agosto 16, 2022

Un catálogo singular: “Esculturas de Marina Núñez del Prado”

Por Luis Oporto Ordóñez *-.


En 1961 ediciones Galería Bonino incluyó en su colección el catálogo Escultura. Marina Núñez del Prado, que sumó a otros icónicos títulos como Basaldúa (Jorge Luis Borges), Seoane (Rafael Alberti), Raquel Forner (Guillermo de Torre) y Djanira (Jorge Amado). El hecho que publicara su Escultura en Galería Bonino (vigente entre 1951 y 1979) mostraba la importancia de la artista y el nivel internacional de consagración que alcanzó.

La Galería Bonino era la más prestigiosa en su época, “una vanguardia que contribuyó en la internacionalización del arte argentino en los años 60, pionera en tener tres sedes en simultáneo en Buenos Aires, en Río de Janeiro y en Nueva York”. Fue fundada por el italiano Alfredo Bonino, “que imaginó su galería como un lugar asociado al star system estadounidense; un renovador del mercado del arte en Buenos Aires por medio del manejo publicitario de las exposiciones, la construcción de locales específicos y el establecimiento de contratos con artistas”. En su sede de Nueva York frecuentaban sus exposiciones y performances estrellas de cine como Marcello Mastroianni, Joanne Woodward o Paul Newman, y en sus salas se escucharon conciertos de músicos célebres como el compositor alemán Stockhausen. Bonino fue un renovador del mercado del arte en Buenos Aires por medio del manejo publicitario de las exposiciones, la construcción de locales específicos y el establecimiento de contratos con artistas.

Con ese impactante paraguas presentó el catálogo Escultura, soberbia edición por varios detalles. La introducción fue escrita por Raúl Botelho Gosálvez, en la que afirma que “en América Latina, Marina Núñez del Prado es la única escultora que ha trascendido a la celebridad universal”; un apartado con “Datos para una biografía de Marina Núñez del Prado”, escrupulosamente documentado, desde su infancia, su inclinación por la música, su formación en la Academia de Bellas Artes, sus viajes triunfales por el mundo, los premios y reconocimientos con los que fue honrada, para –a su retorno– convertir su jardín en un taller de escultura; un “Retrato de Marina Núñez del Prado” escrito por Gabriela Mistral, amiga personal de la artista, en la que la caracteriza en todo su potencial: “Como en los mitos, ella nació para el menester de leer lo evidente al vuelto, y de rastrear lo escondido, salvándolo a la luz. Y labrada toda ella por la luz de los Andes, ha añadido al don de lugar su lealtad hacia la raza indígena”; una “Bibliografía” completa (libros, revistas y periódicos); una relación cronológica sobre sus 61 “Exposiciones” (1930-1960); con una sorprendente, poco usual y reveladora “Lista de Adquisiciones” con datos de cada una de las 133 obras de Marina Núñez del Prado y de sus compradores. En la parte principal despliega el catálogo con fotografías de 77 obras organizadas en “Reproducciones” (13), “Piedra” 1948-1952 (30), “Madera” 1955-1960 (13) y “Piedra” 1953-1960 (21). Esta invaluable información fue traducida al inglés por Herbert Thompson, con fotografías de Carol Sioles y Sophie Tilemans.

La bibliografía contiene referencias de 10 libros (publicados en Bolivia, Argentina, México, los Estados Unidos y Alemania), 33 artículos publicados en revistas de 13 países (los Estados Unidos, Bolivia, Perú, Brasil, Italia, Cuba, México, Venezuela, Argentina Costa Rica, España, Gran Bretaña y Chile) y 36 notas de prensa publicadas en 11 países de América y el Caribe (los Estados Unidos, Bolivia, Brasil, Perú, Cuba, Uruguay, México, Venezuela y Argentina) y Europa (Italia y Francia).

Entre sus 61 exposiciones, la primera la realizó a los 20 años, recién egresada de la Academia de Bellas Artes, en el Club de La Paz. Tomó la plaza fuerte de los Estados Unidos en 1941 con la Beca Latinoamericana de la Asociación Americana de Mujeres Universitarias, y prolongó su estadía hasta 1948. En 1946 la Asociación Americana de Mujeres Artistas de Nueva York le concede la Medalla de Oro por su obra “Miners in revolt” (“Mineros en revolución”), en la que denuncia la masacre de Catavi del 21 de diciembre de 1943, pequeña escultura en madera nogal, bidimensional y plana que actualmente se encuentra en el Hall de la Corporación Minera de Bolivia. Retornó a Bolivia y viajó por países de Europa y en la XXVI Bienal de Venecia (1952) se “le concede un salón especial para exponer 24 esculturas”; regresa a ese espacio en la edición XXVIII (1956).

El catálogo caracteriza las diversas etapas que atravesó. Así tenemos que, en su etapa formativa, el primer período de su creación está caracterizado por emplear en sus obras la temática musical, en la que se relacionan los ritmos musicales con los plásticos; hay una preferencia en el empleo de la madera en esculturas bidimensionales planas. Durante su estadía en los Estados Unidos inicia el segundo período, que se identifica por su acercamiento al tema social boliviano, en el que se hace eco de los conflictos que afectan al país, entre ellos la masacre de mineros de 1943, que denunciará a la comunidad internacional con un tipo de escultura bidimensional y plana. El tercer período destaca por su incursión en la escultura en piedra tridimensional, también conocida como el período “maternal”, debido a las representaciones de madonas aymaras indígenas. Por último, el cuarto período es el neoabstracto, influenciado por su amistad con artistas que cultivaron el abstraccionismo.

El catálogo es sorprendente. Analizando la “Lista de Adquisiciones” identificamos un total de 18 ciudades, con relación precisa, y 15 países, y podemos determinar con precisión que su obra fue adquirida por 121 particulares, ocho museos, una biblioteca, un club social, un palacio de gobierno y la Unión Panamericana. Entre los bolivianos que adquirieron su obra figuran Walter Guevara Arze, Guillermo Killman, Jorge Gallardo, Saturnino Rodrigo, José de Rivera, Raúl Weil, el Club Social Cochabamba y el Palacio de Gobierno.

Pero el catálogo posee un detalle más que revaloriza de manera notable esta edición. El colofón (un arte en vías de extinción), reza a la letra: “Se acabó de imprimir este libro el 5 de septiembre de 1961 para Ediciones Galería Bonino en la imprenta López, Perú 666, Buenos Aires. Rep. Argentina”. En la segunda parte nos da una revelación singular: “De esta edición se tiraron 500 ejemplares numerados desde el N° 1 al 500, firmados por la autora”.

Encontramos el catálogo en la visita que hicimos recientemente a la Villa de París, casona colonial del Museo Nacional de Arte (MNA), periplo que incluyó su biblioteca especializada. Cuando tuve el ejemplar en mis manos pude comprender el alcance singular de este catálogo. El ejemplar que resguarda el MNA lleva el N° 43 y la firma autógrafa. Pero la sorpresa mayúscula fue la noticia de que en la Casa Museo Marina Núñez del Prado existen 163 ejemplares del preciado libro, de los cuales 80 llevan numeración y firma.


  • Magister Scientiarum en Historias Andinas y Amazónicas y docente titular de la carrera de Historia de la UMSA.

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