septiembre 25, 2022

Inversión externa

Por Miguel Ángel Marañón Urquidi *-.


La inversión extranjera directa (IED) no es otra cosa que la transferencia de capitales provenientes del extranjero y que, al tercer trimestre de 2021, alcanzó a 635 millones de dólares, ampliamente superior al mismo periodo de 2020. Este dato macroeconómico conlleva a una recuperación económica internacional y sobre todo nacional.

No olvidemos que las empresas extranjeras, para realizar sus inversiones en países, consideran varios aspectos orientados a disminuir el riesgo de recuperación de su inversión, para lo cual toman en cuenta la calificación del “riesgo país” que suelen emitir empresas calificadoras internacionales.

Uno de los aspectos y requisitos imprescindible que observan las empresas es que el país destino de sus inversiones tenga un gobierno legal y legítimo, vale decir que sea democrático y que cuente con el respaldo de su población; no otra cosa significó que en el último trimestre de 2019, con la asonada del movimiento cívico junto a policías y militares (todavía no había pandemia ni confinamiento) la inversión extranjera alcanzó números negativos (casi 200 millones de dólares); y que, al primer trimestre de 2020, ya con el gobierno de Áñez, la tendencia seguía negativa: en dicho régimen la IED llegó a menos 226 millones de dólares.

En noviembre de 2020 se posesiona el gobierno elegido, que coincide con una reducción de las drásticas medidas ejecutadas en la pandemia; la gestión 2021 se caracteriza por una recuperación de la economía internacional y nacional, que hace que los capitales vuelvan a su dinámica financiera. En este sentido, al tercer trimestre de 2021, la IED llegó a 635 millones de dólar, inversiones que se distribuyeron en: 34% hidrocarburos, 33% minería, 22% industria manufacturera.

Estas inversiones contribuyeron a que la economía nacional se posesione en tercer lugar de crecimiento en Sudamérica, sin embargo, surgieron los viejos discursos, de los eternos analistas económicos, de crear desconfianza en los agentes económicos, que ya en 2006 afirmaron que las nacionalizaciones ahuyentarían las inversiones extranjeras; luego, en 2018, dijeron que el modelo estaba desgastado y que la parte ideológica del Gobierno era un estorbo para estas inversiones; con la asonada de noviembre de 2019 se posesionó un gobierno “liberal” y, paradójicamente, la IED llega a cifras negativas. El 2021 se inicia con un gobierno producto de las urnas y casi paralelamente empiezan a llegar los inversores extranjeros, quienes ven con buenos ojos el colocar capitales productivos en el país.

Otro objetivo de los “predicadores de la crisis” es el querer posesionar que los bonos soberanos emitidos por el Gobierno “no pudieron ser colocados” en el mercado financiero internacional debido, según ellos, a que no había confianza en el nuevo gobierno; nunca analizaron que la crisis de la pandemia prácticamente paralizó el sistema financiero internacional, haciendo que los activos y pasivos estén aletargados. En la presente gestión estoy seguro que la historia cambiará.

Bolivia se encuentra en buen camino de recuperar el dinamismo y crecimiento económico, al igual que el resto del planeta, y el modelo Económico Social Comunitario Productivo (Mescp) ya demostró de sobre manera que sigue vivo y dando buenos frutos y los empresarios internacionales y nacionales reflejan esa confiabilidad al incrementar sus inversiones en el país. No dejemos que nuestros eternos analistas económicos que predican la crisis siembren la desconfianza en nuestro pueblo.


* Economista.

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