Potosí, Bolivia-. A los pies del Cerro Rico, famoso otrora por sus yacimientos de plata, Potosí conserva hoy su esencia de tiempos coloniales, entre antiguas iglesias, plazas y viviendas cubiertas con tejas de barro cocido.
Considerada cuna del barroco andino en Bolivia, fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1987 por la preservación de tradiciones y de su arquitectura vernácula, primer reconocimiento oficial otorgado por la Unesco a un paraje de este país sudamericano.
El cerro es lo más emblemático de este lugar así como nuestra hermosa catedral, comentó a Prensa Latina Ángela Mamani, una de las habitantes de la fría urbe, situada a más de tres mil 900 metros sobre el nivel del mar y superada sólo en esta nación por El Alto (cuatro mil 150 metros).
Con reliquias como la Casa Nacional de la Moneda, de la época de la colonia, Potosí -actualmente capital del departamento homónimo- nació como asiento minero sin un plan preestablecido en un terreno de topografía muy accidentada.
Con las vistas deslumbrantes de sus edificaciones, parques y viejos templos, la ciudad seduce a lugareños y visitantes quienes admiran cada uno de sus atractivos arquitectónicos alabados por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) como huellas de una época que burló al olvido y al paso del tiempo.
La sureña ciudad sobresale por lo llamativo de la comida, su gente y su historia ligada a la extracción de minerales, además de la platería; es sin dudas ícono cultural de Bolivia, afirmó Noelia Urquipa, guía turística de ese asentamiento.
Junto al apacible ambiente citadino donde no faltan fotógrafos, vendedores de alimentos y todo tipo de souvenirs, la localidad de población mayoritariamente indígena es reconocida por realzar costumbres como la elaboración de la kalapurka, un plato de origen precolombino, cocido con piedras ardientes en el interior de las vasijas.
Consumido fundamentalmente en las mañanas para mitigar la frialdad del lugar, resulta una de las recetas preferidas por los potosinos.
Me gusta mucho, es muy rica y típica de la región, aseguró Julia Salvatierra, cliente de uno de los pequeños establecimientos ubicados en la barriada del cementerio local.
Luego de apreciar las escenas de la urbe en la falda de su Cerro Rico de tonos cobrizos, los caminantes prueban el exquisito preparado a base de maíz y carne de llama, servido en recipientes de barro.
Viene gente de todos lados para saborear esta suerte de guiso, manifestó la administradora del restaurante La Kalapurka, entre los más concurridos de la ciudad.
Perteneciente al altiplano andino, Potosí dista 538 kilómetros de La Paz y 204 del Salar de Uyuni, prominente destino turístico de Bolivia y del subcontinente.

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