octubre 20, 2021

Importancia del sector industrial en la vuelta al Modelo Económico Social Productivo

Por Roddy Martínez Villarroel -.


En los últimos días, el presidente Luis Arce promulgó el Decreto Supremo 4424, que establece la creación de fideicomisos de aproximadamente mil millones de bolivianos para el apoyo a la industria nacional, al sector productivo y sustituir importaciones. El fideicomiso plantea el financiamiento a toda la industria nacional de bienes finales que importamos y financiará capitales de operación y/o inversión de estas empresas con tasas de 0,5% de interés.

En campaña electoral, Luis Arce hizo énfasis en que uno de los objetivos principales de su gobierno sería impulsar la industrialización del país mediante la sustitución de importaciones y generar empleos. Esta visión es totalmente contraria al intento de restauración neoliberal que implementó el gobierno golpista en su año de gestión.

Pero esto no es receta nueva, ya en los años 30 del siglo pasado el modelo de industrialización por sustitución de importaciones ISI) fue planteado en América Latina a través de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). La idea del modelo ISI surgió a raíz de la alta dependencia de los países “atrasados” de bienes manufacturados producidos por los países desarrollados.

En ese sentido, se trae a debate el tema de los modelos de industrialización y el estudio de la historia económica que debe permitir evitar cometer los errores del pasado y proyectar políticas económicas más efectivas y acordes a nuestra realidad. La autora Laura Vázquez Maggio, analizando los resultados de la política del modelo ISI en América Latina en el siglo XX, plantea que pese a la caída del modelo, pueden identificarse interesantes resultados de su aplicación entre los años 1929 y 1980 en la Región:

“Durante ese periodo el Estado ejerció el liderazgo en el fomento, la regulación y protección del sector productivo frente al exterior. Se dieron elevadas tasas de inversión pública, tanto en infraestructura física y social que alentaban a la inversión privada. El resultado fue altas tasas de crecimiento en varios países de América Latina, especialmente Brasil y México. La industria se convirtió en el motor del crecimiento económico.” [1]

Bolivia, si prestamos atención al Modelo Económico Plural, atraviesa por una política económica similar hoy, en el siglo XXI, o bueno, cuasi similar, ya que hay algunos puntos en los cuales aún no se ha dado avances significativos en la economía, y ahí está el quid del presente artículo.

Primero, como plantea la ISI, el Estado adquiere el liderazgo en la economía –esto existe en Bolivia–, también elevadas tasas de inversión, en infraestructura física y social que alientan a la inversión privada; asimismo, tasas de crecimiento económico permanentes. Está demostrado con cifras desde 2006, pero lo que no se vio de forma clara y efectiva es el fomento, regulación y protección del sector productivo frente al exterior. La industria en el país no es el motor del crecimiento económico como en la ISI del siglo pasado.

Entonces, ¿qué pasó con la economía y qué apunta a cambiar el presidente Luis Arce con su equipo económico?

El modelo de 2006 era claro, buscaba la gestión eficiente de los ingresos de los sectores claves nacionalizados para redistribuirlos a los sectores productivos creadores de empleo e iniciar así un proceso de industrialización y diversificación de la matriz productiva del país. El Estado se movió en ese sentido, nacionalizó e incrementó la inversión pública; hizo carreteras; redistribuyó el ingreso; aumentó los salarios en 400%; creció la demanda interna y el pequeño mercado interno boliviano; creció el ahorro privado y las reservas internacionales; pero a la par que Bolivia se capitalizaba por la nacionalización del gas, el sector productivo nacional, el sector manufacturero, fue perdiendo liderazgo en la economía (ver gráfico 1).

El sector manufacturero, aquel que nos permite medir de cierta forma el cambio de la matriz productiva, la diversificación y el inicio del camino a una posible industrialización fue perdiendo peso respecto al total de empresas de Bolivia; la manufactura pasó de representar un 14% de la base industrial del país en 2006, a un 12% en 2020.

Esto preocupa de sobremanera y nos lleva a la conclusión de que Bolivia siguió dependiendo en gran medida de bienes importados, que el crecimiento económico que significó mayor dinero en el bolsillo de los bolivianos no se tradujo en más consumo de productos nacionales y, por tanto, de fomento a la industria nacional, sino que se tradujo en un mayor consumo de bienes importados. Corroborando aquella debilidad que hoy se pretende cambiar con la vuelta al modelo, es la inexistencia de una política de protección a la industria nacional. Ante esta situación, es lógico que el modelo haya impulsado, en contraposición a las empresas productivas, a las empresas importadoras y comerciales (ver gráfico 2).

En lo que respecta al comercio, con la creación de cien mil nuevas empresas dedicadas a la venta, vemos cómo desde 2006 el capital comercial fue ganando más peso en relación a los demás sectores. La tendencia creciente de este sector es una muestra clara de que un porcentaje mayoritario de los emprendedores privados vio mayores oportunidades en el comercio que en ningún otro sector; el sector privado se dedicó más a comerciar que producir, por las condiciones antes mencionadas de inundación del mercado con productos extranjeros y por la débil política de protección a la industria nacional.

Por tanto, una vez visto de manera gruesa y rápida lo que pasó con el sector productivo y la débil protección de la industria nacional frente al sector externo que ahora se pretende cambiar, como economista me pregunto y les pregunto a todos mis queridos colegas y no colegas: ¿qué debemos hacer?

En mi opinión e interpretación, hasta hoy los procesos de industrialización se fueron dando por parte del Estado y básicamente de nuestras materias primas, como gas y minerales, industrias intensivas en capital como la planta separadora de líquidos, de urea y en Yacimientos del Litio Boliviano (YLB), el mutún, entre otras. Lo que corresponde en este momento son los eslabonamientos productivos que plantea Hirschman, [2] quien se refirió a los eslabonamientos como “una serie de decisiones de inversión que ocurren a lo largo del proceso de industrialización, donde con los eslabonamientos hacia atrás, los artículos terminados crean estímulos a la producción de las materias primas con que se produce el mismo artículo terminado, mientras que los eslabonamientos hacia adelante se expresan como estímulos a la inversión y producción de un producto o servicio final a partir de la producción de los bienes intermedios involucrados en dicho bien o servicio final”.

Por tanto, los bolivianos, ahora, fuera del Estado, como sociedad civil y privada, debemos parar industrias intensivas en mano de obra, generar eslabonamientos con la urea de Cochabamba o con las baterías de litio de Potosí, o el hierro de Santa Cruz; debemos instaurar empresas nacionales grandes, con apoyo y protección del Estado; esta debe ser la función suprema del Estado impulsor del modelo industrializador por sustitución de importaciones.

El Estado debe pasar a ser un actor secundario de fomento, regulación y protección del sector productivo, debe establecer si quiere iniciar un proceso rápido, eficiente y serio de industrialización desde abajo, una industrialización popular, que no es otra cosa que la planificación del sector en su eslabonamiento con los sectores estratégicos y productores de materias primas, es decir, la articulación al plan nacional de desarrollo de mediano plazo y el establecimiento de nuevas estrategias y formas de producción alternativas a la clásica empresa capitalista, que nos permitan acortar tiempos en nuestro ya rezagado proceso de industrialización.

El Estado debe tener una política arancelaria clara, de protección de algunos sectores estratégicos de la industria nacional; como lo afirman Ortiz y Uribe, crear las políticas de protección e impulso a la incipiente industria nacional.

El emprendedurismo, que espero pueda tocar en otro artículo ya que se merece uno aparte, en temas de generación de empleo y centralización de capitales lastimosamente no aporta mucho, empresas unipersonales con cuatro o seis empleos con capital de 10 mil o 20 mil dólares –en el mejor de los casos– ralentizan los procesos de acumulación de capital del sector productivo y ofrecen procesos de maduración de entre 10 a 15 años. Hoy Bolivia debe buscar alternativas a la clásica empresa capitalista, que nos permitan tener elevados índices de creación de empleo, de redistribución y eficiencia en el fomento de la nueva industria nacional.

He ahí el desafío al que se tendrá que enfrentar Arce y su equipo económico si de verdad pretenden asumir una política de industrialización seria, con protección a la industria nacional.


  • Economista, especializado en desarrollo, economía plural y comunitaria.

1       Revista Economía Informa, 2017. “Revisión del modelo de sustitución de importaciones: vigencia y algunas reconsideraciones”, pág. 9.

2       Albert Otto Hirschman (nacido como Otto-Albert Hirschmann; Berlín, Imperio alemán, 7 de abril de 1915 – 10 de diciembre de 2012), fue un economista y autor de varios libros sobre economía política. Estudió Economía en la London School of Economics, en la Universidad de París y en la Universidad de Trieste.

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