Por Sara Valentina Enriquez Moldez -.
El lunes 31 de octubre se “celebró” Halloween y existieron elementos que llamaron la atención e hicieron evidente algunos aspectos difíciles de aceptar. Hablando particularmente desde el caso paceño, me sorprendió la cantidad de gente que asistió esa noche: desde la Plaza San Francisco hasta la Plaza del Estudiante no había espacio entre las personas para transitar. Dada esta situación, podemos sacar una breve y acertada conclusión: Halloween ya está entre nosotros, para bien o para mal, y todo el ambiente da a pensar que su presencia se seguirá expandiendo. Compañeros, hay Halloween en Bolivia, es un hecho. Y a los hechos no se los niega, se los cuestiona.
Es visible que Halloween, más allá de su origen celta, se mundializó con la hegemonía estadounidense, no por otros motivos. Sin embargo, este escrito no tratará sobre la hermenéutica de la hegemonía yanqui ni el proceso de alienación, aunque se deberá tener presente estos recursos para un análisis integral de lo que presentaremos.
A causa de esta demostración de la hegemonía del Norte se suscitaron muchísimas fiestas de disfraces de Halloween en las ciudades de Bolivia. En lo personal, por primera vez asistí a una de estas, que se produjo en la Zona Sur de La Paz. Resultó ser interesante la cantidad de elementos analizables en dicho acontecer, no obstante, seré honesta, me sentí profundamente indignada por dos o más “disfraces” que vi, y es de esto que tratará esta columna.
Uno de esos “disfraces” en cuestión se trataba de una “anticuchera”, quien usaba como disfraz dos trenzas, una pollera, unas mangas, una parrilla donde simulaban ir los anticuchos, y le colgaba un letrero que decía: “Simple, doble y triple”. Además se pintó la cara, para simular ser morena.
El segundo “disfraz” se trataba de un indígena. Es decir, fue un blanco que se puso un ch’ulo, un poncho y un par de ojotas.
Como podemos apreciar, se manifiestan varios elementos para ofenderse y por analizar en ambas vestimentas. Halloween se estableció socialmente como una fiesta que trata de glorificar las cosas terroríficas; un día para disfrazarse por diversión y ocio, lo cual no está mal, es humano. Lo que está mal es que tal “diversión” venga a costa de una apología a la opresión a otros. Que la “diversión” radique en una manifestación fatal de poder, de ignorancia y de desconexión total con la realidad, probablemente ignorada por privilegios. Esto tiene que quedar claro: si tu disfraz está inspirado étnica o culturalmente es racista, no hay dónde perderse.
Por supuesto que habrá quienes digan que no lo hacen con esa intención, que solo es por “divertirse”, y que lo hacen con completa inocencia. Personalmente no creo en esta “inocencia” con la que maquillan su racismo recalcitrante. Debido a que no importa con cuánta inocencia sonrías en la foto o en TikTok, el blackface (cuando se pintan la cara morena) es lo más opuesto a lo inocente, es un símbolo del genocidio negro o a los pueblos indígenas por parte del Occidente, con sus respectivos estereotipos. El blackface surge en las cortes europeas, cuatro siglos atrás, cuando los nobles se pintaban el cuerpo para representar teatralmente a las personas que esclavizaban y que iban a llevar en calidad de animales a América. El blackface es el ser humano blanco disfrazándose de su esclavo por “humor”. Claro que este dato no todos lo saben, pero es una demostración más acerca de la relación de poder histórica que existe y que los “inocentes” ignoran.
Quienes se disfrazan de anticuchera o indígena son racistas, y por lo tanto inconscientes, porque quienes pueden disfrazarse de eso no tienen que vivir con estigmas asociados con tal “disfraz”, porque ellos se lo pueden quitar. En cambio, para mucha gente no es un simple e “inocente” disfraz, son sus vidas cotidianas.
Se podrán poner disfraces de anticucheras o de indígenas, pero nunca tendrán que pasar por escenas de riesgo como trabajar hasta la madrugada, vender anticuchos a borrachos, marcharse tarde y ponerse en riesgo solo para poder comer y sobrevivir en este mundo injusto y capitalista.
El principal problema de esta falsa inocencia es que decide ignorar la historia de nuestros pueblos, la realidad de nuestros días, las relaciones de poder, el origen de la desigualdad y los motivos que explican porqué el mundo es como es. Ignorar la realidad es oprimir; maquillar el racismo con inocencia es oprimir el doble, ya que vuelven a usar su poder para legitimarse.
Para darnos cuenta porqué disfrazarse de anticuchera es racista solo es necesario formularse algunas preguntas: ¿Por qué los indígenas en Bolivia no tenían plenos derechos hasta hace algunas décadas? ¿Por qué tu disfraz de anticuchera responde a un estereotipo indígena? ¿Por qué te tienes que pintar la cara de morena para tu disfraz? ¿Por qué para disfrazarte de anticuchera tienes que usar pollera? ¿Qué relación tiene el coloniaje con el capitalismo? Evidentemente las preguntas son diversas, algunas son fáciles de plantear y otras no tanto. Lo que es más difícil es responderlas. Sin embargo, las preguntas existen.
Solo algunos pueden jugar a ser pobres, y son quienes al mismo tiempo se jactan de sus privilegios, algo divertido entre privilegiados.

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