octubre 28, 2020

Soberana


Por Julio A. Muriente Pérez-.


Frecuentemente, al hablar de una revolución triunfante nos referimos a los períodos de insurrección armada que condujeron a la victoria revolucionaria, a los héroes, heroínas y mártires del proceso y a sus dirigentes históricos. Muchas veces perdemos de vista que en lo que respecta a la transformación de la sociedad en sus aspectos esenciales superiores, la revolución comienza desde el primer día de la toma del poder. Que no se toma el poder de una simple vez, sino que, por así decirlo, se va tomando progresivamente, en la medida en que se va construyendo una nueva sociedad, diferente, justa y democrática.

El reconocimiento del complejo proceso político y humano que condujo a la victoria revolucionaria ha de ser siempre un referente principal, como punto de partida y zapata donde se asentará el nuevo orden social. Si esa revolución avanza en el tiempo, contra viento y marea y va generando las transformaciones que le dieron vida y pertinencia, surgirán nuevos referentes, nuevos héroes y heroínas, nuevos mártires, nuevas victorias y derrotas, retos y aspiraciones.

Esa ha sido la historia de la Revolución cubana. Van más de 67 años del ataque al Cuartel Moncada, ocurrido el 26 de julio de 1953. Suman más de 61 años desde el triunfo revolucionario, acaecido el primero de enero de 1959. Fidel Castro, Raúl Castro, Ernesto Che Guevara, Camilo Cienfuegos, Celia Sánchez y otros dirigentes siguen siendo el referente histórico de ese singular proceso realizado en la mayor de las Antillas Mayores.

Asimismo, han surgido otras generaciones de revolucionarios y revolucionarias que han dado continuidad y propósito a esa revolución. Ahora los campos de batalla son otros, pero igual son combatientes por la vida y la felicidad.
Es maravilloso conocer de las decenas de brigadas de médicos y otros trabajadores de la salud que ha enviado Cuba, es decir, la Revolución cubana, en apoyo solidario a diversos pueblos que enfrentan la pandemia. No portaban fusiles sino equipo médico, no vestían ropa de camuflaje sino batas blancas. Pero el objetivo internacionalista es el mismo que ha distinguido a la Cuba revolucionaria desde siempre.

Todavía más. Cuba ha ganado reconocimiento mundial como una potencia de la biotecnología, la prestación de servicios de salud y la producción de medicamentos para su población y para otros pueblos. Ese gran logro es una gran muestra de lo que significa edificar una sociedad revolucionaria desde el conocimiento, la ciencia y la solidaridad. Es asimismo una respuesta contundente a su enemigo histórico, que por décadas ha impuesto un criminal bloqueo en materia de salud.

El tesoro más preciado de una revolución profunda y radical como lo es la Revolución cubana, es el rescate, fortalecimiento y defensa de su soberanía. Ello es un prerrequisito indispensable para todo lo demás. Lo contrario es la dependencia, la subordinación, la sumisión, el sometimiento, la imposibilidad de avanzar y crecer y servir, precisamente lo que caracterizó décadas de neocolonialismo iniciadas con la ocupación militar de 1898, como secuela de la guerra hispano-cubano-americana.

En este momento trascendental la Revolución cubana vuelve a ondear, orgullosa, la bandera de la soberanía nacional.
Cuba ha anunciado que está próxima a completar la producción de una vacuna contra el coronavirus. Las grandes potencias, que están en una carrera desenfrenada por acaparar el mercado multimillonario que significa la pandemia, han reaccionado perplejos ante el anuncio hecho por el gobierno de esta nación caribeña, tercer mundista, mulata y luchadora.

No se trata solo de un triunfo de la ciencia médica. Es un triunfo de la Revolución. De ahí, a toda honra, el nombre de la vacuna Soberana.


* Catedrático Universidad de Puerto Rico y dirigente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico

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