noviembre 25, 2020

Bolivia: oponer a la reacción de la derecha, la unidad del pueblo organizado

Por Carlos Aznarez-.


Por más dinero que gastaron en sus campañas electorales, por más mentiras que se inventaron sobre la dirigencia del MAS, no pudieron con el veredicto del pueblo. Ni siquiera controlando todo el poder del aparato estatal y apelando, como hizo el ultra fascista ministro Murillo, a la militarización agresiva de cada una de las ciudades. La gran mayoría de la población boliviana habló muy claro. Pacíficamente, a través de un aluvión de papeletas a favor del binomio Lucho Arce y David Choquehuanca, aplastó a la dictadura.

Ahora, como ya hicieron durante la primera elección que les ganó Evo y repitieron en la última, desencadenando el golpe de Estado, la derecha más cerril canta “fraude” y convoca, otra vez desde su bastión de Santa Cruz, a la “resistencia civil” , al “paro cívico”, a “bloquear” y un montón de barbaridades más, que ni ellos mismos están seguros de llevar a cabo.

Por su lado, la dictadora Áñez se suma a la cruzada y desconociendo las decisiones del Parlamento, restaura en sus cargos al criminal de Sacaba y Senkata, Arturo Murillo y a su adláter Víctor Hugo Cárdenas. Provoca la señora Áñez, como también lo hace su ministra de Exteriores Karen Longaric desempolvando en la OEA nuevamente el verso del “fraude de 2019” y despotricando contra Evo Morales. Esta gente no tiene cura dentro de su enfermedad autoritaria.

Por otro lado, verlo a Fernando Camacho llorando el día en que los resultados lo golpeaban con la realidad, hacía prever que no se iba a quedar tranquilo, a pesar de ganar su partido a nivel local. De allí, que en las últimas 24 horas se dedicó, como energúmeno que es, a agitar a sus acólitos. A llamar a otros «comités cívicos” como el de Oruro y Cochabamba y convocarlos a movilizarse. Sin embargo, Bolivia ya no es la que él cree, puede tener todavía una banda de adeptos, blanquitos, xenófobos, mercenarios violentos (como los de la Unión Juvenil Cruceñista o los cochabaminos de la Resistenca Cochala) pero su prédica destructiva parece no arrastrar multitudes como en otras épocas.

No se quieren convencer Camacho ni tampoco Murillo que este 52 por ciento de los votos del MAS, no solo es del campesinado, los indígenas, los trabajadores y las capas más humildes de la población, sino que también a Lucho y David los votó una gran franja de la clase media que quizás en otros tiempos podían ser seducidos por los cantos de sirena de este descerebrado cruceñista que se cree amparado por una fuerza divina que le da el hecho de portar una Biblia debajo del brazo.

No obstante la debilidad de esta derecha a la que hasta Washington comienza a darle la espalda, dándose cuenta que la masividad del voto masista no deja lugar a dudas por donde quiere caminar el pueblo boliviano, no hay que descuidar las espaldas. Detrás de cada uno de estos fanáticos fundamentalistas que hoy llaman a desconocer el triunfo, se mueven también algunos empresarios (Camacho puso énfasis en convocarlos «a dar la pelea»), militares, policías y fanáticos de algunas iglesias evangelistas pentecostales.

En conjunto son muy mala gente, capaz de generar bolsones de odio racista y querer así ensombrecer este período de transición hasta que asuma el nuevo gobierno. Frente a ellos, sin caer en provocaciones, las organizaciones populares deben estar muy alertas para defender su victoria que nadie podrá arrebatarles. También, es importante que la solidaridad latinoamericana a nivel de los pueblos no afloje y se mantenga tan fuerte como se demostró durante toda la campaña electoral.

Por último, vale tener en claro que Bolivia es hoy un símbolo de que las dictaduras no son invencibles pero también un faro continental, de la misma manera que el pueblo chileno en las calles, para que el fascismo, hoy duramente golpeado en la tierra de Túpak Katari y Bartolina Sisa, no tenga opciones de resucitar.

Be the first to comment

Deja un comentario