octubre 25, 2021

La nueva articulación de la derecha y la OEA


La Época-.


La oposición de derecha en Bolivia trata, una vez más, de resolver su profunda debilidad estructural y revertir la relación de fuerzas desfavorable a sus intereses por medio de la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos (OEA), cuya abierta injerencia en los asuntos internos del país la tuvo como protagonista del golpe de Estado de noviembre de 2019 contra el expresidente Evo Morales.

La delegación de parlamentarios de Comunidad Ciudadana (CC) y Creemos, que se trasladó hasta la sede de este organismo, le ha entregado un documento al cuestionado Luis Almagro en el cual se solicita la activación del Artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana, que si bien es un instrumento injerencista en su concepción al mismo tiempo cuenta con candados que el propio Consejo Permanente no puede abrir con facilidad y que requiere de una relación de fuerzas regionales que no es tan fácil establecer.

La Carta Democrática Interamericana, aprobada en plena hegemonía neoliberal en 2001, se activa cuando se ha roto el orden constitucional a un nivel tan profundo que afecta la vida democrática de un determinado Estado miembro de la OEA, lo que implicaría la ausencia de pluralismo político, inexistencia de libertad de expresión, clausura de la libertad de organización y movimiento de los partidos, cancelación de la independencia de poderes y seria afectación en la administración de justicia.

Considerando los indicadores establecidos en esa propia herramienta intervencionista de la OEA, es particularmente irónico que sean las fuerzas políticas que protagonizaron un golpe de Estado y atentaron sistemáticamente los Derechos Humanos durante un año las que ahora pongan en duda la plena vigencia del orden democrático y la conducta apegada a la Constitución Política del Estado (CPE) de parte de un gobierno que fue electo con más del 55% de los votos en octubre de 2020.

Sin embargo, no hay que subestimar. La estrategia de desestabilización de la derecha –una de las tantas desarrolladas contra el expresidente Evo Morales a partir de febrero de 2016 y que culminó en el golpe de Estado de 2019–, contó con el firme respaldo del frente internacional, conformado por Estados Unidos, Brasil, Colombia y la OEA, además de la Unión Europea (UE). Y el cambio en la titularidad de la Casa Blanca de republicanos por demócratas no implica que Washington abandone su política exterior hacia América Latina y el Caribe.

Si bien faltan muchos años, la derecha está bastante preocupada pues, salvo que se produzca una implosión dentro del MAS y en las filas de lo nacional-popular-comunitario, sus posibilidades de lograr una acumulación política que los lleve a una victoria electoral en 2024 no son alentadoras y mucho menos si intentan derrocar al gobierno de Arce antes de ese año por medio de un referendo revocatorio. Y eso es precisamente lo que la hace un peligro, ya que ante su debilidad electoral las tentaciones de recurrir a métodos y formas no democráticas de lucha política siempre estarán presentes.

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