Editorial Cambio-.
El ataque vandálico de los unionistas del 21F a sedes políticas en Santa Cruz no solo buscó ensombrecer las próximas elecciones generales, sino que mostró la actuación de sectores violentos que sueñan con destruir el futuro y la esperanza de Bolivia, como ya intentaron en 2008, cuando impulsaron un golpe cívico-prefectural-separatista.
Los hechos violentos ocurrieron el último jueves. Centenares de unionistas con banderas del 21F saquearon tres instalaciones del MAS en la capital oriental, golpearon a varias personas y dejaron al menos a dos en terapia intensiva, entre ellas un niño y una mujer embarazada.
Esta ofensiva violenta estuvo caracterizada por actitudes y discursos racistas. Según el relato de María Renée Liévana, postulante al Senado por el MAS, “vino una turba de jóvenes (unionistas) con bates, palos, garrotes y directamente los confrontaron, les dijeron ‘collas de mierda, váyanse’”.
El vandalismo surgió luego de que el Comité Cívico de Santa Cruz exacerbó un discurso regionalista contra el Gobierno, apoyó un paro indefinido en contra de los vocales electorales (encargados de garantizar los comicios del 20 de octubre) y se pronunció en contra del MAS. Inclusive, el dirigente cívico Luis Fernando Camacho salió en defensa de los unionistas y dijo estar dispuesto a ir a la cárcel por defender a los agresores.
Este vandalismo de los unionistas, amparado por sectores cívicos, ya se manifestó en acciones violentas el año 2008, cuando se impulsaron tomas de instituciones, se persiguió a los collas como prólogo de una aventura que pretendía, por las armas, la división territorial de Bolivia.
En agosto de ese año, el escritor Alfonso Román fue agredido en la plaza 24 de Septiembre.
También se dio el intento de toma del Comando de la Policía por parte de unionistas.
Una marcha pacífica de trabajadores de la Central Obrera, gremiales, transportistas y otros sectores obreros, que respaldaban la convocatoria a referendo por la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado, fue “atacada salvajemente con palos, piedras y chicotes por hombres, mujeres y jóvenes que (…) no dejarían pasar a los collas de mierda que quieren tomar nuestra plaza”, según el texto Bolivia 2008. El conflicto de septiembre, de la ONG Cejis.
Entonces fueron identificados “el Grupo Resistencia, Alianza Autonómica de Santa Cruz y la Unión Juvenil Cruceñista del Comité Cívico, utilizados como grupos de choque de la oposición”, agrega el informe.
En septiembre de 2008, la “Unión Juvenil Cruceñista, universitarios, adolescentes contratados para hacer destrozos, las barras bravas de Oriente Petrolero y Blooming, entre otros, tomaron el edificio del Servicio de Impuestos Nacionales” y del INRA. “En los días siguientes, todas las infraestructuras del Estado pasarían al control de las gobernaciones”, agrega el documento.
En 2008, grupos cívicos tomaron aeropuertos de Beni, Pando, Santa Cruz, Tarija y Sucre para impedir la llegada de Morales.
A estas acciones se sumó Eduardo Rózsa, contratado para dividir Bolivia y quien planificó el asesinato de Morales.
En ese contexto, el vicepresidente Álvaro García Linera lamentó que algunos grupos violentos quieran destruir Bolivia y pidió a los jóvenes proteger su futuro con oportunidades de trabajo y desarrollo, así como fortalecer la democracia. “Nosotros tenemos un futuro, una esperanza. Hay gente que les va a atacar por ser humildes; al ataque no se responde con violencia, se responde con trabajo, se responde con dignidad y con lucha; los violentos no tienen futuro, los violentos solo quieren destruir Bolivia. Nosotros construimos Bolivia porque amamos Bolivia”, expresó.
Poco antes, el Presidente también pidió defender la democracia con el voto y la paz.
“Sus papás tenían una Bolivia pobre, abandonada, triste y sin oportunidades; los hijos de esos papás y mamás que han luchado tanto, ahora pueden tener una Bolivia donde hay empleo, hay desarrollo, hay estudio, hay bienestar” (Álvaro García Linera).

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