Por Carolina Salinas Cladera * -.
Cuando un boliviano necesita comprar ya sea un producto de ferretería o pagar el hospedaje en algún alojamiento, nunca falta la típica frase insinuante del comprador que le dice a la caserita o al dependiente: “¿y si me vendes sin factura, me rebajas?”, y es que se debe reconocer que los bolivianos somos así, estamos acostumbrados a regatear.
Hay que admitir que alguna vez en la vida cada uno de nosotros ha pedido al vendedor que le rebaje un par de pesos a cambio de que no se extienda la factura correspondiente de la compra. Las razones para este comportamiento tan típico nuestro pueden ser varias, una de ellas tal vez sea que nuestros genes K’aras, Aymaras, Kechuas, Guaranís, plurinacionales, nos vuelven unos negociantes innatos. Como si tuviéramos ascendencia judía, todos los bolivianos, además de pedir rebajas y yapas, también pedimos el precio de nuestras compras sin factura y no creo que sea la falta de dinero lo que justifica pedir rebaja en el precio de compra, porque cuando vamos a la tienda tenemos el dinero para el pago de la compra, pero entonces ¿por qué lo hacemos? ¿Será la satisfacción de pagar menos que el precio que nos piden, o nuestra capacidad de negociación lo que nos llena de orgullo al pagar de menos?
La triste realidad es que muchos no tenemos ni la más mínima idea por qué es necesario exigir factura por la compra de algún bien o servicio, ni cómo es que este aparente simple comportamiento de “viveza criolla” puede ser tan perjudicial para nosotros mismos.
Buscar una rebaja en el precio de venta no es reprochable, lo que es perjudicial es cómo los vendedores timan a las personas haciendo creer que la disminución en el precio de venta, a costa de la no emisión de factura, es una ventaja cuando en realidad lo que se está negociando es el impuesto que debe ser pagado por el vendedor y empozado al Fisco.
A través de la factura se puede demostrar la transferencia de dominio de un bien o servicio de un individuo a otro y es la prueba fehaciente de que un vendedor está generando ingresos producto de su actividad económica por lo cual debería pagar el impuesto correspondiente. Cuando un vendedor no emite factura por una venta, no declara sus ingresos, por ende no paga los impuestos que le corresponde, disminuyendo la recaudación del Estado y su capacidad para dotar de servicios básicos (salud, educación, etc.) a la población.
Entonces, mientras el ciudadano de a pie está ahorrando unos pesos producto de la “rebaja”, el vendedor se enriquece de forma egoísta a costa del Estado. Sin embargo, los únicos que resultan perjudicados somos los mismos bolivianos cuando el Estado, representado por el nivel Central, Departamental y Municipal, no tiene los recursos suficientes para cumplir sus obligaciones. Muchos criticamos que las autoridades se “farrean” la plata de los hospitales, cuando en realidad con nuestro comportamiento de “vivos” somos nosotros quienes nos auto saboteamos y nos perjudicamos, incentivando un comportamiento reprochable y corrosivo; por lo tanto, los ciudadanos bolivianos debemos empezar a cambiar nuestro comportamiento exigiendo la emisión de la nota fiscal cada vez que hagamos una compra de algún bien o adquiramos algún tipo de servicio, de esta manera coadyuvaremos a la inversión en programas de salud y educación en Bolivia. El cambio está en nuestras manos.
* La autora del artículo es economista.

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