julio 6, 2022

Violaciones sexuales grupales: el espectáculo de la misoginia


Por Soledad Buendía Herdoíza-.


Las violaciones sexuales grupales son una de las más crueles formas de violencia de género y de apropiación del cuerpo de las mujeres. La violencia se presenta en nuestras sociedades como un mecanismo de perpetuación del poder y de las desigualdades, la violencia en todas sus manifestaciones y, en particular la física y sexual, se pierden y evidencian el “continuo” de esta y sus relaciones, sus distintas manifestaciones que no constituyen hechos aislados e inconexos, sino que son producto de una violencia estructural (Arroyo, 2004).

Las prácticas sociales la naturalizan y legitiman la dominación masculina en relación con la subordinación femenina. Los violadores trasgreden la ley pero no el orden establecido de la sociedad, por ello se explica las filmaciones y fotografías del acto punitivo, como un espectáculo de la misoginia. La pedagogía de la crueldad se manifiesta a través del mandato de masculinidad en el cual el grupo se afirma y hace ostento de la apropiación de los cuerpos de las mujeres como objetos de uso y abuso.

El mundo social construye el cuerpo como una realidad sexuada y como depositario de principios de división sexuada, de modo que las diferencias no solo son entre los sexos, sino entre los cuerpos femeninos y masculinos, entre lo moralmente correcto y lo considerado incorrecto; siendo imprescindible profundizar en el concepto de cuerpo para obtener un mejor análisis de la emergencia de las violaciones sexuales grupales, ya que estas recaen, se expresan y visibilizan en los cuerpos femeninos. Para la antropóloga Rita Segato la violación grupal es “el uso y abuso del cuerpo del otro en compañía, sin que este participe con intención o voluntad comparables y es una demostración exacerbada de fuerza y virilidad masculina” (Segato 2003).

Hemos construido códigos, leyes, suscrito tratados internacionales sobre Derechos Humanos de las mujeres, incorporado nuevos tipos penales y la violencia no se detiene. ¡Se incrementa y se vuelve cada vez más cruel!
Se han endurecidos y acumulado las penas y los femicidios siguen cobrando más vidas de mujeres y dejando a niñas y niños abandonados en el espiral creciente de violencia.

Las cifras son alarmantes, los nombres y víctimas se acumulan en los juzgados frente a la indolencia de operadores de justicia que reproducen prácticas machistas y discriminatorias, que revictimizan a las mujeres en el ejercicio de su profesión.

La sociedad en su conjunto es responsable, el sistema de justicia, las universidades y el tipo de profesionales que forman, los medios de comunicación que perpetúan a través de sus pantallas a las mujeres como objetos sexuales. ¡Nada cambiará si no cambiamos todo y todos!


* Asambleísta por la Provincia de Pichincha de la Asamblea Nacional del Ecuador

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