octubre 29, 2020

¡Sin Warmikuti, no hay Pachakuti!


Por Maya Verazaín y América Maceda-.


Las olas feministas neoliberales han definido al patriarcado como todas las opresiones que ejercen los hombres contra las mujeres, como si las únicas relaciones sociales, políticas, económicas de las mujeres fueran con los hombres. Desde el Feminismo Comunitario consideramos que no existe la dualidad de opresiones, si no que la opresión es múltiple, que la opresión patriarcal no solo la vivimos las mujeres, sino también los hombres y la naturaleza, pero la característica del patriarcado es construirse, profundizarse y perfeccionarse en el cuerpo de las mujeres.

Las opresiones se pueden “combinar”, agudizar: ser mujer, indígena, lesbiana, pobre, analfabeta, entre otras, significa una variedad de categorías de opresión, que se ejercen contra una persona desde distintos aspectos de “diferenciación”, violencia y exclusión sistemática. Por eso, cuando desde el Feminismo Comunitario hablamos del patriarcado, hacemos referencia al “sistema de todas las opresiones, todas las explotaciones, todas las violencias y discriminaciones que vive la humanidad (hombres, mujeres, personas intersexuales) y la naturaleza…”.

En Abya Yala (América), tenemos una larga tradición de exclusión indígena, sin embargo, la “participación” del “indio”, también ha tenido espacios de réplica del “indio permitido” y “el indio prohibido”. En Bolivia muchos gobiernos han hecho “partícipes” a algunos indígenas, tal es el caso de Fernando Untoja, Rafael Quispe, Víctor Hugo Cárdenas, entre otros, que fueron representantes en espacios públicos, siempre y cuando fuesen funcionales a los discursos hegemónicos y coloniales que reproducían la posición de opresión del indígena al sistema, donde debe “agradecer” por ser incluido en las listas, pero sus opiniones y reivindicaciones poco o nada importan, aunque simbólicamente están ahí.

Nos han acostumbrado socialmente a legitimar estos discursos coloniales del “indio permitido” porque romantizamos la cultura y las prácticas sociales y no logramos reconocer la reproducción de prácticas de opresión que en nuestras culturas ancestrales igual se han ejercido. Este es el caso de patriarcado ancestral, es decir, las relaciones de poder, opresión y dominación que existían antes de la colonización, que si bien no eran las mimas que en Europa, propias de su patriarcado europeo, pero se expresan hoy en día, y juntos a través del entronque de patriarcados, consolidan y configuran el sistema planetario de muerte.

Como ya mencionamos alguna vez, el Proceso de Cambio revolucionario nos permitió mirar y nombrar al patriarcado y muchos afirman que la única causa de todos los males en Abya Yala vino con la “colonización” y lo que nosotras nombramos “patriarcado europeo”, pero no quieren reconocer la existencia del patriarcado ancestral; pretenden ignorar otros procesos de opresión, por falta de conocimiento y recuperación de nuestra historia, como son, por ejemplo, las que nuestras ancestras vivían en sus comunidades y sus contextos sociales históricos temporales.

Conocemos el Chacha-Warmi, la idea de complementariedad de la vida en armonía de nuestras comunidades ancestrales, hombres y mujeres eran iguales, tenían la misma jerarquía y participación política, social y de responsabilidades. Nuestra hermana Julieta Paredes, en el libro Para Descolonizar el Feminismo, resalta que si bien la mujer tenía el papel de complementariedad con el hombre, tenía participación política, estaba destinada a ciertos tipos de “quehaceres” en la comunidad, como la medicina, el cuidado de las hijas (los hombres cuidaban a los hijos), pero también era usadas como monedas de cambio, para realizar pactos políticos; los coyas tenían la posibilidad de tener varias mujeres, marcando diferencias en sus bases jerárquicas, ideológicas, rituales y políticas, que posteriormente se encontraron con las prácticas patriarcales coloniales y lograron profundizar y enraizar el patriarcado en nuestra sociedad.

Desde el Feminismo Comunitario consideramos que es necesario buscar causas y reflexiones a la situación actual que vivimos las mujeres y nuestros pueblos, tanto dentro de las prácticas patriarcales de la sociedad impuesta, como la falta de profundización de nuestros cuestionamientos desde los espacios de lucha por la despatriarcalización y un nuevo Estado Plurinacional que nos sirva para caminar hacia nuestras utopías.

Es importante comprender que el patriarcado se alimenta se y transforma con los procesos y los cambios revolucionarios, se esconde bajo sutilezas como la complementariedad, pero no cuestiona las jerarquías ni exclusiones. Debemos discutir privilegios, aunque esto signifique entrar en terrenos incómodos donde se rompen ciertas romantizaciones de nuestra historia, para construir un mejor futuro donde corrijamos los errores del pasado y podamos plantear nuevos pactos para construir nuestra comunidad. Sin el retorno de las mujeres a la comunidad no habrá el retorno al equilibro, a nosotros mismos, a la recuperación del humano integral, por eso decimos: sin Warmikuti, no habrá Pachakuti.


* Feministas Comunitarias de Abya Yala

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