octubre 29, 2020

¡Cómo les espanta el espíritu del Che!


Por Julio A. Muriente Pérez -.


(Estas líneas son escritas apenas unos días antes celebrarse las esperadas elecciones presidenciales en Bolivia. Estamos atentos y esperanzados en que las mismas constituyan una contundente manifestación de fuerza del pueblo boliviano, ese mismo pueblo que ha protagonizado uno de los procesos políticos, sociales y humanos más impresionantes y exitosos en la historia moderna de América Latina y el Caribe. Inevitablemente estamos también, por así decirlo, en guardia. De los golpistas se puede esperar cualquier cosa; y de eso los bolivianos conocen de sobra. Por lo pronto, se reafirma nuestra solidaridad y compromiso con la democracia popular, plurinacional y antiimperialista de la Bolivia del presente y el porvenir.

Repulsivo como pueda parecer, la decisión entusiasta del gobierno golpista de Bolivia de festejar a los militares asesinos del Che el pasado 9 de octubre, nos permite comprender con claridad excepcional las ideas y propósitos que guían los pasos de estos gobernantes forzados.

Evidentemente, les motiva un anticomunismo primitivo, que se mezcla con un nacionalismo racista antioriginario o indígena, económicamente oligarca, religiosamente inquisidor e intolerante, históricamente acostumbrado al sometimiento al blanco que manda desde alguna metrópoli. Por eso, además, esos que inútilmente pretenden manchar la imagen indeleble del Guerrillero Heroico, se ven urgidos de asistir a los encuentros con quienes comparten pensamientos y propósitos ajenos a los intereses y necesidades populares, y que se gozan en amenazas y planes perversos contra quienes no comparten sus sentimientos perversos. Ahí los tienen confabulando contra Venezuela bolivariana en la mafia de Lima, compuesta por lo peor que ha podido engendrar esta América nuestra en este momento trascendental.

Ese sentido de impunidad para hacer el mal, que los golpistas de Bolivia comparten con regímenes tenebrosos como los de Brasil, Colombia, Perú, Ecuador y Chile, entre otros, hace que se retraten de cuerpo entero. Todos ellos están cobijados por Donald Trump, el jefe del supremacismo, las agresiones y las amenazas en el continente, y más allá.

Decir que son peligrosos es poco decir. Considerar que están dispuestos a cometer las barbaridades mayores no es exagerado. Basta con escucharles o leerles en sus conciliábulos antibolivarianos para darse cuenta de lo que serían capaces, todo por el afán de apoderarse de un pedazo de poder, para saquear y acumular riquezas malhabidas.

Precisamente por eso las elecciones de este domingo en Bolivia no son importantes solamente para el pueblo boliviano, sino para todos los latinoamericanos y caribeños de bien. El resultado electoral así como lo que venga después, nos dará una medida de la coyuntura que estamos viviendo. Justo mientras escribo estas líneas, se anuncia una próxima reunión de la Organización de Estados Americanos (OEA), en la que se ha confirmado la presencia de Mike Pompeo a la cabeza de la delegación de Estados Unidos, y la agenda de trabajo cuyo primer asunto es la concertación de esfuerzos contra Venezuela, Cuba y Nicaragua.

La mafia de Lima ha lanzado al cesto de la basura el respeto a la soberanía y la independencia nacional como fundamentos de las relaciones entre Estados y gobiernos. Esos gobiernos han comenzado por renunciar a sus propias soberanías, convirtiéndose en entusiastas colonias del siglo XXI al servicio del imperialismo estadounidense. Desvergonzadamente, entregan sus países a cambio de migajas e intentan impedir de todas maneras que avancen procesos de cambio en Nuestra América.

Una semana después de las elecciones en Bolivia se celebraras el referéndum constitucional en Chile. Allí se da una gran batalla del heroico pueblo de Allende contra los herederos del fascismo pinochetista.
Hoy los latinoamericanos y caribeños somos bolivianos y somos chilenos. Contra viento y marea, confiamos en un porvenir en libertad y felicidad. Ese ha de ser nuestro homenaje reivindicativo al Che.


* Catedrático Universidad de Puerto Rico y dirigente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico

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