septiembre 21, 2020

Respirando riqueza gracias al coronavirus


Por MARÍA BOLIVIA ROTHE -.


Ya son varias semanas que las redes sociales y los matutinos de circulación nacional han denunciado la millonaria estafa en la compra de respiradores que llegaron de España; que además de tener un inmenso sobreprecio, es equipamiento inútil, que no sirve para Terapia Intensiva, donde verdaderamente se los necesita, puesto que se trataría de equipos de respiración manual mecanizada, llamados comúnmente Ambús.

Crecí en un contexto de gobiernos neoliberales; toda mi generación inició su vida laboral en este contexto y nos acostumbramos a gobiernos en que las diversas autoridades se repartían el Estado como su propia hacienda: “hacían, pero robaban”. La corrupción estaba institucionalizada; en Salud, vivimos la corrupción en pleno gobierno del dictador elegido, Banzer, cuando el exministro de Salud, Tonchy Marinkovic, fue denunciado de incurrir en una compra de vacunas antisarampión con un sobreprecio de cerca de medio millón de dólares, irregularidad que ocasionó su alejamiento de esa cartera de Estado. Sin embargo, más tarde, con los años, el hecho quedó en el olvido y Marinkovic lavó su imagen, recibiendo un Doctorado Honoris Causa. Nunca entendí cómo un médico podría robarle a un niño su derecho a la vacunación, porque comprar con sobreprecio hace que la compra sea menor, ergo, se vacunan menos niños.

Y hoy en día, azorados y perplejos vemos cómo el gobierno autoproclamado de Áñez juega de la manera más cruel y despiadada con la salud de las y los bolivianos, no solamente negándoles el derecho humano fundamental de una atención de salud oportuna y eficiente, al no comprar pruebas rápidas, insumos y equipamiento necesario para enfrentar la pandemia a tiempo y correctamente. No señores, no solamente es capaz de eso, la gente de Áñez, que tiene en sus manos la responsabilidad de resolver la pandemia, ha cometido un enorme acto de corrupción que, además del daño económico considerable al Estado, priva de atención indispensable a todas y todos aquellos que la necesiten porque tuvieron la mala suerte de contagiarse de Covid-19.

Los documentos que a estas alturas ya son de público conocimiento, establecen que se compra equipos que cuestan ocho mil dólares americanos en 29 mil dólares cada uno; que, de una manera inexplicable, el asesor jurídico del Ministerio de Salud se comunica personalmente con el cónsul de Bolivia en España para sugerir que existe otra empresa que ofrece el mismo equipamiento en mejor precio sin que sea tomado en cuenta, y es el “embajador” (¿en qué lugar de la LOE existirá ese cargo, no?) Mostajo quien se encarga de explicar y contraexplicar a la opinión pública que le pide cuentas, porqué esos equipos y no otros y cuando llegarán los otros que, en realidad, son los mismos, pero mejores; que mientras las explicaciones embajadoriles van y vienen, enredando más la madeja (quien mucho explica, se complica, decía mi abuela), un Ministro de Salud, rebasado por las circunstancias, declara resignado que solamente hay que esperar que seis de cada 10 bolivianos se infecten para que por fin el virus coronado deje nuestro montañoso territorio. ¡Qué confusión, por Dios! Un sudoku sería más claro; ¡un jeroglífico egipcio menos entreverado!

Mientras tanto, nuestro pueblo sufre. Sufre porque no le permiten salir a ganarse su pan de cada día; sufre porque cuando sale a pedir explicaciones, no son médicos de bata blanca quienes los escuchan, sino militares quienes los balean.

Todo esto suceden mientras la presidenta autoproclamada y su real familia se pasea en avionetas del Estado, gastándose el combustible que se recuperó con la sangre de bolivianas y bolivianos.

¡Qué manera de vivir respirando riqueza gracias al coronavirus y a expensas de todas y todos los bolivianos, que ni los quieren ni los eligieron!

Solo a manera de recordatorio: el pueblo es sabio y tiene memoria. Eso, se los aseguro. Un día de estos, más temprano que tarde, la bestia se les dará la vuelta y les hará tragar todas y cada una de sus acciones.

Yo en su lugar, tendría mucho miedo del día en que haya que rendirle cuentas al pueblo.


* Médica salubrista

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