mayo 9, 2021

Lo común

Por Farit Limbert Rojas Tudela * -.


La imposible regulación

El primer comunicado de la Coordinadora de Defensa del Agua y de la Vida de Cochabamba decía: “Hemos sufrido un gran robo, cuando no somos propietarios de nada” (diciembre de 1999).

En esta frase, contradictoria, sarcástica, se encierra una posibilidad de pensar lo común, pues lo que estaba en combate era el agua, que había sido privatizada y que antes era un bien común.

Lo común es lo que no puede pertenecer a alguien, en tanto no es propiedad, pero sí puede ser apropiada, lo cual permite pensar que se trata de un robo.

Cuando en el proceso constituyente boliviano (2006-2009) se presenta la noción de lo común, de lo comunitario, se sucede un fenómeno muy interesante. El lenguaje jurídico que pretendía aprehender el fenómeno constituyente no podía dar cuenta de esta noción. Y no se trata de que “el Derecho” no la hubiera pensado, lo había hecho como aquello que no iba a regular.

La denominada res communes o cosa común, era aquello que no fundaba propiedad, ni privada ni estatal. Es decir, no es regulada ni por el Derecho Privado ni por el Derecho Público, los dos limbos sobre los que se construye tanto el Derecho Occidental como la Teoría del Estado.

Como señala Marie-Alice Chardeux: “En el Derecho romano, la categoría de la res communes comprendía el aire, el agua corriente, el mar y la orilla del mar”, y es que tampoco se trata de un bien sin dueño, sino que se trata de un bien no aprehensible.

Un bien sin dueño puede convertirse en propiedad del primero que lo reclame, en cambio un bien común simplemente no puede ser propiedad en tanto su uso es común a todos. En este sentido, lo común termina siendo tratado por “el Derecho” como un bien extra patrimonial, dando la pauta para que el bien común ingrese a la reflexión teológica. No olvidemos que la doctrina social de la Iglesia hace del bien común su estandarte, siguiendo la reflexión tomista.

Desde Cicerón, San Agustín a Santo Tomás, el bien común se convierte en una reflexión teológica. Estado e Iglesia se disputarán el monopolio de su tratamiento. Hay una correspondencia más que interesante entre la ley divina y la tesis de la soberanía terrestre.

El proceso constituyente boliviano exigía repensar la categoría de lo común, lo comunitario, sin embargo, ni el Derecho ni el Estado occidental han sido construidos para pensar o aprehender lo comunitario. Necesariamente lo comunitario ingresaría de una manera compleja a afectar las nociones clásicas de Derecho y de Estado. A esta manera de afectar la teoría del Derecho y del Estado la hemos denominado una “nueva condición de estatalidad”.

Lo comunitario estaría más cerca de la gestión de apropiación que realiza una comunidad sobre algún bien. El bien común entonces no es público, no es privado, sino es ante todo el resultado singular de una gestión del común.

El hecho de que la Constitución Política del Estado (CPE) garantice la propiedad comunitaria podría significar que la garantiza como gestión de la comunidad frente a los privados y frente al mismo Estado. Pensar lo común, en consecuencia, exige una praxis de observar las maneras fácticas mediante las cuales una gestión comunitaria piensa lo común.

La communitas en la reflexión de Roberto Espósito

Communitas es el título de un hermoso libro del filósofo italiano Roberto Espósito. Es en sí, parte de una trilogía que comprende: Communitas, Inmunitas y Bios.

Communitas presenta la idea de que comunidad supone un conjunto de personas unidas no por una propiedad compartida, como lo piensan muchos autores comunitaristas, sino por una ausencia compartida, por una falta que constituye a la comunidad. No es casual que el italiano Espósito en su trabajo filológico sobre el origen del término communitas lo refiera bajo el subtítulo “Communitas: nada en común”.

Cum” es un vínculo y “munus” es la materia o efecto del don mismo, nos señala Espósito. “Cum munus” supone un estar vinculado al “munus”, al “don”. La tesis central de Espósito es la siguiente: “Communitas es el conjunto de personas a las que las une, no una propiedad, sino justamente un deber o una deuda. Conjunto de personas unidas no por un más sino por un menos, una falta, un límite que se configura como gravamen, o incluso una modalidad carencial, para quien está afectado, a diferencia de aquel que está exento o eximido”. El exento, el eximido no es otro que el inmune.

En otros términos, la comunidad expropia al individuo su subjetividad. En este sentido podemos decir que una comunidad de comunidades, una comunidad por ejemplo plurinacional, despoja a las comunidades su ambición de imponer a otras comunidades sus determinaciones y en todo caso avanza a crear una nueva comunidad. Una comunidad de comunidades debe caracterizarse por su condición producida, inventada, de necesidad histórica y política, es decir, de concreción política construida por necesidades y determinaciones históricas. Esta comunidad de comunidades no sería una síntesis, tampoco supondría la construcción de una comunidad que elimine a las comunidades que la constituyen, es, si se desea una caracterización, “una comunidad sin comunidad”, que descentra la posibilidad de ser “una” comunidad realizada de manera finalista.

Justamente lo que caracteriza a la comunidad producida o creada es que no repite la comunidad de ninguno de sus miembros/actores, es una comunidad sin comunidad.

Es necesario reparar en la condición plural y política de esta comunidad de comunidades (o comunidad sin comunidad), puesto que sería una comunidad social –o natural– se corre el riesgo de eliminar la diversidad de las comunidades y reprisar el predominio de una comunidad sobre las otras. Por ello la comunidad de comunidades presupone la existencia previa de las otras comunidades que no pierden su ser comunidad.

Communitas, el primer libro de esta trilogía de Espósito, se constituye en una lectura indispensable para pensar la comunidad y “lo común”, con argumentos mucho más ricos que las propuestas comunitaristas como las de Taylor, McIntyre o Sandel.


  • Profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la UMSA.

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