agosto 20, 2026

La integración Bolivia-Perú ejemplo de integración binacional


Por W. Abraham Pérez Alandia * -.


Retomar la integración regional como escudo frente a la incertidumbre de la economía y la política mundial es tarea de los pueblos progresistas.

Se sabe que en América Latina hubo dos posturas encontradas en relación a la necesidad de integración. La primera que estuvo vigente y sostenida por las élites de las oligarquías nacionales, aquellas que lucharon en contra de las propuestas de integración, desde los tiempos de la independencia, oponiéndose a las ideas del libertador Simón Bolívar y su proyecto de la Gran Colombia. Estas élites prefirieron vincular nuestras economías en calidad de periferias al centro hegemónico, inicialmente Inglaterra y después EE.UU.

La segunda postura está conformada por corrientes de pensamiento y acción que proponen la necesidad de una integración regional que conduzcan al ejercicio de nuestra soberanía y potenciamiento económico, social y político, desvinculándonos de centros hegemónicos dominantes, los mismos que, en la actualidad, están en una fase cíclica descendente. Desde esta segunda postura, en América Latina se han realizado esfuerzos por forjar nuevos formas de integración, sobre todo en momentos históricos en las que las élites conservadoras fueron parcialmente derrotadas y expulsadas del poder político. Elites que, para recuperar su cuota de poder, están dispuestas a entregar los recursos naturales, bajo la imposición de una nueva división internacional que, como siempre, nos impone la tarea de proporcionar recursos naturales baratos al capital transnacional, con el objetivo de recuperar la tasa de ganancia de estos los capitales, en detrimento de nuestras posibilidades de desarrollo y potenciamiento económico.

La situación actual en la región, muestra una combinación que muestra el retorno del neoliberalismo en varios países, con implementación de políticas represivas y antidemocráticas, como el caso de Argentina y Brasil que, cambiaron radicalmente la ruta de su política exterior, debido a que sus nuevos gobernantes se comportan sumisos al centro hegemónico en decadencia, los EE.UU. Estos gobernantes, son de la corriente neoliberal y están alineados con los objetivos norteamericanos. Gobiernos latinoamericanos de derecha que, se están ocupando de destrozar el avance que hubo en materia de integración. Estos destrozos significan la conformación de un bloque ideológico de gobiernos reaccionarios, que no están de acuerdo con el concepto de integración liberadora y contra-hegemónica; como la que se fue liderada por gobiernos progresistas como el de Lula, Correa, Morales, Kirchner, Chávez.

El proceso de integración, propuso el funcionamiento de instituciones necesarias para el logro de los objetivos de la desconexión neocolonial, partiendo del ALBA se avanzó hasta la CELAC, como una alternativa al fracaso de la OEA, instancia dominada por los propósitos norteamericanos. Las instituciones de integración tienen como base, no el dominio y hegemonía del más fuerte sino, principios como la complementariedad económica, la cooperación solidaridad entre nuestros países que, logren consolidar tratos especiales y diferenciados a los países que tienen niveles de desarrollo menor, apuntalando a una amplia integración —inclusiva en varios aspectos— y no solo en lo económico y comercial. Se trata de una integración política, social, cultural y científica, además de económica y de comercio.

Tomando en cuenta este contexto histórico adverso al avance en integración, el gobierno de Bolivia está mostrando su disposición y voluntad política para consolidar integraciones y acuerdos binacionales. Esta voluntad se muestra en las recientes visitas de mandatarios de la India y el Paraguay, así como de la realización del encuentro con Perú en el marco de la sesión quinta del Gabinete Binacional (ministros de Bolivia y Perú), celebrado en la localidad de Ilo-Perú.

El evento binacional culminó con la firma de 12 acuerdos y 92 compromisos, todos ellos relacionados a preocupaciones por las poblaciones de ambos países. Esto es que, la prioridad de estos acuerdos “valoran el trabajo y la confianza progresiva” que garantice el bienestar de las poblaciones, impulsando la integración: física, productiva y energética. El presidente peruano, Mario Vizcarra destaco que: este tipo “de reuniones es el corolario de un esfuerzo permanente de ambos países, no solo de acercarse más en su relación de amistad sino también a través del esfuerzo común para dar a las poblaciones un mejor nivel de vida”.

En este encuentro binacional se habrían analizado cuatro ejes: 1) medio ambiente y recursos hídricos transfronterizos; 2) seguridad y defensa; 3) desarrollo económico, políticas sociales, asuntos culturales y educativos, y fortalecimiento institucional y 4) infraestructura para la integración y el desarrollo.

El convenio firmado por ambos mandatarios demuestra que, entre pueblos hermanos es posible sumar esfuerzos que estén dirigidos al bienestar de sus poblaciones.

Es necesario recordar la histórica relación entre estos dos países sudamericanos que no fue del gusto de aquellos grupos dominantes de otros países, como Chile, que hicieron todos los esfuerzos para evitar, por ejemplo, la Confederación Perú Boliviana. Con seguridad no les cae bien este acuerdo binacional que, de ser cumplido, impulsará el desarrollo de regiones postergadas, hasta ahora en ambos estados, la República del Perú y el Estado Plurinacional de Bolivia.

Aquellos que prefieren conducir a sus países por los caminos del colonialismo interno y la dependencia a los centros hegemónicos prefieren encaminar sus políticas internacionales por los caminos de la desintegración, están cometiendo graves errores históricos que las generaciones de futuro, de nuestros pueblos, sabrán juzgar con rigurosidad.


* Economista, miembro de la Red de Economía Crítica; docente investigador titular de la UMSA.

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