agosto 9, 2022

EE.UU. ¿gesto de buena voluntad?


Por La Época-.


La flexibilización de algunas sanciones impuestas por Washington en contra de Cuba y Venezuela, a mediados de la semana pasada, podrían considerarse un gesto de generosidad orientado a diferenciar al gobierno de Joe Biden de su estrafalario antecesor si no fuera por el retraso con el que llegan o por la estrategia oculta que implica. El casi octogenario presidente de los Estados Unidos venía anunciando dicho cambio desde sus días de campaña. Una vez en el poder, sin embargo, mantuvo la rigidez del acoso contra las dos naciones caribeñas tal como lo hubiera hecho el hombre del peluquín dorado.

¿A qué se debe entonces? La cultura del meme puede ser suficiente para explicar este sutil cambio en la política exterior estadounidense. Frente a la posibilidad de que la guerra entre Rusia y Ucrania dificulte el acceso de su país y sus aliados a fuentes de energía hidrocarburíferas, algunos sátiros de las redes sociales describieron a Biden pegándole un telefonazo a Maduro preguntando: “¿Qué es de esa vida?, ¡perdido!”. El imperialismo es ruin en sus acciones, pero ciertamente no es estúpido.

Añadamos a esto que, a pesar del daño provocado por la administración Trump en pleno periodo de pandemia global, ninguno de los dos Estados que el Departamento de Estado ha incluido a su lista de “naciones que patrocinan el terrorismo” ha variado ni un ápice en su política interna, sino que más bien ha cohesionando a sus respectivas sociedades en contra de un imperio que muestra, asimismo, como un enemigo sin ambigüedad alguna. Si de algo sirvieran las sanciones, Cuba hubiera regresado a los brazos de los Estados Unidos hace tiempo, como muchas otras neocolonias en la actualidad.

Era de esperarse que las tensiones geopolíticas precipitadas por la iniciativa de Putin obligaran a los Estados Unidos a buscar cierto respaldo en la región que ha considerado históricamente como su “patio trasero”. El que dos Estados latinoamericanos (uno más influyente que el otro, claro) hayan anunciado que no asistirían a su soberbia Cumbre de las Américas el mes que viene, si se persiste con la intención de excluir a Cuba, Venezuela y Nicaragua del conclave, y que otros cinco hayan exhortado a reconsiderar la decisión, ciertamente han debido influir aunque sea un poco en las nuevas directivas emanadas desde sus centros de decisión. A nadie le gusta parecen un matón de barrio cuando otro está flexionando los músculos al otro lado del Atlántico.

Y ciertamente es poco lo que Washington cede, al final, pues el bloqueo se mantiene contra Cuba, así como la asfixia a la industria petrolera venezolana. Se permitirán, ahora, viajes desde los Estados Unidos hasta Cuba, se reanudará su política de reunificación familiar y se permitirá el ingreso de divisas a los niveles que habían antes de Trump, pero se mantendrá el bloqueo contra toda inversión o acto de comercio con la isla por parte de empresas estadounidenses y afiliadas, así como la guerra financiera en contra de Venezuela, a quien literalmente le han arrebatado su oro en Gran Bretaña.

Pero algo es algo, como algunos dirían, y ambas sociedades ciertamente podrían aprovechar un poco este acto de buena voluntad, en un momento en que los efectos de la pandemia se muestran persistentes, sacrificando sobre todo a los más pobres de cada país. En todo caso, no es algo que debería agradecerse, como nadie expresaría gratitud ante la buena voluntad del asaltante que al menos te permite quedarte con los zapatos. Como dice un comunicado de la Cancillería cubana, esas medidas van en la dirección correcta pero son insuficientes.

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