abril 23, 2021

Del naufragio al infierno: el Madrid se juega su ser o no ser en la Champions

Sin solución de continuidad, el Real Madrid afronta el primer match-ball de la temporada apenas 72 horas después de llevarse el primer revolcón en LaLiga, la competición que hasta ahora mantenía en pie el proyecto del club blanco para la temporada 19-20. Pero la derrota en Son Moix, primera del curso en el torneo doméstico para los de Zidane, marca inevitablemente el desplazamiento a Estambul.

Allí, en una de las grandes calderas de Europa, el estadio Ali Sami Yen, guarida del Galatasaray, el equipo del Bernabéu se juega el ser o no ser en la Champions. Se trata de enderezar una trayectoria que arrancó torcida con la visita a París (3-0 ante el PSG de Di María, sin Neymar, Cavani y Mbappé) y que no se pudo reconducir ante el Brujas, que llegó a adelantarse por 0-2 en pleno Bernabéu. Los blancos pudieron reaccionar para sumar su primer punto en la máxima competición continental, pero no para sacudirse la etiqueta de colistas de grupo A que tanto molesta a Zidane, sabedor de que Europa es alfa y omega de los sueños del madridismo.

En esa situación, último de su grupo y con la seria amenaza de no poder acceder a las eliminatorias, llega el Madrid a Turquía, donde le espera uno de los ambientes más calientes del Viejo Continente. El factor campo es un jugador más, y no uno cualquiera, en los campos otomanos, y el Madrid deberá superar su presión para imponerse al Galata y mirar de frente la segunda fase de la liguilla. A estas alturas, la amenaza de la Europa League, una auténtica afrenta para el orgullo del madridismo, es más que patente. La parte positiva es que el equipo blanco todavía está a tiempo de reaccionar y depende de sí mismo para lograr el pase a las eliminatorias. Nadie lo hubiera imaginado hace apenas un par de años, cuando la fase de grupos era apenas un mero trámite para los blancos, que coleccionaban rivales y finales. Pero las cosas han cambiado. El duelo de Turquía es toda una final para los de Zizou.

El Madrid llega a la cita europea sumido en un mar de dudas. No las acabó de despejar el equipo en LaLiga, pese al liderato provisional favorecido, en gran medida, por el mal arranque del Barcelona y la irregularidad del Atlético. La incertidumbre comenzó a acechar a los blancos desde la pretemporada, que llevó más disgustos que alegrías al Bernabéu, y el inicio de la competición oficial no ha despejado los nubarrones. El liderato en LaLiga salvaba la cara a los de Zidane, pero al equipo se le veían las costuras y acabó de romperse en Mallorca, ante un recién ascendido, un equipo con varios futbolistas que hace tres años jugaban en Segunda B. Los de Vicente Moreno desbordaron a los blancos, que apenas hallaron respuestas, más allá de un remate al travesaño de Karim Benzema, para equilibrar el duelo.

Cierto es que Zidane tuvo que componer en Palma un once de circunstancias condicionado por las bajas. El Madrid es tan poco fiable que hasta la paternidad de Hazard se presenta como un contratiempo insalvable. También faltaron Bale, Modric y Kroos, entre otros. Sólo el alemán está recuperado para el viaje a Oriente. No parece su regreso, a día de hoy, suficiente como para estabilizar la nave. Porque, además de nombres, el Madrid adolece de un problema de juego que va más allá de la falta de intensidad o las malas puestas en escena en las que Zidane suele escudarse cuando vienen mal dadas. Es una cuestión de fútbol, que no acaba de aparecer con la regularidad que se exige en un club como el Real Madrid. El examen de Estambul medirá el nivel de juego y, sobre todo, el carácter de los blancos, sin margen de error

Be the first to comment

Deja un comentario