. Fue sin duda un acto patriótico, había que ajustarse los cinturones.

En segundo lugar, puso en vigor una medida que disponía que ningún funcionario público gane más que el presidente, su salario era el límite superior. Así, todas las escalas salariares en las entidades públicas tuvieron que ajustarse para no sobrepasar este límite.

Esta medida significó un ahorro en el gasto público en todos los niveles del Estado y se aplicó de manera implacable. Se hicieron excepciones en las empresas públicas estratégicas recientemente nacionalizadas, donde se tuvo que mantener escalas salariales superiores para evitar la fuga de profesionales y se ponga en riesgo la viabilidad técnica.

Y la tercera medida fundamental fue congelar el salario del presidente, mientras que subía todos los otros salarios del país. De este modo, el presidente ganó el mismo monto durante 7 años, lo que provocó que la escala salarial en el sector público se vaya comprimiendo año tras año, al subirse todos los salarios pero no el tope superior.

El congelar el salario del presidente (que es como un límite superior que nadie puede sobrepasar) y al mismo tiempo, incrementar los restantes salarios de manera sostenida y significativa, se produce un gran efecto de redistribución. Un esfuerzo grande que hace el Estado para redistribuir la riqueza, pero tiene un costo alto: mal paga a los profesionales de rango ejecutivo.

Nuevas evoluciones

En 2013, por primera vez en su gestión, el presidente decidió elevar su salario. Y desde entonces, el salario del presidente continúa subiendo, al igual que el resto de los salarios de la economía.

Y en el año 2018, por primera vez en 12 años, el incremento del salario del presidente fue de 5%, superior al incremento del salario mínimo nacional, que fue de 3%. Estamos frente a un cambio en la política salarial que busca corregir distorsiones que se producían al congelar durante mucho tiempo los salarios de los niveles ejecutivos y comprimirse en demasía las escalas salariales.

En 2005, el salario del presidente era 191 veces el salario mínimo nacional y en la actualidad está en alrededor de 12 veces.

Para evitar una excesiva compresión de las escalas salariales, algunos economistas recomiendan que el salario del presidente se fije en función del salario mínimo nacional. Consideran que el presidente debería ganar 12 mínimos nacionales y que esta proporción se mantenga en el futuro.

Terminaremos este artículo señalando que tal medida sería un error, pues debilitaría una de las bases que sostiene el modelo, que es la redistribución: cualquier incremento del salario mínimo nacional perdería gran parte de su efecto redistribuidor, pues se incrementarían los otros salarios en la misma proporción.

No olvidemos que el modelo económico boliviano está basado en un sistema de redistribución democrático y progresivo que asegura el crecimiento del mercado interno, verdadero motor de la economía.

No tenemos duda que Evo, con su gran visión política y sensibilidad social, volverá a congelar su salario, contradiciendo los consejos de aquellos expertos que no han entendido los secretos del éxito del modelo económico boliviano.

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