Por Esteban Ticona Alejo * -.
A raíz del último conflicto sociopolítico y del bloqueo de caminos en Llallagua (norte de Potosí) se generó una serie de adjetivos y hasta se ha estigmatizado a los habitantes de los ayllus de la región y a otros similares de la región andina del país. El asunto de fondo es el supuesto protagonista de las poblaciones del ayllu Chullpa en actos ilícitos: el narcotráfico. Es posible que algunos integrantes del ayllu citado estén involucrados en estas actividades, que tendrían que ser investigas y sancionadas por las autoridades competentes, pero generalizar que son todos los ayllus es un despropósito.
¿Qué es el ayllu o comunidad? Es la otra sociedad, la que fue invadida por el colonialismo externo e interno, diferente a la occidental. Son aquellas unidades de parentesco y territorio que conforman la célula social básica de la “organización andina” y está estructurado en un complejo sistema segmentario de varios niveles, escalas demográficas y territoriales. Ayllu es sencillamente la raíz profunda, o jatha en aymara.
Es lamentable que solo se hable del ayllu cuando se trata de hechos luctuosos como las pérdidas de vidas humanas. Desgraciadamente son casi todos los medios de información, y varias declaraciones de autoridades nacionales y regionales, incluidas redes sociales, quienes amplificaron el supuesto indebido. Incluso se sostiene que los francotiradores serían parte del ayllu citado.
Otro hecho deplorable es la reacción de las y los habitantes de la pequeña ciudad de Llallagua, otrora urbe minera y cuna de grandes dirigentes mineros revolucionarios que soñaban con la justicia social plena y para todos los habitantes de Bolivia. En esta contingencia un dirigente del Comité Cívico de la capital retiró la wiphala del mástil de la plaza principal sustentando que ese símbolo “nos hace pelear y no vale la pena”. Obviamente es un justificativo para increpar el emblema de los pueblos ancestrales, en este caso de los ayllus de la región.
Al ver estos hechos me hizo recuerdo a la Llallagua de principios de los años 90, cuando comunarios de los ayllus llegaban a la feria y a la plaza principal hablando en aymara y en voz baja. Al acercarse algún habitante de la ciudad comenzaban a hablar en quechua. ¿Por qué se hablaba en aymara y casi susurrando? El idioma era percibido como “muy indio” y “mal visto” en un medio minero quechuizado y que gozaba de gran prestigio social.
Hay que recordar que los ayllus de esta región nortepotosina son aymaras y por varias circunstancias hablan quechua, y hoy se piensa que son quechuas. También recuerdo cómo Radio Pío XII de Siglo XX solo emitía programas en quechua. Sin embargo, cuando el centro minero, por las políticas neoliberales de la “relocalización” o despido masivo de los trabajadores mineros, tuvo que implementar transmisiones en aymara, lo hizo porque los hablantes quechuas habían abandonado la ciudad.
La actuación del representante del Comité Cívico de Llallagua está imbuida en el espíritu discriminador y racista contra los ayllus. Los comunarios del ayllu Chullpa siempre manifiestan que la ciudad de Llallagua está dentro de su territorio. Es decir, son los verdaderos propietarios de estos dominios ancestrales.
En este conflicto las actitudes de los habitantes urbanos y la forma cómo se ha informado muestran a los comunarios de los ayllus como los invasores, los acechadores, los violentos, hasta narcotraficantes y los asesinos más crueles. ¿Cuánto hemos cambiado como sociedad comparando con acciones de fines del siglo XIX y principios del siglo XX donde también se pensaba que los indios eran salvajes? Por ejemplo, en el juicio contra los indios sindicados por la “hecatombe” de Mohoza, ocurrida en 1899, y enjuiciados en los primeros años del siglo XX.
Las y los periodistas de varios medios de comunicación que cubrieron los sucesos no se animaron a entrevistar a comunarios del ayllu Chullpa u otros. Posiblemente la gran ignorancia de no saber qué es un ayllu ni sus idiomas haya sido el factor que los llevó a repetir viejos estereotipos con gran contenido excluyente. No es posible solo abanderar al ayllu para folklorizar su vestimenta, sus bailes y su música, pero cuando el comunario/a del ayllu manifiesta su rebeldía son cuestionados, perseguidos y se convierten en los más indeseables. Pasir urunakanxa wali ch’axwawiwa utjawayi kha Llallagua markana. Ayllu Chullpa jupankirinakaruwa wali jisk’achawayapxi. Arsusiñasawa uka ñanqha lurawinakata, ¿janicha?
* Sociólogo y antropólogo aymara boliviano

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