noviembre 3, 2026

La mentira como arma de guerra


Por La Época-.


“La primera víctima cuando llega la guerra es la verdad”. Esta sentencia fue formulada por el senador estadounidense Hiram Johnson en 1917, un año antes de que culminara la Primera Guerra Mundial. Esto quiere decir que la mentira se convierte en un arma poderosa de la guerra.

De la validez de esa frase se han encargado de confirmar en los últimos días no los estrategas de la Federación Rusa, sino los autoproclamados guardianes de la democracia y la libertad de expresión en el mundo: los Estados Unidos y Europa occidental, cuyo despliegue de su campaña contra lo que consideran invasión a Ucrania no guarda correspondencia con el cuidado, la madurez y la responsabilidad que amerita desde todo punto de vista la explosiva crisis política y militar en la Europa del Este. Con aplausos de por medio y poses tratando de ocultar su desorientación, las altas autoridades de la “comunidad europea”, bendecidas por la administración Biden, anunciaron una cadena de sanciones contra Rusia, que a la larga pueden convertirse en boomerang para sus propios países, y dentro de ellas la censura de los medios de comunicación rusos: Russia Today y Sputnik.

No hay punto de comparación. Incluso un descuidado ciudadano notará la diferencia. Cuando existía la posibilidad de comparar los tratamientos informativos de la CNN, BBC y los canales de televisión europeos y estadounidenses con lo que muestran los medios de comunicación rusos, notará de inmediato que existe mayor presencia de unos de los principios del periodismo clásico, de la “parte” y “contraparte”, en los del segundo grupo que los primeros. Y ese virtual “estado de excepción” se ha extendido a las redes sociales, en una demostración de la sociedad de vigilancia a la que estamos sometidos los seres humanos.

Empero, sería un error atribuir esta censura al estado de ánimo de los gobiernos y las instituciones europeas. Hay mucho de bronca, es verdad, y tienen razón para ello. Putin los sorprendió en el campo militar al anticiparse a los planes operativos que, bajo cobertura de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), se iban a realizar en Ucrania y que, ahora, por algo de cálculo y vergüenza al mismo tiempo, están detenidos, pero no sabemos por cuanto tiempo. Lo que hay en el fondo es la decisión de quitarle, arrebatarle y negarle a los ciudadanos y ciudadanas del mundo el derecho a conocer las distintas versiones de lo que ocurre en Ucrania. Pero esa decisión es parte de la aplicación de un sistemático plan de guerra para destruir moral y políticamente a Rusia, construir sentimientos de odio y venganza contra la población moscovita, encubrir su responsabilidad en los incumplimientos del Protocolo y los acuerdos de Minsk de 2014 y 2015, la pretensión de llevar la OTAN hasta la frontera rusa y preparar una ofensiva contra Rusia, cuyos efectos expansivos le lleguen a China y otros en el marco de la disputa mundial por la hegemonía.

Esta construcción tergiversada de la “realidad”, que los estrategas militares pretenden instalar en el imaginario colectivo, forma parte de la llamada Guerra de Cuarta Generación, concebida a finales de la década del 90, pero que hoy, dada su naturaleza de táctica no convencional, es uno de los componentes principales de lo que en propiedad se llama Guerra Híbrida o lo que la destacada investigadora mexicana María José Rodríguez denomina “guerra total y permanente”.

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