septiembre 28, 2021

Medio ambiente y salud humana: la urgencia de agendar el debate

Por Cynthia Silva Maturana -.


La gestión de la salud con un enfoque integral evidencia profunda relación entre la calidad del ambiente –la salud del ambiente podría decirse– y la salud humana. Esta interacción es ampliamente respalda por la literatura científica, aunque muchas veces es subestimada a la hora de diseñar o articular las políticas públicas.

Por ejemplo, la contaminación del aire constituye uno de los principales problemas ambientales en los centros urbanos de muchos países. La calidad del aire se ve afectada por las emisiones de contaminantes atmosféricos que provienen principalmente del parque automotor, de las industrias y otras fuentes, afectando directamente a la salud de las personas. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 2016 alrededor de 249 mil muertes prematuras fueron atribuibles a la contaminación del aire en América Latina y el Caribe.

La exposición a altos niveles de contaminantes puede causar una variedad de afectaciones a la salud: aumenta el riesgo de infecciones respiratorias, enfermedades cardíacas, derrames cerebrales y cáncer de pulmón. En particular, estas afecciones impactan en mayor proporción a la población vulnerable, niños, adultos mayores y mujeres.

Por otro lado, más del 60% de las enfermedades infecciosas actualmente conocidas en el ser humano son causadas por patógenos compartidos con animales silvestres o domésticos. Estas denominadas zoonosis emergentes son una amenaza creciente para la salud mundial y han causado cientos de miles de millones de dólares en daños económicos en los últimos 20 años [1].

En este contexto, la humanidad enfrenta una pandemia que hoy ya ha arrojado más de cuatro millones de decesos a nivel global, una enfermedad –Covid-19– provocada por un virus que muy probablemente fue transmitido a partir de animales silvestres.

A nivel nacional, diferentes regiones de los Yungas de La Paz enfrentan todos los años brotes de fiebre hemorrágica y otras enfermedades también transmitidas por micromamíferos como roedores. Estos normalmente se desarrollan en ecosistemas naturales, pero con las transformaciones humanas, por ejemplo las asociadas a la ampliación de los monocultivos agrícolas generan las condiciones para un mayor contacto de los seres humanos con los vectores zoonóticos, llegando a que todos los años en ciertas temporadas se lamenten decesos.

Los estudios realizados claramente indican que la aparición de zoonosis, tanto recientes como históricas, son consecuencia lógica de la ecología y la evolución de los patógenos, cuando explotan nuevas oportunidades (nichos) y se adaptan a nuevos huéspedes. Las causas subyacentes que crean o brindan acceso a estos nuevos nichos están mediadas por la acción humana, en la mayoría de los casos, e incluyen cambios en el uso de la tierra, extracción de recursos naturales, sistemas de producción animal, uso de medicamentos antimicrobianos y comercio global [2].

A los factores mencionados, conocidos como los determinantes ambientales de la salud, se suman también los crecientes efectos del cambio climático en la salud humana. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, la principal instancia de discusión científica de esta problemática, concluyó que “es probable que las exposiciones relacionadas con el cambio climático previsto afecten la salud de millones de personas, específicamente personas que poseen capacidad de adaptación baja”, y que esta afectación se exprese en:

“Aumento de la malnutrición y sus consiguientes trastornos, con complicaciones para el desarrollo y crecimiento de los niños;

Aumento de muertes, enfermedades y lesiones a raíz de los eventos climáticos extremos, como olas de calor, inundaciones y sequías;

Aumento de la carga de las enfermedades diarreicas;

Aumento de la frecuencia de enfermedades cardiorespiratorias ocasionadas por mayores concentraciones de ozono al nivel del suelo debidas al cambio climático, y;

Modificación de la distribución espacial de algunos vectores de enfermedades infecciosas. [3]”

Es pues cada vez más evidente que, debido a la interrelación de los sistemas sociales y los sistemas ecológicos, los debates sobre las políticas de salud ya no pueden centrarse solamente en el acceso a servicios de salud con equidad y calidad. Por tanto es imperativo abordar la interfase entre la calidad del ambiente y los riesgos crecientes a la salud humana, por un modelo de producción que prefiere poner por delante las utilidades y mira para otro lado cuando se trata del derecho a la vida de las personas y sus sistemas ecológicos.

La agenda de las políticas de salud ambiental, de la relación de salud y medio ambiente, no puede ser postergada, la falsa búsqueda de una “nueva normalidad” que solamente se enfoca en la superación del Covid-19 está dejando de lado el debate imprescindible sobre las múltiples dimensiones que debemos profundizar en la transformación del Estado y la humanidad en su conjunto.

Las normas sobre los derechos de la Madre Tierra nos marcan el camino para establecer un modelo de desarrollo distinto, en el que se avance en una transición de los modelos de producción y consumo hacia modelos más sanos y sustentables, con equidad y justicia. Estos derechos nos marcan igualmente la ruta para la construcción de decisiones en el ámbito de la salud ambiental, en el ámbito de las políticas de salud pública que tomen en cuenta seriamente los determinantes ambientales de la salud no como factores externos, sino como problemas estructurales.


  • Bióloga, militante del Proceso de Cambio, miembro del Comando Madre Tierra y exviceministra de Medio Ambiente.

1       Rabozzi, G., et. al. (2012). “Zoonosis emergentes: el ‘enfoque de una sola salud’”. Saf Health Work. 2012 Mar; 3 (1): 77–83. Publicado en línea el 8 de marzo de 2012. Doi: 10.5491 | http://dx.doi.org/10.5491/SHAW.2012.3.1.77

2       Ibídem.

3       IPCC (2007). Resumen al Cuarto Informe Resumen para Responsables de Políticas, del Grupo de Trabajo II.

 

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