octubre 24, 2020

Relajamiento de la cuarentena como arma de prorroguismo Presidencial


Por MARÍA BOLIVIA ROTHE -.


El día de ayer, según los datos oficiales, en Bolivia se acumularon 20 mil 685 casos y 679 muertos por coronavirus. La prensa ha informado las últimas semanas que, en medio del relajamiento absolutamente caótico de las medidas de cuidado masivo, como son el distanciamiento social y la cuarentena, un número importante de personas –10 seres humanos– murieron en la calle o en las puertas de los hospitales, atribuyéndole todas esas muertes a la epidemia de coronavirus.

Frente a este sombrío y tenebroso panorama, surgen varias interrogantes sin respuesta, las mismas que nos llevan por un solo camino, que a todas luces parece ser el que Áñez ha escogido y que es utilizar la pandemia, o sea, utilizar a las víctimas del coronavirus, como pretexto perfecto para prorrogarse en un mandato presidencial ilegal.

La presidenta no tiene ni un solo reparo en provocar una especie de genocidio que le de el pretexto que necesita, para obligar al país a aceptar la postergación de las elecciones. Y esta es la más grande de las mentiras, además de ser un crimen de lesa humanidad, maquinado solamente por cerebros tan retorcidos como el de ella y todo su entorno presidencial.

Bolivia necesita ahora elecciones, con una urgencia que es mayor que en casi cualquier otra época de nuestra vida democrática. No solamente porque es inconcebible que en pleno siglo XXI, haya un país que sea gobernado de manera fraudulenta y usurpadora (sí, el gobierno de Áñez es el fraudulento, no las elecciones de octubre 2019), sino porque el orden y el Estado de derecho que hoy están fracturados y que son posibles solamente en un gobierno legítimamente elegido, son la única garantía de que se puedan implementar estrategias adecuadas para resolver la pandemia, debido a que no hay ningún as bajo la manga para no hacerlo. Porque en un Estado de derecho legítimamente constituido por el voto popular, la credibilidad del Gobierno permite tomar medidas que no fracasan como ahora, en este gobierno a quien nadie quiere ni cree, excepto los pocos que están siendo favorecidos. Porque en definitiva, un gobierno elegido sabe que tiene un mandato y actúa conforme a este y el pueblo avala este mandato.

El caso de Jeanine es totalmente opuesto; ella se impone por el miedo, religión mediante, por la fuerza de los sables militares y las amenazas de su Ministro de Gobierno, un sociópata que usa a la policía como herramienta para vehiculizar su patología mental. Jeanine Áñez es la es la perfecta tonta útil que el imperio acomoda en esa silla para invadir de nuevo a uno de los países de Latinoamérica más ricos y más prósperos y como una suerte de convenio macabro, a cambio, la presidenta impuesta utiliza este tiempo para enriquecerse y enriquecer ilícitamente a todo su entorno, de una forma burda y chabacana, mientras entrega el país en bandeja de plata a los intereses foráneos.
Estas son las razones por las que, para Jeanine, hacer crecer la pandemia, aunque mate a unos cuantos, enferme a unos miles y angustie a todo un pueblo, es el medio perfecto para cumplir con sus horribles intereses. Nunca tan oportuna una enfermedad.

En este contexto, las y los bolivianos no podemos ser, como ella, tontas y tontos útiles. Bolivia es un país altamente organizado y salud no es la excepción. Hay que recuperar la organización social en cada barrio, en cada comunidad y establecer estrategias de cuidado mutuo, para luchar contra la pandemia. Tenemos experiencias hermosas de salud comunitaria, que nos han permitido luchar con éxito sobre varios daños a la salud en el pasado cercano. Es hora de reeditarlas y mostrarle a este Gobierno que no van a poder destrozar todo; que una de nuestras mayores fortalezas es la organización de nuestro pueblo, que siempre supo lo que necesitaba y luchó por ello. Ha llegado la hora de demostrarlo y, sobre todo, de demostrarle a Áñez y a su patota de traidores, genocidas y ladrones, que Bolivia ya nunca más será ni la huerta ni el patio trasero de nadie. Que sabemos cómo gobernarnos y que tenemos las herramientas y la dignidad para hacerlo. Inclusive, en medio de tanto dolor y caos, como el que vivimos este tiempo.


* Médica salubrista

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