noviembre 7, 2026

El verdadero legado de Macri


Por Francisco Tupaj-.


La Victoria del Macrismo en la vecina argentina, el año 2014, es sin duda uno de los momentos más importantes de la historia política argentina contemporánea. No tanto porque se haya derrotado al peronismo, eso ya había pasado en los años 1983 con el radicalista Alfonsín y en 1999 con el también radicalista De la Rua, sino que fue la primera vez que el peronismo era derrotado electoralmente por una fuerza política más a la derecha de este. Tanto Alfonsín como De la Rua, aunque eran miembros de la Unión Cívica Radical, hicieron gobierno a partir de coaliciones amplias que terminaban estando más a la izquierda, que aquel neoliberalismo peronista que representaba Menem. Por el contrario, y este punto no es menor, la victoria de Macri constituyo la primera vez en la historia que una fuerza política a la derecha del Peronismo era capaz de ganarle electoralmente.

Es importante recordar que las anteriores veces que la derecha conservadora logró arrebatarle el poder al peronismo siempre fue por vía armada: los golpes de Estado contra Juan Domingo Perón el 55 y contra Isabel de Perón el 76. La derecha reaccionaria y racista argentina solo podía combatir contra el movimiento nacional-popular peronista desde las lealtades ciegas del ejército, la policía y la iglesia, jamás desde la voluntad popular en elecciones abiertas y libres. Esta coalición de “gente de bien” destrozó en dos oportunidades todo el tejido social argentino al romper los pactos sociales instaurados por Perón e incluso promoviendo una guerra civil contra el movimiento popular. Los 30.000 desaparecidos por el terrorismo de estado que impuso el “gorilismo”, término que agrupa a toda esta alianza reaccionaria, son el espeluznante ejemplo de lo que la “gente de bien” hace en su desesperación de no poder controlar el movimiento popular.

Justo esa limitación fue lo que Macri logró superar, la de lograr derrotar electoralmente al peronismo, representando los intereses de la derecha. Más allá de toda la manipulación mediática, Macri logró con campañas de marketing y frases de manual lo que parecía imposible: que aquel país que sufrió a Videla como dictador se asocie a la derecha con globos, alegría y el color amarillo. Macri logro hacerse del poder tratando de camuflar hasta el último minuto sus credenciales “gorilistas”, ocultando bajo la alfombra la sangre de la dictadura que bañaba la billetera de su padre. Y así, entre frases del Dalai Lama y charlas de globalización el club de fans de la dictadura entro al palacio presidencial sin pegar un tiro.

Cuatro años han pasado desde la victoria de Macri. El desempleo supera el 10%, Argentina a estas alturas es el país con el porcentaje más alto de pobreza en Sudamérica. Todos los globos que cautivaron a millones de argentinos que lo votaron, sin ser de derecha, se esfumaron en el aire. En la línea del frente, el movimiento nacional-popular se unifica y prepara para ganar las elecciones mediante una alianza krischnerista-peronista. Y en los clubes privados de la oligarquía y los cocteles de los especuladores financieros se tiene miedo, miedo a la vuelta del pueblo al Estado.

Sin globos, sin gurúes de marketing, sin alegría que ofrecer, Macri decide hacer frente común con toda la derecha para “combatir al populismo”. Los empresarios de cara amable ya no hablan de yoga sino que levantan rosarios y denuncian complots comunistas contra la familia. Las rubias modernas piden dar rifles de asalto a la policía para “Balear a la negrada”. Los doctorcitos que hablaban de globalización ahora quieren deportar a millones de bolivianos y paraguayos “que solo roban y delinquen”.
Portando rosarios, pistolas y murallas, por más maquillaje que se pongan, los gorilas son siempre igual. Ya sea en Argentina o Bolivia.

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