mayo 31, 2020

El Teletrabajo o la precarización laboral


Por Óscar Silva Flores-.


“Trabaja desde tu casa” es uno de los eslóganes más difundidos en las últimas semanas, buscando que ciertas actividades no se detengan por la imposibilidad de los trabajadores de acudir a sus fuentes de trabajo debido a las limitaciones sanitarias impuestas en el país.

Una reacción inmediata fue de aceptación. Se veía interesante. No salir de casa, ajustar tus horarios a tu disponibilidad, no preocuparse en cómo vestirse o en salir de prisa para no llegar tarde y sufrir descuentos, fueron algunas de las ventajas posibles de quienes fueran incluidos bajo esta modalidad laboral.

Luego de algunas semanas empiezan a surgir observaciones que poco tienen que ver con lo imaginado en principio. En los hechos no existe límite en el horario de trabajo, puede extenderse por la noche o el fin de semana. Se ha perdido la privacidad y los horarios destinados a compartir alimentos u otras actividades en la vida familiar. Los problemas de conectividad y de equipos, así como los costos de ambos, le han sido cargados al trabajador. En fin, parece ser que existen más contras que pros en torno al teletrabajo.

Sería un error considerar este tema como algo coyuntural. Hay que entenderlo como parte del modelo económico que el nuevo gobierno intenta implementar en el país.

El trabajo en casa o teletrabajo, implica una ruptura de la relación objetiva obrero patronal, liberando en los hechos a los empleadores de muchas de sus obligaciones, empezando por las más pequeñas, que pueden sonar insignificantes, como el bono de transporte o el bono de refrigerio o de té, dos conquistas pequeñas, pero importantes, de los trabajadores en Bolivia. Desaparecen en los hechos las horas extras, los horarios nocturnos o las remuneraciones dominicales y de feriados de ley, los cuales no aparecieron como una dádiva empresarial ni estatal, sino como resultado de la permanente lucha de los trabajadores por mejorar sus condiciones de vida.

El gobierno transitorio aprobó el 14 de abril de 2020 el DS 4218, sobre el “Teletrabajo”, que rápidamente ha sido reglamentado por el Ministerio de Trabajo. Este cuenta con 14 artículos redactados de forma ambigua, claramente favorables a los empleadores. Salta a la vista la intención de llevar adelante la precarización del trabajo en el país a la sombra de la coyuntura sanitaria.

No se necesita ser muy perspicaz para establecer que el objetivo es establecer un modelo similar a la “maquila” o el “trabajo a destajo” para quienes realicen el teletrabajo, de tal manera que derechos como el contrato colectivo, la seguridad social, las jubilaciones o la sindicalización, desaparezcan sin mayor trámite, dejando en total indefensión a los empleados frente a los empleadores.

Desde la década del 80, el neoliberalismo ha buscado por todos los medios la “flexibilización laboral”, como un mecanismo fundamental para implementar su política económica. El DS 21060 marcó varios aspectos iniciales de esta labor y el mejor ejemplo fue la “relocalización” de más de 35 mil trabajadores mineros.

La Ley General del Trabajo, que data de 1942, es considerada a nivel continental como una de las más proteccionistas de los trabajadores, no ha sido modificada en su espíritu; sin embargo, los empresarios, en complicidad con los gobiernos de turno, se dieron maneras de eludir la norma e implementar ajustes en el régimen laboral que nunca favorecieron a los trabajadores.

Esta situación no solo afectará a quienes trabajan en el sector privado, sino que también va a tocar al sector público, mucho más desguarnecido desde que entró en vigencia el Estatuto del Funcionario Público.

Es urgente que las organizaciones de trabajadores y los partidos políticos de oposición hagan conocer su posición en torno a este delicado tema porque puede ser el reinicio de una arremetida en contra de los trabajadores bolivianos y sus conquistas, que costaron tiempo y sangre.


* Periodista y abogado

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