septiembre 28, 2021

San Martín y la Independencia de Perú: 200 años de la gesta que unió a América Latina

El 28 de julio de 1821 se proclamó la liberación del pueblo del Virreinato del Perú, último bastión del colonialismo español en el continente. El general José de San Martín llegó por mar con un ejército de argentinos y chilenos. Logró entrar a Lima sin disparar un solo tiro. Simón Bolívar, líder de la Gran Colombia, continuó la lucha.

Se cumplen dos siglos de la Independencia de Perú, uno de los capítulos más emblemáticos del proceso de colapso de las colonias españolas en el continente americano, y que solo fue posible gracias a la visión de los líderes revolucionarios y la colaboración y solidaridad entre los pueblos locales.

El general argentino José de San Martín —reconocido como uno de los más importantes Libertadores de América junto con Simón Bolívar— había destacado como estratega militar en el proceso de independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, antesala del Estado argentino, que finalizó en 1816.

Con un ejército formado con exiliados chilenos y soldados rioplatenses, cruzó en 1817 la Cordillera de los Andes y triunfó en la liberación de Chile, formalizada en 1818. Con la idea de que era necesaria la expulsión de las tropas realistas de todo el continente para alcanzar la verdadera autonomía, 4.118 soldados argentinos y chilenos zarparon en ocho buques de guerra hacia las costas peruanas. Desembarcaron en Paracas en agosto de 1820.

«Lima era el último bastión del poder realista y la capital del Virreinato del Perú, ahí estaba el poder. Después de negociaciones con el Virrey que no llegaron a ningún término, intercambió correspondencia con hombres notables de la ciudad y les prometió el respeto a la propiedad privada. De incógnito, San Martín entró a Lima sin disparar un solo tiro», dijo a Sputnik el historiador argentino Roberto Colimodio, miembro de la Academia Nacional Sanmartiniana.

El Virreinato del Perú —que al momento de su desintegración ocupaba lo que hoy es Perú y parte de Ecuador, Bolivia y Chile— fue durante tres siglos de colonialismo el principal centro político y comercial del dominio de la Corona española en Latinoamérica, gracias al control de las principales minas de plata y otros metales y minerales.

Con una clase dominante muy poderosa, representaba el principal centro del Ejército realista en el subcontinente a comienzos de 1800, época en la que comenzaron las revoluciones liberadoras en América.

Al norte, el Virreinato de Nueva Granada —que componía gran parte de los territorios que hoy son Venezuela, Colombia, Panamá, Ecuador, Guyana y un sector de la amazonia brasileña— había comenzado su etapa independentista en 1811 y se extendería hasta 1822, con Bolívar a la cabeza del ejército insurgente de la Gran Colombia.

Al sur, el Virreinato del Río de la Plata se había desintegrado durante el proceso revolucionario que comenzó en mayo de 1810 en su capital, Buenos Aires, y la expulsión de las tropas realistas de Montevideo, Uruguay, en 1814.

San Martín, estratega político además de militar

«Había una guerra de propaganda de ambos lados, donde los patriotas eran vistos como un grupo de facinerosos o resentidos sociales, con sus tropas de esclavos negros e indígenas, y corría el rumor en Lima de que había una actitud de venganza y saqueos. San Martín, amante del orden, impuso condiciones para que se tratara bien a los españoles peninsulares y criollos nativos», comentó Colimodio, autor de varios libros sobre el libertador.

El general del ejército de la Expedición Libertadora establece la pena de muerte entre sus soldados a quienes insulten, roben y violenten fuera del campo de batalla a los locales. Mediante la impresión de bandos y proclamas en las ciudades peruanas, anticipa la llegada de sus fuerzas. El ejército realista abandona Lima a principios de junio de 1821 y se refugia en Callao, puerto sobre el océano Pacífico a 15 km de la capital.

Mediante comunicaciones con delegados, las clases dominantes limeñas ofrecen una invitación al ingreso pacífico de San Martín, quien lo hace a mitad de la noche del 12 de julio, con solo un acompañante. El ejército patriota entró a la ciudad dos días después.

Los notables realizaron un cabildo abierto y firmaron un acto de independencia el 15 de julio, pero la proclamación y ceremonia pública se efectuó recién el 28 de julio, en cuatro plazas de la ciudad. San Martín fue nombrado el 3 de agosto titular del Protectorado del Perú para los territorios independientes, ya que el centro y sur seguían bajo el control realista.

San Martín terminó su intervención provisional en Perú en septiembre de 1822, luego de una entrevista en Guayaquil, ciudad ecuatoriana, con Bolívar, a quien le cedió la continuidad de la lucha independentista, y dio por terminada su carrera militar.

Regresó primero a Chile y después a la provincia argentina de Mendoza. Quiso volver a Buenos Aires a reencontrarse con su esposa, que estaba enferma y quien murió al poco tiempo. Las internas políticas entre las facciones unitarias y federales llevaron al país a una guerra civil y San Martín, asediado por rumores de un posible asesinato, decidió radicarse en Europa para atender la educación de su hija.

Murió en la ciudad de Boulogne-sur-mer, en la costa norte de Francia, el 17 de agosto de 1850, a los 72 años. Sus restos fueron repatriados 30 años después y hoy yacen en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires.

Durante su protectorado en Perú se creó la primera bandera nacional y la primera moneda, además de asegurar la libertad de su pueblo y sus representantes para elegir la forma de gobierno que se impondría al conseguir su soberanía.

«Esto no significó que terminara la lucha, sino que después se siguió peleando, recién en 1824, con la capitulación de Ayacucho, se termina la guerra de independencia propiamente dicha, pero fue un golpe de efecto importante. San Martín no solo fue un militar, fue un líder con gran capacidad política. Siempre pensó en la patria grande y la unión de un solo pueblo, el americano», comentó el historiador.

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