agosto 1, 2021

Algo del Marathon Rock

Por Sergio Salazar Aliaga *-.


La idea de este artículo es hablar del rock; que es hablar de nuestras vidas.

Hace muchos años, un amigo de colegio, Álvaro Vargas, nieto del destacado periodista y precursor de la televisión boliviana y creador de revistas como Panorama y Enfoques, Mario Vargas Rodríguez, conocido también como “Cucho Vargas”, entró a mi casa con una serie de cd’s, era algo nuevo para mí y para la época, con un librito a todo color, con fotos, historia y algo más… ese grupo modificó las más grandes estructuras de mi vida, estoy hablando de The Beatles. Esa fue mi formación, que después fui complementando con los filósofos franceses, la literatura beat y, por supuesto, con la Nueva Trova Cubana.

Siempre fui amante de la música, sé que pertenezco a una generación a la que el rock le cambió la vida, por más de que Bolivia no haya tenido un movimiento tan fuerte como en el resto de los países sudamericanos, sobre todo en Argentina, que es cuna del rock latinoamericano.

A principios de 2000 tenía 14 años, muchas cosas estaban cambiando, exactamente no sé cuál fue el momento en el que mi cabeza hizo el famoso “clic”. Ese momento en que las creencias íntimas se derrumban y comienza todo un nuevo sistema de valores, algunos la llaman como la iluminación doméstica; pero es cuando las cosas establecidas pierden su peso, pero emergen otras que le dan cauce a un nuevo camino hacia una vida sin fórmulas, gobernada de sueños y de descubrimientos.

En ese despertar recuerdo que existía un programa en la radio FM Stereo 97, conducida por Pato Peters, conocido como el “único pato al aire”, el programa se llamaba “Álbum Rock”, el que de lejos fue el mejor programa de este género en el país. Un día presentaron un disco titulado “Pesanervios”, grabado y masterizado en los estudios Circo Beat de Fito Páez. Desde ese día hasta hoy soy un fanático del Grillo Villegas. Un dato importante, ese disco es uno de los picos más altos del rock boliviano.

En el colegio conocí a Edwin Soria, éramos compañeros de curso, nos hicimos amigos por su guitarra, tenía su banda de rock (Exis), me contaba historias y me hablaba de Woodstock del 69, de la leyenda de Tango Feroz, un tipo de otra galaxia; además participó del Marathon Rock, el mayor concurso de bandas de ese tiempo, organizado anualmente por el Pub Equinoccio. Los premios eran grabar un disco y ser promocionado. ¿Qué más uno podría pedir?

Me acuerdo que en 2003 llegaron a participar 36 grupos de rock, era algo sorprendente. El Marathon Rock fue un semillero de bandas, iniciativa y organizado por Ricardo Selaya. Ahí nacieron Vellez, Hielo, Host, Willy el Funktazma, Autorev, Ciudad Líquida, Son fusión, Querembas, entre otras.

Fue también cuando comencé a frecuentar el Equinoccio, la noche y la bohemia paceña… Carlos Cox, productor del Ojo de Agua, decía: “La noche paceña no es ni joven ni vieja, he ahí el secreto de su longevidad”. Años después, cuando administré el Matheus Piano Bar, ícono del barrio de Sopocachi, fundado en 1984, además de ser uno de los primeros bares donde se escuchó música en vivo, mi amigo y poeta Jorge Campero me repetía cada viernes: “La Paz es la bohemia, aquí vive esa araña que teje su red contra el viento para atrapar insectos”.

Es verdad, la noche paceña está llena de mística y de historias, de lo poco que recuerdo está la banda Svasthika, que en 2000 ganó el Marathon por muy poco, compitiendo con la banda Pantano. Svasthika estaba compuesta por Vito Paredes, hermano menor de Vico, de Alcohólika.

A Desaire los conocí porque hacían tributos a los Fabulosos Cadillacs y me encantaba ir a verlos al Equi, la vos de Omar Ríos era casi idéntica a la de Vicentico, en ese entonces me di la tarea de aprender a tocar guitarra y mi maestro era Marcelo Aguirre. Darío Oblitas, la segunda guitarra, fue un gran amigo, sobre todo en sus tiempos de administrador de la discoteca Mama Diablo, cuando comenzaron hacer sus propios temas y llegaron al éxito, siendo en 2001 finalistas del Marathon Rock; en su segundo disco, “Sexo seguro”, está incluida “La balsa” de José Alberto Iglesias (Tanguito), tema que este compuso en el baño del bar La Perla y Litto Nebbia terminó. En lo personal, es mi canción favorita.

También estaba el Último Cocalero, banda fundada el año 1998 por David Portillo, con composiciones que narran historias urbanas, ganando el Marathon en 2002.

Una de esas noches de salida fuimos a un festival en el colegio La Salle, en el escenario estaba una banda súper fresca, nueva… eran Los Tocayos, tenían un estilo como del grupo mexicano Café tacvba, de hecho la voz de Emilio Vizcarra tenía un parecido a la de Rubén Albarrán; el tema éxito para mí fue “D’ Aquí”, el año 2002 salieron como cuarto lugar en el Marathon.

Mi amigo Juan Pablo Calero, hijo del profesor del conservatorio de música Juan Carlos Calero y sobrino de Sergio Calero, en ese momento dueño del café arte La Obertura además de coleccionistas de The Beatles, me llevó a un festival en el colegio Calvert. Sergio tiene un disco de vinilo con la portada de Lennon desnudo, prohibida en su época, ahora cotizada en más de mil dólares.

En aquel festival estaba tocando una banda Unit, del colegio Montessori; era diferente a las demás porque cantaban en inglés, tenía un parecido con Nirvana, la voz era la reencarnación de Kurt Cobain, pero en realidad era Coco Bedregal; le seguían Mauricio Cassis en el bajo, Andre Dedeco en la guitarra y Gonzalo R. en la batería. Su tema éxito fue “Smells like revolution” de su álbum “Red Holocaust”. También participaron en el Marathon.

Después apareció Oz, una banda que surgió en el colegio San Ignacio, con Raúl Chávez, guitarrista, Gabriel Valdivieso (bajo), Horacio Guzmán (batería), y su vocal Pedro Pablo Siles. Con algunos compartimos lazos de amistad, fueron terceros en el Marathon, me acuerdo que tocaban “I Will Survive” de Gloria Gaynor, en la versión de Cake.

Con Alejandro Delius, Reynaldo “Gordito” Castañón, Sergio “Teto” de Ugarte hicimos mucha más amistad, algunas parrilladas y encuentros, también asistían Alejandro “Negro” de Ugarte y Mateo Caballero, quienes me presentaron a Gonzalo Gómez de Gogo Blues. La banda se llamaba Quirquiña y tuvo un estallido “pop star”, “Clausura”, “reprís” fueron los éxitos que los llevaron a la fama.

Por supuesto que me estoy olvidando de muchos y recortando tajadas de historia, pero es difícil sintetizar lo vivido en un pedazo de papel… hasta la siguiente bohemiada.


* Cientista político.

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