Por Soledad Buendía Herdoíza * -.
La política como disputa de las esperanzas, Álvaro García Linera
La historia de la Humanidad se presenta como un proceso de constante incertidumbre, en la que los cambios están relacionados a las demandas sociales. El marxismo planteó en su momento que estos cambios se dan por la lucha de clases: “Toda la historia de las sociedades humanas hasta nuestros días es una historia de lucha de clases. Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otra franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes”, apuntó Marx.
No hay duda de que las luchas contra la opresión y las injusticias han motivado en todos los rincones del mundo procesos de transformación y estallidos sociales que requieren respuestas a diferentes niveles de los Estados. “El eclipse de las utopías será solo pasajero. Una nueva utopía surgirá desde lo profundo de la sociedad, aunque no sepamos cuándo ni dónde ocurrirá”, dijo Enzo Traverso. Justamente son esas utopías las que permiten y dan sentido a las luchas sociales y es la política la que permite el caminar hacia ellas.
Ningún país de nuestra Región se escapa de esta afirmación, cada uno ha sido testigo y protagonista de muchas acciones colectivas transformadoras. La palabra política etimológicamente proviene del latín “politicus”, y del griego “politiká”, que alude a la “cosa pública”, como indica la RAE. En la antigua Grecia, donde se acuñó este término por primera vez, se decía “político” a todo aquel que se preocupaba de los asuntos comunes.
El término incluye múltiples dimensiones, pues es concebido como la ciencia y el arte de gobernar. En este orden de ideas, la política es una asociación de relaciones, voluntades intereses y negociaciones para el ejercicio del poder. La política, en la actualidad, está muy estigmatizada, pues lejos de ser un espacio de debate sobre cómo construir el bienestar colectivo se ha transformado en una pelea de intereses particulares y de grupo.
La política y lo público están en disputa, como señala García Linera; resignificar el accionar de lo político, darle anclaje en las causas ciudadanas es indispensable para canalizar los sueños movilizadores de la gente. Nuevos símbolos y nuevas narrativas permitirán consolidar el nuevo ciclo progresista para gobernar y hacer política centrada en el ser humano.
* Asambleísta del Ecuador.

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