
Por Luis Oporto Ordóñez *-.
La Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, entidad de derecho público creada por Ley 1670 de 31 de octubre de 1995, administra nueve repositorios nacionales y centros culturales, como la Casa Nacional de Moneda (Potosí), Casa de la Libertad, Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (Sucre), Museo Nacional de Etnografía y Folklore, Museo Nacional de Arte, Centro de la Revolución Cultural (La Paz) y Centro de la Cultura Plurinacional (Santa Cruz). A ellos se sumaron recientemente la Casa Museo Fernando Montes, Marina Núñez del Prado y Gil Imaná-Inés Córdoba, en la sede de Gobierno. Estos están instalados en un total de 11 inmuebles patrimoniales y ocho no patrimoniales, con 49 mil 774m² de construcción y 38 mil 681m² de superficie de terreno.
Estos datos reveladores cobran sentido cuando analizamos el tema de espacios públicos, que están conformados por 119 salas de exposición permanente, 17 salas de exposición temporal, seis salas audiovisuales, cinco salas de investigación, siete auditorios, 16 espacios alternativos de uso cultural y 21 depósitos de archivo.
La misión de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia es la de “recuperar, fortalecer, salvaguardar, custodiar, conservar, investigar, fortalecer y difundir el patrimonio cultural material e inmaterial del Estado Plurinacional de Bolivia que se encuentra bajo su responsabilidad, así como promover las manifestaciones y producciones culturales, garantizando espacios de acceso, encuentro, diálogo y acción desde la equidad y diversidad”.
En la gestión 2021, el Consejo de Administración de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia ha definido y aprobado tres lineamientos estratégicos: organizar, preservar, restaurar e incorporar patrimonios culturales; democratizar las visitas y el acceso a los patrimonios y bienes culturales para apoyar al desarrollo del Estado y abrir espacios de diálogo intercultural, estimando la producción intelectual y cultural para apoyar el desarrollo humano del Estado, en el marco de las políticas públicas de descolonización, despatriarcalización y territorialidad.
No podía ser de otra manera, pues los espacios públicos que administra deben estar al servicio de la sociedad, a la que la Fundación se debe. Entre los miembros más sensibles de esos beneficiarios está la población escolarizada, conformada por estudiantes de escuelas, colegios y universidades, los que se benefician con el ingreso libre e irrestricto a sus instalaciones durante todo el año, pues comprendemos que “siempre los museos han tenido claro su papel cultural como depositarios de conocimiento, pero frecuentemente estos conocimientos se han dirigido a un público erudito”, aunque son menos amigables para públicos más amplios, lo que implica mayores desafíos, pues “en el momento en que los museos se comprometen a ser espacios de instrucción, educación y divulgación orientados a público diverso, entre ellos al escolar, se han visto obligados no solamente a presentar su patrimonio, sino a hacerlo comprensible”, es decir que “esto ha implicado saber transferir todo un conjunto de conocimientos científicos de manera que facilite llenar el saco del bagaje cultural del que todo ciudadano debería disfrutar”, como lo plantea Magda Fernández. [1]
Los espacios públicos de los Repositorios Nacionales y Centros Culturales, por otro lado, son más que las salas de exposición, como lo vimos anteriormente, y eso abre horizontes insospechados hacia un público beneficiario mayor, como son los creadores de artes y culturas, los gestores culturales e intelectuales, lo que torna al espacio público en un elemento estratégico para el desarrollo nacional. O sea que “la accesibilidad en términos culturales es entonces parte de una construcción social, que establece un vínculo entre un bien cultural, el cual presta un servicio al público, involucrando variables intrínsecas como: tipos de contenidos presentados, publicidad, recursos económicos, características de la edificación y otros y un sujeto que tiene la posibilidad decisoria de acceder, y la facultad de conectarse con otros individuos iguales y diferentes, como parte de lo que se mencionaba como pluralidad humana en el tercer espacio; condicionales indispensables para mostrar y propiciar aquel rostro tolerante y plural de una ciudad amable y segura a la todos tenemos derecho”, como lo plantean Sousa y Díaz. [2]
Los espacios públicos que sostienen los Repositorios Nacionales y Centros Culturales dependientes de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia se nutren con actividades permanentes que benefician a sectores mayoritarios de la sociedad boliviana.
Es importante remarcar que estas actividades se desarrollan en cumplimiento de la ley de creación y los estatutos de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (Ley 1670 de 31 de octubre de 1995), en estrecha coordinación con el Ministerio de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización, con el soporte financiero del Banco Central de Bolivia.
Estos espacios públicos son de libre acceso para la población escolarizada (escuelas, colegios y universidades), considerando que estos grupos etarios deben asimilar, en todo su alcance, el carácter plurinacional del Estado boliviano, en el que conviven pueblos y naciones indígenas, interculturales y afrodescendientes, como bien lo señala la CPE.
Las formas de creación cultural son parte de la identidad del pueblo boliviano. Esa la fortaleza del Estado Plurinacional. La Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia expresa la voluntad política del Estado de financiar la cultura, la investigación y la creación artística. Muy distinta a la del gobierno de facto, que cerró el Ministerio de Cultura al calificarlo como “gasto absurdo e innecesario”.
* Magister Scientiarum en Historias Andinas y Amazónicas, docente titular de Archivística en la Carrera de Historia de la UMSA.
1 Fernández, Magda: “Los museos espacios de cultura, espacios de aprendizaje”, en: IBER. Didáctica de las Ciencias Sociales, Geografía e Historia. Nº 36, 2003: Pp. 55-61.
2 Sousa González, Eduardo; Díaz Meléndez, Adela: “El espacio público como eje estructurador lugar de interacción y reconocimiento del otro”, en: Urbano, vol. 18, núm. 32, noviembre, 2015, pp. 16-25, Universidad del Bío Bío, Concepción, Chile.

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