Editorial La Época-.
El Tribunal Supremo Electoral (TSE) de Bolivia ya ha convocado oficialmente, con calendario y reglamento incluidos, a las elecciones generales para el 20 de octubre próximo, donde solo uno de los ocho candidatos en carrera propone continuar el exitoso camino de la independencia económica y soberanía política forjado en 14 años de Proceso de Cambio.
La convocatoria electoral se hizo conocer el miércoles 29 de mayo, tres días antes de que venciera el plazo otorgado por comités cívicos y partidos opositores para que los vocales del TSE renunciaran a sus funciones o, a cambio, enfrentaran marchas, paros y movilizaciones. Lo cierto es que hasta la publicación de este semanario no se había producido una nueva reunión de los opositores, definida para el 1 de junio, con el objetivo de aprobar las medidas de hecho.
No hay duda que estas elecciones serán las más importantes respecto de las realizadas en 2009 y 2014, donde el presidente Evo Morales fue reelecto con un nivel de votación superior al obtenido en su primera elección (2005), cuando históricamente alcanzó el 54 por ciento, un porcentaje que ningún candidato conquistó en 20 años de periodo neoliberal. La tendencia en la intención de voto es favorable a Morales, pero sería muy arriesgado afirmar en este momento que obtendrá una votación similar a las dos últimas, aunque si se mantiene la tendencia podría pasar la barrera del 50 por ciento más uno o tener una diferencia de más de 10 puntos sobre el segundo, lo que en cualquiera de ambos escenarios implicaría su reelección para el período 2020-2025. El gobierno se ha puesto la meta de conquistar un respaldo del 70 por ciento.
Si bien existen nueve binomios apuntados en la lista después de que se llevara adelante las primeras elecciones primarias en Bolivia, el 27 de enero pasado, la enorme distancia de Morales, Mesa y Ortiz (que ya tienen distancia entre ellos) respecto de los demás podría llevar, hasta antes del 12 de junio, a que algunos candidatos se bajen de las elecciones por algo de vergüenza política, lo cual tampoco modificará el tablero electoral. Es tan baja la intención de voto por cinco candidatos que su permanencia o no en la papeleta es intrascendente.
Desde el punto de vista de organización de las elecciones, es un gran desafío para el Tribunal Supremo Electoral no perder de vista el más mínimo detalle y otorgar la más alta garantía de transparencia, pues la oposición y sus analistas, ante la falta de propuesta, están en la tarea de construir la idea del fraude. Es uno de los argumentos recurrentes de la oposición en los últimos años.
Es más, una de las tareas, quizá imprescindible, es organizar la llegada de misiones de observadores electorales de la OEA, por ejemplo, para que tengan todas las condiciones favorables. La legitimidad de las elecciones estará asentada en lo que haga el TSE y eso es fundamental.
Ya está el calendario. El TSE debe facilitar el acceso al registro biométrico a los nuevos electores y a los que hayan cambiado de domicilio. Las elecciones del 20 de octubre estarán en los ojos del mundo.

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