mayo 12, 2021

Repensar la agricultura, las necesidades y oportunidades

Por  Rafaela M. Molina Vargas-.


La agricultura suele considerarse un sistema productivo abordado desde un enfoque instrumentalista y únicamente como sector contribuyente al desarrollo. En cambio, no se consideran como sistemas complejos, establecidos en un territorio, ni se analizan las posibles transformaciones desde las responsabilidades de los diferentes sectores del Estado.

Esto ha generado que las soluciones a los problemas sean focalizadas en tecnología y en la mecanización del sistema. En contraste, la consideración de los sistemas agrícolas como ecosistemas e incorporando el componente social es poco frecuente y, sin embargo, fundamental tanto para la investigación como para repensar las políticas públicas estatales y municipales.

La concepción instrumentalista y productivista de los sistemas agrícolas impide considerarlos como sistemas complejos e ignora las dinámicas y procesos ecológicos. [1] Estos sistemas, principalmente los de pequeña escala, con métodos tradicionales como la alternancia de cultivos, propios de la agricultura campesina e indígena, no solo proveen de alimento, sino que contribuyen con otras funciones ambientales [2] como la polinización, el mantenimiento del suelo, la regulación de pestes, e incluso pueden tener influencia en la regulación climática. [3] También albergan biodiversidad y por tanto diversidad genética que incluye tanto las especies nativas cultivadas y sus muchas variedades, como la biodiversidad asociada de polinizadores, aves, insectos, entre otros. Estos sistemas se basan en el conocimiento de las y los productores, que desarrollan variedades y diversos sistemas de manejo.

La visión de los sistemas agrícolas como sector esencialmente productivo es también la base para promover su mecanización, y para el desarrollo y uso masivos de agroquímicos, generalmente asociados a transgénicos, denominados paquetes tecnológicos en la Ley No. 144. Las consecuencias de este sistema han sido estudiadas tanto para los ecosistemas y la biodiversidad, como para la acumulación de tierras en unos pocos empresarios, es decir, como amplificador de la desigualdad social debido a que tiende a crear una oligarquía agroindustrial. Por otro lado, son importantes las consecuencias sobre la seguridad y la soberanía alimentaria. En otras palabras, esta forma de sistema implica la pérdida o degradación de la mayoría de las funciones ambientales asociadas a los ecosistemas agrícolas y, por tanto, la pérdida en la diversidad de cultivos y alimentos disponibles.

En Bolivia solamente el 30% de la tierra cultivada produce la variedad de semillas certificadas para abastecer la canasta familiar, mientras el 70% corresponde al cultivo de soya transgénica principalmente para exportación. [4] Por otro lado, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), [5] el 80% de la producción de alimentos del mundo proviene de la agricultura familiar, no obstante, este mismo sector generalmente rural en países en desarrollo es también el más vulnerable y pobre. Por ello, los gobiernos municipales tienen una responsabilidad muy importante no solo para incentivar la producción local, sino para asegurar condiciones más justas de producción y comercialización.

Las desigualdades sociales y la contradicción de que el sector que más aporta a la seguridad alimentaria es el más vulnerable y pobre hace necesario replantear las estrategias y políticas públicas, para orientarlas hacia la seguridad alimentaria con soberanía. Para ello es clave abordar desde una visión integral como la de Madre Tierra [6] que incorpore conceptos de resiliencia y justicia socio-ecológica.

Frente a esta situación, los gobiernos municipales y departamentales, tienen oportunidades y desafíos para avanzar en la gestión territorial, y en la generación de oportunidades económicas integrales, que fortalezcan los sistemas agroalimentarios diversos, ya que representan modelos con mayor equidad y justicia socio-ecológica. Por ejemplo, la provisión de alimentos para los desayunos escolares municipales debería articularse con la producción rural, como lo establece la Ley No. 622. Así, además de incentivar el consumo de alimentos nutritivos y nativos en las niñas y los niños, se promovería la economía social comunitaria, asegurado la producción y el medio de vida de los agricultores locales. Por otro lado, una gestión articulada e integral permitiría incluso resguardar el abastecimiento de supermercados con productos de la agricultura campesina e incentivar la agricultura urbana y peri-urbana.

En definitiva, el manejo y gestión de los sistemas agrícolas debe ser capaz de responder y satisfacer las demandas y necesidades de las personas, así como asegurar la conservación de los ecosistemas agrícolas [7] y eso es posible y necesario desde los niveles municipales y departamentales.


  • Bióloga, estudiante de master en la Universidad La Sorbona, ecosocialista, feminista.

1       Rivera-Ferre, M. G., Ortega-Cerdà, M., & Baumgärtner, J. (2013). “Rethinking study and management of agricultural systems for policy design”. Sustainability, 5 (9), 3858-3875.

2       Ver Gustavo Rey Ortiz (2021). “¿Cómo se entienden las funciones ambientales?”. La Época. Edición impresa 896, del domingo 31 de enero al sábado 6 de febrero de 2021.

3       Swinton, S. M., Lupi, F., Robertson, G. P., & Hamilton, S. K. (2007). “Ecosystem services and agriculture: Cultivating agricultural ecosystems for diverse benefits”. Ecological Economics, 64 (2), 245-252.

4       MDRT – Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras (2012). “Compendio Agropecuario, Observatorio agroambiental y productivo”. La Paz, Bolivia.

5       FAO (2014). “El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2014. Innovación en la agricultura familiar”. Roma, Italia.

6       Ver Cynthia Silva Maturana (2021). “Crisis global, democracia y derechos de la Madre Tierra”. La Época. Edición impresa 898, del domingo 14 al sábado 20 de febrero de 2021.

7       Altieri, M. Agroecology: The Science of Sustainable Agriculture; Westview Press: Boulder, CO, USA, 1995.

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