mayo 21, 2022

Del ecologismo funcional al ecologismo crítico

Por  Noel Aguirre Ledezma *-.


Fidel Tubino, Catherine Walsh y otros destacados investigadores de temas como cultura, colonialismo y otros de carácter societal, en distintos documentos publicados nos advierten que referirse e inclusive desarrollar acciones en el campo de la interculturalidad no siempre es inclusivo ni liberador, tampoco es garantía para solucionar la problemática que trae consigo. Señalan que existe un interculturalismo funcional y otro interculturalismo crítico claramente diferenciados en sus conceptos, enfoques, formas de llevar a la práctica y efectos. A propósito de ello Tubino afirma: “La diferencia entre el interculturalismo funcional y el interculturalismo crítico son sustantivas. El primero busca promover el diálogo intercultural sin tocar las causas de la injusticia cultural, mientras el segundo trata de suprimirlas…”. Es más, el interculturalismo además de crítico podría ser decolonial, si se convierte en un proyecto político, social, epistémico y ético de transformación y emancipación.

Pero, ¿a qué viene este párrafo sobre interculturalidad cuando el artículo se refiere a ecologismo? A que, al igual que el interculturalismo, el ecologismo depende de cómo se “lee la realidad”, se concibe la vida, se responde a la práctica social, es decir, a preguntarnos si afecta a síntomas con medidas parciales o a las causas con acciones de carácter estratégico y estructural. Así, es posible diferenciar entre ecologismo funcional y ecologismo crítico, obviamente estas diferencias no son de nombres, sino sustantivas, hacen a lo esencial de las reflexiones y planteamientos.

En un mundo en que “cada vez es más evidente que si las sociedades y las economías no adoptan formas de vida distintas de las basadas en la explotación injusta e ilimitada de los recursos naturales y los recursos humanos, la vida humana en el planeta estará en riesgo de extinción”, como apunta Boaventura de Sousa Santos, por supuesto que hay que valorar todas las acciones destinadas a la preservación del medio ambiente, y tenemos que hacernos militantes de los movimientos ecologistas; sin embargo, toda lucha será insuficiente si no “vamos al fondo del problema”. Eso supone pasar del ecologismo funcional al ecologismo crítico-decolonial. En otras palabras, transcurrir de los análisis, propuestas y acciones circunstanciales y puntuales a posicionarnos frente a la realidad, generando estrategias que contribuyan a transformar las causas de la crisis ambiental.

Para citar los elementos esenciales de este debate, el ecologismo crítico-decolonial supone una praxis que afecta a cómo comprendemos y actuamos respecto a: 1) La relación existente entre las y los seres humanos y la naturaleza; 2) La concepción de desarrollo; y 3) La construcción del saber y conocimiento. Al final de cuentas, cómo construimos desde el ecologismo crítico-colonial un proyecto ético-político transformador y emancipador.

  1. El fondo del debate sobre ecologismo se refiere a la manera de cómo concebimos la relación seres humanos-naturaleza, que por supuesto es distinta desde las cosmovisiones de origen occidental y la de nuestras culturas, pueblos y naciones indígenas.

Desde la concepción de vida occidental el hombre está separado de la naturaleza, estableciéndose una relación jerárquica e instrumental; el hombre asume que la naturaleza (agua, bosques, etcétera) es un “recurso”, por eso puede destruirla y explotarla, desconociendo que la naturaleza tiene vida. A su vez, la lógica del sistema capitalista, en el marco de la concepción de origen occidental, está centrada en el crecimiento económico y la acumulación de riqueza ligada a la apropiación y transformación ilimitada de los “recursos” del planeta, así como la explotación de las y los trabajadores. Mientras que desde los principios de nuestras culturas el ser humano es parte de la naturaleza, ser humano y naturaleza son una unidad; todo lo que constituye la tierra es un ser vivo, entonces hay que respetar sus ciclos, la naturaleza necesita comer, descansar y estar en actividad; los seres humanos somos cultivadores, “cuidantes” y facilitadores de la naturaleza, fuerza productora por excelencia; el bienestar en la humanidad se tiene que construir sobre la base de la convivencia y armonía con todos los seres vivientes de la tierra, por lo tanto la economía debe cuidar el equilibrio ecológico y social.

  1. El otro tema a repensar es la concepción de desarrollo, expresada en el supuesto “progreso indefinido” en el que el bienestar y la felicidad humana se miden en la acumulación de bienes materiales. La crisis ecológica, una de las dimensiones más críticas de la crisis civilizatoria actual, es efecto del paradigma del desarrollo productivista y extractivista del capitalismo, de una racionalidad económica de crecimiento económico infinito con una naturaleza finita, de una producción y exacerbación de la cultura del consumo y el desecho, del uso de energía fósil a gran escala y desigual distribución de recursos y oportunidades.
  2. Otra temática a analizar se refiere a cómo las estructuras de conocimiento se constituyen en formas hegemónicas de la “colonialidad del saber”, donde el supuesto “conocimiento científico-universal” es el único válido, con menosprecio del saber popular y local. Esta “colonialidad del saber”, a título de modernidad y de supuesto conocimiento académico, ignora y hasta menosprecia los saberes del pueblo, que en gran parte se construyen desde la comprensión de los elementos vitales.

Los retos, así como la necesidad de ir al fondo de la problemática, son de gran trascendencia para el futuro de la humanidad y el planeta Tierra. Mientras sigamos ignorando que la naturaleza tiene vida, suponiendo que el progreso es infinito y material, y pensemos desde solo lo académico, nos debatiremos en un ecologismo funcional y no encontraremos soluciones definitivas. Es de esperar que este artículo promueva el debate y el repensar.


  • Educador popular y pedagogo, exministro de Planificación del Desarrollo y viceministro de Educación Alternativa y Especial.

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