noviembre 30, 2020

¡Bravo, Chile!


Por Julio A. Muriente Pérez-.


Estuve en Santiago de Chile a mediados de noviembre de 2019, invitado a participar en varios encuentros y conferencias. Me topé con un pueblo en erupción. Pocas semanas antes se había iniciado una protesta relacionada con el aumento en el precio del tren urbano. Fue, como quien dice, la mecha que comenzó a incendiar la pradera. Se fueron envolviendo sectores amplios y diversos, y se fueron sumando infinidad de reclamos y denuncias de sufrimiento e injusticias soportados por largo tiempo, por gran parte del pueblo chileno.

Caminé por las calles de la ciudad, contemplé emocionado los innumerables mensajes de protesta, denuncia, lucha, amor y solidaridad que cubrían todas las paredes, la gente abarrotando calles, avenidas y plazas, y las banderas chilena y mapuche que engalanaban cada lugar. Llegué hasta la Plaza de la Dignidad, tan emblemática de este momento de la historia chilena y más allá me encontré con el Palacio de La Moneda, aislado por todos los costados con barreras metálicas y cordones policiacos.

Esa fue la semana del paro nacional, que unió a más de dos millones de chilenos y chilenas. Aceleradamente la protesta iba tocando fondo, enfrentando una represión despiadada, mientras precisaba reclamos y objetivos. Era evidente que no se trataba de exigencias circunstanciales o momentáneas; que el gran problema consiste en el detestable modelo económico y político heredado de la dictadura fascista de Pinochet y compañía.

Toda esa energía popular se concentró en un reclamo icónico, simbólico y real a la vez: una nueva Constitución para Chile. Una que permita lanzar al cesto de la basura a la espuria Constitución pinochetista. Pero no solo eso. Una que, valga decir, reconstituya al país, que lo saque de las garras del neoliberalismo, de las abismales diferencias económicas y sociales, de la privatización y la compra-venta de todo, de la injusticia social.

Todos sabemos que es mas fácil decirlo que hacerlo. Pero lo que es indiscutible es que hace poco más de un año a nadie se le hubiera ocurrido que un año después el pueblo chileno estaría aprobando contundentemente en un plebiscito la creación de una nueva Constitución. Ni que ese trascendental evento fuera el fruto de luchas interminables en las calles, enfrentamientos brutales y la exitosa confrontación y arrinconamiento de un gobierno de extrema derecha como el de Piñera.

Ni la burguesía chilena, ni las Fuerzas Armadas, mucho menos el imperialismo estadounidense, se mantienen cruzados de brazos ante los esperanzadores acontecimientos de los pasados días en Chile. Por el contrario, buscan afanosos la manera de recuperar el control de la situación, de domesticar la protesta y hacer que las cosas vuelvan a la “normalidad”; a su normalidad.

Desde un primer momento se le vio la costura a la actitud pusilánime y traicionera de diversos grupos y partidos, cuando pretendieron controlar desde el Parlamento el proceso constitucional. También fueron derrotados en la consulta. Los constituyentes serán elegidos directamente por el pueblo.

Avanzado este tramo victoriosamente, ahora se inicia en Chile un pulseo que determinará en fin de cuenta si este año de luchas y el fruto de la consulta plebiscitaria desembocarán en un avance de las justas aspiraciones populares. La derecha intentará dar la impresión de que todo cambie para que nada cambie. Son sus privilegios económicos, políticos y sociales los que están en juego.

Por eso no se puede bajar la guardia; ahora menos que nunca. Es tiempo de reorganizar fuerzas, de evaluar experiencias, de reconocer errores o deficiencias y de prepararse para dar las batallas del futuro. Por la nueva Constitución y por la democracia verdadera.

Confiamos en el bravo pueblo chileno.


* Catedrático Universidad de Puerto Rico y dirigente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico

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