octubre 25, 2021

De Túpac Amaru II a Pedro Castillo

Por Marcelo Caruso Azcárate-.


Sin lugar a dudas, la distancias en significados históricos de estos dos líderes es muy grande, pero lo que ambos muestran son las raíces de la resistencia indígena y campesina peruana contra el colonialismo imperial y el imperialismo colonialista. Nuevamente la embajada del imperio del norte ha quedado desconcertada y hará lo que esté a su alcance para impedir la llegada de un maestro de escuela, formado en el marxismo y la pedagogía del oprimido de Paulo Freire, al devaluado cargo de presidente de Perú.

La crisis política de los años recientes, con cuatro presidentes destituidos en un período, y un total de siete con juicios abiertos, fugados y suicidados, explica la crisis, pérdida de legitimidad y fragmentación de los partidos tradicionales como mediadores en la política. Consecuencia de esto es también la abstención más alta de los últimos 20 años en este tipo de elecciones (30%), considerando el carácter obligatorio del voto.

Pedro Castillo, maestro de escuela y dirigente sindical del gremio docente, que encabezó una huelga magisterial nacional de 57 días en 2017, realizó su campaña con un programa de expropiación de empresas transnacionales energéticas, freno a la explotación minera, Reforma Agraria y Asamblea Constituyente; obtuvo la mayor votación en primera vuelta, alcanzando el 14% de los votos y 37 parlamentarios, y la segunda fue Keiko Fujimori, con el 12%.

Dos candidatos no esperados, tal vez Keiko lo era, a pesar de tener cárcel reciente por corrupción y expresar un fujimorismo desprestigiado que, sin embargo, mantiene una base urbana clientelizada que sumando su familia dispersa en otros dos partidos alcanzan el 30% de los votos y 40 parlamentarios de los 130 que tiene el Congreso.

Como buen maestro de escuela y frente al desprecio de los medios de comunicación nacionales, Castillo se dedicó a recorrer el país profundo, campesino e indígena, el de las organizaciones de “ronderos” de las que hizo parte, que son guardias campesinas (no las que organizó el Ejército contra Sendero Luminoso) que comenzaron combatiendo el robo de ganado y han desarrollado un poder local que suplanta la ausencia del Estado. Sus medios de comunicación fueron las radios comunitarias, TV comunales y regionales del sector andino, llegando hasta a caballo, como lo hizo cuando fue a votar, y demostrando que las redes sociales no son solo virtuales y pesan mucho cuando se entrelazan en los sectores más marginados. Su campaña solo contó con los escasos recursos de los aportes de sus compañeros de proyecto y se hizo sin pagar publicidad.

Fue militante comunista radical y luego se integró al conglomerado de Perú Libre, donde comparte filas con una diversidad de líderes con discursos marxistas ortodoxos y en aspectos conservadores (identidad de género y opción sexual), que no favorecen su apuesta de ganar en segunda vuelta, temas de los que está tomando distancia para acercar las franjas progresistas del amplio espectro político. Ese pensamiento todavía dogmático frente a nuevas realidades de los Derechos Humanos es una de las consecuencias de la crisis de la política en Perú, que también afectó la capacidad de aprendizaje de las fuerzas de izquierda, unas muy aisladas en sus partidos y otras muy gourmet, como allí les dicen.

La segunda sorpresa para Perú y todo el continente es la unidad de toda esa izquierda para apoyarlo, incluido el progresismo de Verónika Mendoza, que no logró la votación esperada, algo inusual en épocas que, en casos similares en nuestra América, han optado por votar en blanco o nulo.

La estrategia de Keiko ha sido hasta ahora muy torpe, recurriendo a las peores calumnias originadas en la guerra anticomunista, con lo cual agrede a todos esos votantes olvidados por el sistema durante siglos, mientras que sus mafias amigas recurren a amenazas sobre la vida de Castillo y sus compañeros. No fue sorpresa el apoyo recibido de Vargas Llosa, que habló pestes de su padre, con quien perdió la presidencia, y ya anunció –o más bien hizo el llamado– que puede producirse un golpe militar de ganar Castillo.

Si bien las encuestas las encabeza Castillo con el 42% frente al 30% de Keiko, esta jugadita atemorizadora ya la utilizaron en Ecuador y ahora en Colombia, por lo que deberá asegurarse el voto urbano de los abstencionistas y, sobre todo, de la juventud, y para eso es válido desarrollar –con la iniciativa creativa que los caracteriza– una campaña en las otras redes sociales, la virtuales, que implique el compromiso de escucharlos para completar su propuesta de aumento a un 10% del Producto Interno Bruto (PIB), del presupuesto de la educación y al igual el de salud, todo como parte de una proceso participativo basado en la democracia directa que traslade parte de las funciones de gestión y control del Estado a la sociedad civil organizada.

El triunfo de Castillo implica el fin del Grupo de Lima y puede permitir la reconstrucción de una Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) más integrada en lo económico y financiero, para así enfrentar la salida de la crisis sistémica, recuperar la propuesta de condonación de las deudas públicas y apostar a proyectos comunes como el Banco de los Pobres. Todo centrado en la necesidad de impulsar procesos asociativos productivos que favorezcan a la creciente cantidad de trabajadores por cuenta propia que crece con la pandemia.

Túpac Amaru II, Mariátegui, el general Velasco Alvarado y los ronderos, estarán muy pendientes de esta apuesta nacional y continental que permitirá, por primera vez, un gobierno colectivo de un amplio espectro de izquierda y social en Perú.


* Filósofo.

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