mayo 15, 2022

El rebote postcrisis económica no es automático

Por Gonzalo Zambrana *-.


En las últimas semanas los eternos nigromantes del neoliberalismo, entre ellos, dirigentes empresariales, han aparecido en coro para criticar el desempeño económico de Bolivia en 2021. Ante la posibilidad de incremento salarial afirman que “si crecimos, fue gracias al rebote estadístico” y “si existe incremento salarial, se cerrarán muchas empresas”.

Rebote o reconstrucción postcrisis golpista y pandémica

En referencia a la recuperación de la economía, a lo largo del planeta se han debatido las características de este proceso y se ha hablado de rebotes en forma de “U”, “V”, “W”, etcétera

La tendencia del crecimiento de una economía está definida por factores estructurales y relaciones sistémicas. Si existen factores externos coyunturales, son un factor perturbador “temporal” y, de acuerdo a la teoría del rebote de Friedman, al recuperarse la normalidad la tendencia también debería recuperarse.

Sin embargo, la recuperación de un periodo de crisis no es automática, es decir, no hay el “rebote estadístico” que algunos voceros neoliberales andan afirmando. La recuperación depende de las condiciones estructurales de partida y de las características del modelo económico. Por ello, las características de la crisis y de su salida dependen de sus causas y de la configuración estructural y los atributos de estabilidad del modelo económico.

Si se supone que la configuración estructural del modelo económico es estable, los determinantes de la crisis deberían estar explicados únicamente por shocks externos; por ejemplo, la crisis del Covid-19 o el actual conflicto entre la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y Rusia. En estos casos se podría cumplir la teoría del rebote de Friedman, según la cual “las recuperaciones son el resultado inevitable de las recesiones y, entonces cuanto más profundas son estas, más crecimiento de rebote se puede esperar para llegar al estado de partida”. Lo que se plantea en esta teoría supone la estabilidad estructural del modelo económico antes, durante y después de la crisis. Esta teoría podría ser aplicable a la mayoría de los países de Occidente que mantienen un modelo capitalista liberal “estable”, pero ¿es aplicable a la crisis y recuperación que ha vivido Bolivia desde 2019? Es decir, la crisis boliviana ¿ha tenido como situación de partida un modelo económico consistente y una proyección estructural estable? Lamentablemente no.

Para desgracia del pueblo boliviano, las condiciones previas a la pandemia fueron desastrosas para la economía. Desde el primer momento del gobierno golpista se inició un desmantelamiento intensivo del modelo económico basado en la inversión pública y la redistribución de los excedentes, con un ataque obsesivo contra las empresas estatales y la inversión pública, a lo que se sumó el asalto a las arcas del Estado. El complemento de ese desastre fueron las torpes medidas de política económica, orientadas a fortalecer a grupos específicos del sector privado oligárquico; y otras barbaridades procíclicas, como la intención de reducir el déficit fiscal en plena crisis.

El resultado de este catastrófico manejo de la economía ya se manifestó a fines de 2019, cuando el PIB, que debía crecer por encima del 4%, solo lo hizo al 2.2%, y el IGAE previo a la pandemia ya tuvo una caída notable. En 2020 el PIB tuvo una caída de casi 9% y la tasa de desocupación superó el 8%.

Por tanto, las condiciones de partida de la economía boliviana, previas a la pandemia, fueron catastróficas, y se desmanteló completamente el modelo económico sin sustituirlo con otro, es decir, durante el golpe de Estado la economía estuvo a la deriva.

¿Cómo hubiera sido la crisis del Covid-19 y el rebote si se mantenía el Mescp?

Los dos propósitos principales del Modelo Económico Social Comunitario Productivo (Mescp) son asegurar el crecimiento del producto y redistribuir los excedentes para mejorar la calidad de vida de la población, con la participación protagónica del Estado. Gracias a ello durante varios años Bolivia ha encabezado las tasas de crecimiento regional del PIB y otras variables macroeconómicas. Como resultados de este modelo destacan la disminución a la mitad las tasas de pobreza e indigencia y el ascenso de más de un cuarto de la población de ingresos de pobreza a ingresos medios.

El Mescp, vigente hasta octubre de 2019, había permitido la expansión de la economía como nunca en la historia, posibilitando un crecimiento inédito de la actividad económica, el empleo y asimismo la actividad empresarial, que creció sostenidamente. Como ejemplo vale recordar que la banca privada el año 2019 batió récord de utilidades, a pesar de una cuasi paralización financiera de tres meses causada por el golpe de Estado.

El Mescp además demostró sus atributos anticíclicos durante la crisis financiera del subprime en 2008, lo cual no fue casualidad, sino que coincide con dos recomendaciones de política fiscal, típicas para periodos de crisis: la inversión pública y las asignaciones directas. Estos instrumentos fiscales recomendados por su carácter anticíclico, en Bolivia son fundamentos del Mescp. Por ello afirmamos, sin duda alguna, que si el modelo se mantenía invariable en la pandemia la caída de la economía no hubiera sido tan desastrosa, y aún así la recuperación postpandemia hubiera sido más rápida y de mayor magnitud.

Entonces, con la elección de Luis Arce como Presidente y la reconstrucción del Mescp, se ha logrado un rebote más rápido, y si no ha alcanzado a los niveles comparables con otros países de la Región se ha debido precisamente a las desastrosas condiciones de partida y el desmantelamiento de la economía a manos del gobierno golpista. En 2021 el PIB de Bolivia creció al 6.1%, pero con seguridad esta tasa se hubiera duplicado si el Mescp se hubiera mantenido vigente durante la pandemia.

Por el contrario, si se mantenía el gobierno golpista el rebote postcrisis hubiera tenido una forma de “K”, es decir, los sectores empresariales privilegiados y la banca privada hubieran recibido el favor del Estado para su recuperación, pero el pueblo hubiera continuado con la caída de su situación económica “hasta que las empresas y el mercado recuperen su capacidad de ocuparse del pueblo”, retornando a los cantos de sirena neoliberales de la década del 90.

Son deplorables el cinismo del presidente de Cainco y otros empresarios y voceros neoliberales cuando critican las políticas económicas de Luis Arce, habiendo sido promotores y financiadores del golpe de Estado y del gobierno de Áñez, por tanto corresponsables de que el rebote no fuese de mayor magnitud.


  • Ecosocialista comunitario y militante del Proceso de Cambio.

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