junio 18, 2021

Apuntes básicos para hablar de nosotros


Por Francisco Tupaj García-.


Determinado a retomar un tema pendiente con mi primer artículo, pretendo ser lo suficientemente alevoso como para poner este tema sobre la mesa, pero lo suficientemente humilde como para decir lo que la mayoría de los jóvenes ya sabemos, pero que a veces es necesario recordar.

Cuando a la política y a los partidos políticos se les ocurre hablar de juventud suelen entender que los jóvenes somos: “todos iguales”, que somos “despolitizados” y que somos “el futuro del país”. Me propongo en este artículo, cuando menos, intentar de desmontar estos tres imaginarios con el propósito de empezar a dar paso a un debate más abierto sobre la juventud.

Partiendo por el primero es preciso señalar que los partidos políticos de, todos los colores, suelen ver a la juventud como una masa “homogénea”. En este sentido, se asume que todos los jóvenes tenemos, más o menos, los mismos intereses, las mismas metas y la misma forma de ver la vida. Sobre esto se puede decir que solo falta conocer personas jóvenes para saber que esto es falso. Los jóvenes, en tanto miembros de esta sociedad, estamos constituidos por nuestro origen, por el barrio en el crecimos y por las enseñanzas de nuestros padres. En este sentido, los jóvenes portamos una identidad étnica y de clase. No es lo mismo un joven de apellido alemán, que sea q’ariso y que viva en una urbanización privada en Santa Cruz, que un joven de identidad aymara, que sea moreno y que proceda de las comunidades más alejadas del altiplano boliviano.

Por otra parte, lo que a los medios de comunicación les encanta decir de nosotros es que somos una generación “despolitizada”, y esto quiere decir que somos jóvenes a quienes no nos interesa la política. Sin embargo, con ver a los propios colectivos y organizaciones juveniles uno se da cuenta de la falacia de esto. Desde Columna Sur hasta las plataformas 21F, desde los colectivos artísticos hasta los clubs de lectura, todos los jóvenes tenemos una posición política respecto a lo que pasa día a día en nuestro país, puesto que, hasta el hecho mismo de declararnos “neutrales” es tomar una posición política en cualquier conflicto. Sin embargo, pese a que los jóvenes estamos politizados, es preciso señalar que no somos partidistas.

Esto último, se debe más a la incapacidad de los diferentes partidos políticos de escucharnos y entender nuestras múltiples opiniones, que a una suerte de excusa anómala de decir que somos “despolitizados”.

Por último, existen aquellos que miran con una solidaridad mezquina a los jóvenes y lanzan al aire sus discursos a nombre nuestro enarbolando siempre “que los jóvenes somos el futuro”. Pues no, los jóvenes somos lo único realmente transformador en el presente de cualquier sociedad. Somos lo realmente transformador el momento mismo en el que no nos dejamos imponer las normas de esta sociedad, en tanto que planteamos cosas nuevas, revolucionarias, desde el seno mismo de nuestra libertad. Esto que digo, no lo digo en tanto desde una posición “idílica”, sino en tanto que los jóvenes en Bolivia y el mundo hemos estado siempre a la vanguardia de las grandes transformaciones. Basta con ver a los héroes de octubre del 2003 o a los pingüinos chilenos de este último tiempo.

A modo de conclusión vemos que los jóvenes: tenemos identidades propias, tenemos posiciones políticas contrarias y somos un grupo etario decisivo en las próximas elecciones en tanto fuerza transformadora. Quizás a ti, joven que estás leyendo esto, te parece que todo lo que he dicho vos ya lo sabias, y que en realidad no existe nada nuevo en mi pensar. Pero si pongo estas ideas sobre la mesa es para que tanto tu como yo hagamos entender a los demás, que no somos una herramienta, que no somos una “masa de ovejas con celulares”. Somos una fuerza transformadora que tiene la capacidad, por si misma, de construir un país mejor.

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