septiembre 3, 2026

El llamado a la unidad del pueblo y algunas mezquindades como respuesta


Por La Época -.


En las Elecciones Generales del 17 de agosto está en juego la continuidad del Proceso de Cambio y la existencia del Estado Plurinacional. El riesgo de que las fuerzas conservadoras y de derecha triunfen es alto, más por deméritos de las fuerzas progresistas y de izquierda.

La estrategia de los Estados Unidos, asentada en el eje de la implosión, ha logrado hasta ahora su objetivo. Lo que se suponía unido, a pesar de sus diferencias, se ha fragmentado. No hay organización social que esté fuerte. Pero además el grado de confusión es alto, la desesperanza va tomando cuerpo y el tiempo pasa.

De ahí que sea positivo y responsable el llamado a la unidad social y política que hace el presidente Luis Arce. La Historia es lo suficientemente concreta y categórica al mostrar que cuando el pueblo y sus organizaciones se unen no hay contendiente al frente que puede evitar su victoria en todos los campos.

La respuesta a esa convocatoria de Luis Arce no es de la que todavía se espera. Tanto un candidato presidencial como uno a la Vicepresidencia van contra el sentimiento de lo que las bases quieren y, con un dejo de absoluta mezquindad, han sostenido que el Presidente se dedique a la gestión. Este tipo de respuesta expresa la aplicación de una concepción de individualismo metodológico y de la política en la que solo los candidatos pueden emitir criterios valederos. Pero se han quedado en eso, pues hasta ahora no se conoce una iniciativa, responsable y necesaria, como la formulada por el Jefe de Estado.

No hay tiempo que perder. Ninguno de los candidatos a la Presidencia puede triunfar solo. No hay duda que el voto que recibirán el 17 de agosto será por encima de lo que establecen las encuestas, pero también es cierto que ubicarse en primer lugar o incluso ganar en primera vuelta requiere de la unidad. El solo anuncio de la unidad será potente, cambiará el estado de ánimo de las bases y producirá una ola de activismo social y político que se irradiará por todo el país.

Por eso, los candidatos y sus entornos deben dejarse de ver el ombligo o de asumir que tienen la verdad absoluta. Mantener ese tipo de práctica política es cuidar sus intereses particulares y personales, tener una práctica política burguesa, y no poner en alto los intereses del pueblo y de la Patria.

Los partidos de la derecha y la ultraderecha ya cantan victoria. A pesar de los miles de dólares invertidos en su campaña, desde al menos tres meses antes de fines del año pasado, sus techos electorales se mantienen invariables. Son los mismos niveles de respaldo que tuvieron en dos décadas de neoliberalismo y que los obligó a impulsar la “democracia de pactos”.

Eso quiere decir que la población no está de acuerdo con la receta neoliberal que proponen. Lo que la gente espera es una autocrítica de los dirigentes y autoridades del campo nacional-popular, un mensaje de que se rectificarán los errores o las deficiencias cometidas y que se incorporará todo lo que permita avanzar.

No es el momento de mezquindades. El pedido de unidad es de la inmensa mayoría de la población.

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