
Por Luis Oporto Ordóñez *-.
El Centro de Estudios Simón Bolívar de Caracas, que preside Alejandro López, organizó el “Coloquio Internacional: Bicentenario de la Batalla de Pinchincha”, un hito en la guerra por la independencia de América contra España. Esa brillante acción de armas a cargo del general Antonio José de Sucre, que comandó un Ejército multinacional conformado por neogranadinos, venezolanos, quiteños, guayaquileños, argentinos, chilenos y peruanos (24 de mayo de 1822), fue determinante para la toma de Quito, bastión defendido por el comandante realista Melchor Aymerich, el último presidente de la Audiencia de Quito, momento culminante del sueño de Bolívar de erigir una Patria Grande. En efecto, como resultado de esa histórica batalla Quito se une a la República de Colombia, “completando así el territorio de esta gran nación, integrada por Venezuela, Panamá, Colombia y Ecuador”.
Con el propósito de analizar el significado de esa batalla para la lucha actual revolucionaria de los pueblos y consolidar la unidad de nuestra América se organizó el coloquio internacional, conformado por tres mesas: I. Unión de nuestra América; II. Anticolonialismo y antiimperialismo; y III. Bicentenario: Desafíos de la Independencia, realizado en el histórico Teatro Municipal de Caracas, los días 23 y 24 de mayo, al que asistieron historiadores y cientistas sociales de Venezuela, Colombia, México, Cuba, República Dominicana, Bolivia, Ecuador, Chile, Brasil y Honduras.
Mi ponencia versó sobre “Indios y mujeres en la Independencia de la Audiencia de Charcas, 1780-1825”, expuesta ante una sorprendente audiencia, sumamente motivada. Eran alrededor de 300 personas, jóvenes en su mayoría, miembros de una academia militar, académicos, activistas culturales y políticos, que apoyan al gobierno del presidente Nicolás Maduro. Seguían con atención las conferencias y resaltaban las ideas-fuerza de los panelistas. Mi ponencia fue bien recibida, en particular el pasaje de las Heroínas de la Coronilla, por cuya hazaña Bolivia celebra el Día de las Madres el 27 de mayo. Este periodo ha sido abordado por la historiografía oficial ensalzando a los libertadores, grandes jefes militares y miembros de la élite, dejando al margen –en el caso de Charcas– a los líderes de las Republiquetas, las tropas de indios de las haciendas y las mujeres, invisibilizadas e ignoradas, situación similar en otros países. En mi ponencia destaco las trayectorias de un puñado de mujeres temerarias que pusieron su fortuna, sus indios y hasta sus hijos a la causa independentista.
En la corta visita a Caracas pude apreciar los efectos perversos del ilegal embargo económico de los Estados Unidos contra el pueblo venezolano, que afecta a los pobladores de una ciudad que lucha intensamente contra el infortunio. El sentimiento de “patria y Revolución” está presente en las anchas avenidas de la capital, que mantienen viva la memoria del Libertador y del comandante Hugo Chávez. Es un pueblo heroico, muy sufrido y estoico. Se observa pobreza en las villas instaladas en laderas de los cerros, a lo largo de la carretera desde el Aeropuerto Internacional de Maiquetía hasta el centro de Caracas. Sorprende el alto costo de vida, sin embargo, el pueblo organizado mantiene su apoyo incuestionable al Gobierno constitucional.
Nuestros anfitriones brindaron a los historiadores y cientistas latinoamericanos una fina y gentil atención. Facilitaron una visita guiada a la Casa Natal de Simón Bolívar, donde nació el Libertador el 24 de julio de 1783. Allí se instaló el Museo de Historia Patria, en la antigua casona de la alta clase social de la época colonial, que reconstruye las condiciones de vida de esa época y permite apreciar la vida cotidiana de una familia rica, con amplias dependencias y patios centrales, caballerizas y espacios destinados a los servicios. Se ha coleccionado los blasones y escudos nobiliarios de la familia Bolívar Palacios, en piedra y mármol. Estas casonas señoriales tenían, ya en esa época, ductos subterráneos de cerámica para trasladar el agua hasta las residencias, entre tanto el pueblo llano debía colectar el líquido en las Cajas de Aguas, en las afueras de la ciudad. Un árbol tricentenario es mudo testigo de la historia familiar.
Recorrimos la sala principal, el ala destinada a mujeres y la otra a varones, el dormitorio de Bolívar, el oratorio familiar. La Biblioteca está conformada por obras que leyó Simón Bolívar, entre ellas la Enciclopédye francesa, que iluminó a los independentistas como un faro, y la Correspondance de Frederic II avec Valtaire, actualizada con la célebre obra de Azupurúa Hombres notables de Hispanoamérica (tres vol.) y la compilación que hizo con Blanco, Documentos para la Historia del Libertador (ocho vol.), las obras de O’Leary Gran Colombia y España y La Emancipación del Perú; la compilación sorprendente de Vicente Lecuna sobre El Archivo de Sucre, Cartas del Libertador (ocho vol.), Vida de Simón Bolívar (dos vol.), Papeles de Bolívar (dos vol.).
El Museo, instalado hacia 1919, está iluminado con frescos de Tito Salas que reflejan la historia de América desde que Cristóbal Colón holló suelo americano, hasta los hechos memorables que dieron libertad a América del Sur en épicas jornadas bélicas de Carabobo, Pichincha, Ayacucho y Junín. Entre esos pasajes destaca la emigración de Caracas a Oriente, el 7 de julio de 1814, ante la amenaza de invasión y asalto de la ciudad por las siete mil plazas del general Tomás Boves, “sin las fuerzas armadas suficientes para hacer frente a los realistas, Bolívar iba a la cabeza de todos y detrás de él, 20 mil personas arrastrando pesados carros cargados con los restos de lo que había logrado salvar”, como relata Juan Uslar Pietri.
El centro histórico de Caracas, perfectamente conservado, ostenta la estatua ecuestre del Libertador, en cuya base se encuentra una precisión histórica: “Simón Bolívar. Libertador de Venezuela, Nueva Granada, Ecuador y Perú y fundador de Bolivia”.
Visitamos el Archivo General de la Nación, monumental edificio que custodia siete mil metros lineales de documentos, donde tuve el privilegio de ver los originales del Archivo del Libertador, el Archivo de Sucre y el Archivo del Generalísimo Francisco de Miranda “El Precursor”. Asimismo, el expediente colonial más antiguo de cajas reales de 1535. En ese recinto relaté ante el director, Jorge Berrueta, las fantásticas historias de estos archivos, registradas en nuestra obra Guardianes de la Memoria: Diccionario Biográfico de Archivistas de Bolivia, a tiempo de entregar un ejemplar para el Repositorio Nacional de Venezuela.
- Magister Scientiarum en Historias Andinas y Amazónicas y docente titular de la carrera de Historia de la UMSA.
Foto: Panel “Bicentenario: desafíos de la Independencia”: Luis Oporto (Bolivia), Erika Sylva (Ecuador), Omar González (Cuba).

Leave a Reply