septiembre 26, 2021

El cóndor muere: por qué está en peligro de extinción el símbolo nacional de Bolivia

La muerte de 34 cóndores envenenados en los valles del departamento boliviano de Tarija puso al descubierto la precariedad en la cual se debate la existencia de los últimos 1.400 individuos que quedan de esta especie en el país.

El escudo de Bolivia luce un cóndor majestuoso, con las alas desplegadas. Para esta ave cargada de simbolismos patrios, es contradictorio que se encuentre en la lista de animales en peligro de extinción.

La población de cóndores en Bolivia, que se calcula de 1.400 individuos, perdió días atrás a 34 ejemplares de un golpe porque consumieron carne envenenada en los valles de Tarija (sur). Y podrían ser más, porque muchos de ellos habrían tenido pichones, los cuales ya deberían haber fallecido de hambre en sus nidos, comentaron a Sputnik biólogos especializados en la conservación de los cóndores.

Las repúblicas de Ecuador, Chile y Colombia también incluyen la figura de un cóndor en la cima de sus escudos nacionales, muestra de la importancia que tiene para las culturas locales esta ave —la segunda más grande del mundo luego del albatros—, que todavía domina los cielos y las cumbres de la cordillera de los Andes, en América del Sur.

El biólogo Diego Méndez fue parte del equipo enviado por el Viceministerio de Medio Ambiente a certificar la veracidad de las imágenes que circulaban por redes sociales. «Fue muy impactante la noticia, porque hasta ese momento en Bolivia no había muchos registros de envenenamientos, que es la peor amenaza para cóndores y aves carroñeras», dijo a Sputnik.

Las 34 aves muertas fueron halladas cerca de la comunidad campesina de Laderas Norte, a 20 kilómetros de la capital departamental. Alrededor, los secundaban 15 cadáveres, de otras aves carroñeras y de perros. Para Méndez, que desde sus años de universitario se dedica al estudio de los cóndores, encontrarse con ese paisaje «fue terrible».

«Ese día, luego de evaluar el sitio donde fueron hallados los cuerpos, pudimos registrar a otros seis cóndores, volando. Eso nos ayudó a pasar el mal momento», contó.

Eran pocos y ahora menos

Con una población en Bolivia de 1.400 ejemplares, la eliminación repentina de 34 vidas representa un recorte importante para esta especie. Más aún si se considera que sus parejas ponen un solo huevo cada dos años, y que tardan ocho años en alcanzar la edad reproductiva.

Otra variable a tomar en cuenta es que muy posiblemente sean más los cóndores muertos. Sus nidos, que instalan entre los 1.000 y los 5.000 metros sobre el nivel del mar, se sitúan entre rocas inaccesibles para la mayoría de la fauna. Allí posiblemente hayan fallecido de inanición algunos pichones. La cifra no puede ser determinada, pero es altamente probable que entre tamaña comunidad de aves hayan sucumbido varias parejas.

«La muerte de los pichones puede ser un efecto negativo colateral, si es que murieron ambos padres que atendían al pichón. Pero es imposible saber al 100% la cantidad que habría fallecido», comentó.

Méndez indicó que de los 34 cóndores fallecidos, 19 eran adultos: «En el peor escenario, supongamos que eran nueve parejas, las nueve parejas con un nido. Entonces potencialmente nueve pichones murieron». Pero también se debe tomar en cuenta que de esos 19 adultos posiblemente algunos eran de parejas distintas. En esos casos, los pichones hipotéticos solamente habrían perdido a uno de sus padres.

Los cóndores no tienen muchas amenazas a su vida, porque prácticamente no poseen un depredador, salvo la humanidad: cazadores, así como comunarios que dejan desaprensivamente carne envenenada, que iba dirigida a pumas y perros salvajes.

La Fiscalía investiga

Méndez dijo que dentro de 10 días se podría determinar qué sustancia acabó con la vida de las aves. Pero, según su experiencia, se trataría de algún pesticida, porque es el veneno más disponible en las comunidades. La Fiscalía de Tarija encabeza las investigaciones para detectar al comunario responsable de la matanza, quien será acusado por biocidio, un delito que contempla hasta cinco años de privación de la libertad.

Para el biólogo, «se debe reconocer la raíz del problema, que es el conflicto entre la gente con la vida silvestre. Está claro que estos cóndores no eran el objetivo desde este cebo envenenado, sino que la gente quería eliminar a animales que les estaban atacando al ganado».

En las comunidades dijeron que recibieron ataques de pumas y perros asilvestrados, comentó Méndez, quien es coordinador del Programa de Aves Rapaces en Bolivia e investigador asociado del Museo Nacional de Historia Natural. Además, es uno de los diseñadores del Plan de Acción para la Conservación del Cóndor, que se desarrolla desde 2020 hasta 2030.

Como trasfondo, la pérdida del hábitat

Para la bióloga Ángela Zelaya, el problema de fondo es la pérdida del hábitat de las especies, por la intromisión de las actividades humanas. «Quienes estudiamos la vida silvestre muchas veces nos topamos con este conflicto, que es principalmente de las comunidades con animales carnívoros, como jaguares y pumas», dijo a Sputnik.

«En algunos casos también la gente se queja de la presencia del oso andino, que visita los bosques donde normalmente buscaba su alimento o refugio. Pero en vez de encontrar bosques o espacios de alimentación, ya son zonas completamente deforestadas, a veces ya con cultivos. Ahí se inicia el conflicto», explicó Zelaya.

En la comunidad tarijeña, «han optado por una estrategia para espantar a los felinos que estaban visitando su espacio, que actualmente ellos utilizan como zona de cultivo y pastoreo de sus animales». Pero ellos, comentó, «no han tomado en cuenta que el cóndor es un ave carroñera que se alimenta de carne de animales muertos. Los cóndores son limpiadores del espacio, eso ayuda al ambiente a no tener un brote de plagas o enfermedades a raíz de las bacterias», ejemplificó.

Para la bióloga, es importante que las comunidades sean informadas sobre la ley 1333, de Medio Ambiente. «Existen artículos que protegen a la vida silvestre. El artículo 111 es uno de los que más se utiliza en la problemática con el jaguar y con el tráfico de la vida, porque allí se dice lo que no se tiene que hacer contra la vida silvestre: no cazar, no acopiar, no comercializar», dijo Zelaya. «Pero son términos y normativas que no se han socializado», observó.

Además, «impulsar una política extractivista de quitar bosque para poner cultivos o zonas de pastoreo, es justamente lo que está causando el conflicto con la vida silvestre. Y la vida silvestre es el sustento del ser humano, sin vida silvestre el ser humano no podría subsistir», sostuvo Zelaya.

Atacar a la raíz del conflicto

Para Méndez, «se puede regular la venta y el uso de los venenos, pero la gente va a encontrar otros medios para seguir eliminando fauna, en muchos casos de forma no selectiva, como ha pasado ahora». Por ello, consideró que «hay que atacar a la raíz del conflicto y cada uno de los sectores involucrados debe reconocer su carga de responsabilidad: desde las autoridades, los comunarios, hasta los investigadores».

Agregó que en su sector, el de los investigadores, «nos apoyaremos en el Plan de Acción para la Conservación del Cóndor. Evaluaremos cualitativa y cuantitativamente las amenazas para la especie, fundamentalmente esta amenaza del veneno».

Afirmó que parte del plan implica mejorar el manejo del ganado, «lo cual reduce significativamente el conflicto. La gente dice que los cóndores atacan en la época de parición [del ganado], pero la misma gente no se preocupa de llevar a sus animales cerca de la casa, o ponerlos dentro de un corral».

Consideró que «esa es una invitación para que los cóndores o cualquier animal aproveche esa oportunidad. Y siempre va a ser más fácil darle a los animales, pero no es la solución, porque el conflicto va a seguir».

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