Por Miguel Ángel Marañón -.
Es difícil empezar un artículo cuando el tema a tratar es un “desgracia” por la cual está pasando la humanidad con el incendio de la amazonia sudamericana y más aún cuando en el país se ha politizado, de tal manera que no se toma en cuenta muchos datos científicos y técnicos; así tenemos, que el clima a nivel mundial oscila entre las sequias e inundaciones, y este año es uno de los más secos, pero no el peor, tuvimos sequias mayores en 1987, 1998, 2005 y 2010, en esta última se quemaron más de 3 millones de hectáreas de la Amazonía.
En Bolivia nos olvidamos que estos ciclos del clima mundial están empeorando por la contaminación de los países industrializados, que endurecen las sequias y las inundaciones, los acuerdos y organizaciones internacionales del medio ambiente son sólo un “saludo a la bandera” ya que los países ricos no cumplen lo aprobado, es más EE.UU. se retiró del acuerdo de Paris, siendo uno de los que más contamina a nivel mundial.
El chaqueo, es una “tradición” agraria que se da desde tiempos ancestrales, y no es como algunos políticos tratan de convencer a la ciudadanía que se dio a partir de la promulgación del Decreto 3973; esta medida de ninguna manera se la realiza para deforestar (ampliar la frontera agraria), esta se aplica para eliminar la maleza del área, terreno o campo a ser sembrado, al mismo tiempo las cenizas que quedan se “incorporan” a la tierra como un fertilizante o abono natural rico en potasio magnesio y sobre todo fósforo.
En este sentido, las críticas de los “ecologistas radicales”, no siempre reflejan la realidad, es muy fácil ser ecologistas desde la comodidad de un living bien amoblado ilustrándose con algún documental de National Geographic, consumiendo alimentos sin gluten, saboreando yogur light y jugos naturales, en sus residencias de Achumani, Irpavi, Calacala, y Equipetrol o el Urubó, otra muy diferente, es pelearla el día a día, buscando la comida en comunidades que no tienen acceso caminero, y sobrevivir con monocultivos y al no tener acceso a la comercialización de fertilizantes sólo les queda el chaqueo.
Nos dicen que la comida transgénica produce cáncer y malformaciones, pero se oponen a ampliar la frontera agrícola para producir más alimentos orgánicos, nos dicen que la explotación hidrocarburífera daña al medio ambiente y a la economía nacional, pero se oponen a exportar carne a China y Rusia (porque las vacas producen CO2, igual a un vehículo), y surge la interrogante, ¿entonces de que vivimos?, la respuesta inmediata y obvia “turismo”, pero recordarles que esta debe contar con la construcción de aeropuertos y caminos los cuales necesariamente involucrará la tala de árboles.
Nos quieren convencer indicando que somos el cuarto país en deforestación, pero no nos dicen que los países desarrollados, ya no tienen bosques para deforestar, porque ya deforestaron todo lo que pudieron en el anterior siglo; lamentablemente, el desarrollo económico y social es inversamente proporcional a la preservación de la naturaleza, sin embargo, debemos progresar como país y como sociedad planificando y velando por el menor daño posible a la madre tierra.

Leave a Reply