
El debate sobre la mano de obra de procedencia africana en la Villa Imperial de Potosí sigue vigente. Tal parece que en recientes trabajos no se considera ese sector laboral en la explotación o beneficio de la plata potosina. Sin embargo, las ricas y siempre sorprendentes fuentes primarias del Archivo Histórico de Casa Nacional de Moneda documentan el papel que cumplió la mano de obra de la población esclava negra en la Villa Imperial de Carlos V.
Con acierto incuestionable, Casa Nacional de Moneda, repositorio nacional dependiente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (Fcbcb), prepara la publicación de un documento revelador: se trata del expediente titulado El Prior y hermanos del Hospital del Beato Juan de Dios de esta Villa de Potosí contra Francisco García de Frías sobre la hornaza y negros que fue de Juan Rodríguez de Vergara, 1626-1628. Son tres libros de cuentas de alto valor para comprender la historia económica de la Villa Imperial de Potosí, ligada umbilicalmente a la economía mundial, que fueron inscritos como Memoria del Mundo en la XIX reunión del Comité Regional de América Latina y el Caribe del Programa Memoria del Mundo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), realizado en la ciudad de Panamá en octubre de 2018.
Se trata de una preciosa edición facsimilar de los libros de cuentas que permiten una aproximación documentada al mundo laboral de los esclavos negros, el número de trabajadores asignados a la hornaza (taller industrial de fundición de barras de plata para fabricar monedas en la Casa de Moneda de Potosí), noticias de su procedencia, en el que llama la atención el tráfico que hacía de ellos Juan García de Oropesa, escribano de la cárcel que llevó dos negros afirmando que “pagué de costas y comida que debían”, datos sobre su frugal régimen alimenticio, la vestimenta, sus rencillas internas.
Este manuscrito de principios del siglo XVII registra los gastos diarios de una hornaza, inserto en un expediente judicial de mejor derecho propietario sobre la hornaza que enfrenta a religiosos del Hospital del Beato Juan de Dios contra su administrador, que presenta como prueba documental la información contenida en tres libros diarios que describen los gastos de manutención de la población negra esclava en el trabajo pesado de la fundición de barras de plata a 4.000 m.s.n.m. Lleva anotaciones diarias efectuadas por el administrador de la hornaza: compras de carne de res, pescado, pan, vino y chicha destinados a la alimentación de los esclavos, capataces y mayordomos, y gastos de vestimenta de los esclavos negros (paños de Quito y calzones de bayeta). Describe las herramientas fabricadas exprofesamente por los herreros –cepos, grilletes y prisiones– para prevenir la fuga y limitar la locomoción en el trabajo cotidiano, así como los insumos utilizados en el trabajo de la hornaza.
Registra los nombres de los esclavos y su nación de procedencia: Manuel Angola (Angola), Juan Senca (Congo), Juan Biobo (Guinea); lista que se engrosa notablemente con nombres como Antonio Malenba, Pablo, Manuel, Francisco, Juan Antonio, Juan Bjho, Alejandro mulato, Gaspar, Mateo, Manuel, Domingo Tarquina, Ambrosio, Juanillo, Gerónimo de Trujillo mulato, Pedro Díaz Bueno.
El texto permite conocer la forma de vida de los esclavos recluidos en un horno de fundición de plata que permanecía encendido las 24 horas del día; descansaban sobre tarimas de madera forradas con cuero de carnero, así como se obligaban a oblar limosnas que el capataz abonaba para la celebración de misas para fiestas religiosas de la ciudad, como se registra: “hoy dicho día miércoles cuatro de octubre día de San Francisco se dieron dos pesos al padre que dijo la misa en la capilla de la casa de la moneda que le cupo a nuestra hornaza pagar este día la limosna” y, en otras ocasiones, se oficiaba misa al interior de la hornaza, como el “día de la Limpia Concepción de Nuestra Señora ocho de diciembre […] para que se dijera la misa a la gente de la hornaza”. El libro de cuentas es revelador, también, para conocer los gastos de muerte de un esclavo: “este dicho día miércoles 9 de diciembre murió Manuel negro de la hornaza y pagué al que hizo la sepultura un peso y a los clérigos siete pesos todo monto ocho pesos”.
Los tres libros de cuentas abarcan tres años. El primero inicia su registro el 9 de octubre de 1626 y concluye el 3 de marzo de 1627; el segundo empieza el 6 de junio de 1627 y concluye el 3 de marzo de 1628; y el tercero inicia el 4 de marzo y cierra el 6 de octubre de 1628. Estos tres libros, llevados con probada prolijidad y bajo juramento de ley ante escribano público, dan cuenta de la fe pública que testimoniaban y demuestran de manera documentada el costo de mantenimiento de mano de obra de una hornaza, los insumos propios de la labor de fundición (hierro, carbón, candela), alimentación (pan, pescado, carne de res), vestimenta para los esclavos negros y el personal asignado a las hornazas. En efecto, los gastos erogados para garantizar faenas de 24 horas al día, los siete días de la semana y el año, asciende a cinco mil 706 pesos con tres tomines (Libro 1) 3t, mil 276p / (Libro 2) 5t, dos mil 302p / (Libro 3) 5t, dos mil 127p.
Estas pruebas documentadas nos introducen a un mundo desconocido, en el que se observan las relaciones sociales de tipo esclavista-feudal que caracterizan a la explotación de la plata en la Villa Imperial de Potosí. Es un mundo en el que se observan los roles que desempeñan distintos niveles de autoridad y responsables, encarnados por el propio dueño quien es, literalmente, “dueño y señor de almas y haciendas”, secundado por sus mayordomos y capataces, jefes de partida, escribanos a su servicio que dan fe de sus actos, albañiles, peones, herreros, barberos, inclusive la obligación de pagar misas a los curas, de acuerdo con turnos establecidos ineludiblemente.
Es una puerta amplia, abierta, para conocer un mundo ignoto, velado, en el que se observan sorprendentes usos y costumbres que muy a su pesar los dueños se ven obligados a tolerar, como la entrega de “dos botijas de chicha para dar a los negros […] porque dijeron que era uso y costumbre dárseles cuando empezaban a labrar partida”, e incluso a fomentar, como se observa en la entrega de “tres botijas de chicha por ser muchos [los esclavos negros] y empiezan a trabajar en la partida de Diego López Trujillo que es grande”, una tradición propia del mundo laboral que superó a la Colonia y llegó hasta nuestros días.
Los datos sobre el costo de mantención de mano de obra calificada aparecen hasta en 16 registros. Así tenemos que el 3 de marzo de 1628 se paga “quinientos pesos que se han gastado en dar de comer y cenar a el mayordomo que á tenido a cargo la hornaza y la gente y á trabajado con ella en la dicha hornaza un año y cinco meses”. Este funcionario fue entregado por “Alonso Reluz de Guerta, tesorero propietario de la casa de la moneda de esta villa de Potosí el que hizo en mi nombramiento de capataz”. Otro ejemplo, de los muchos que existen, es el de “Gerónimo de Trujillo mulato oficial monedero (a quien se pagó) ciento y ochenta pesos corrientes por razón de quince meses que ha trabajado en la hornaza pues acá que tome posesión de ella a razón de a doce pesos cada mes que montaron la dicha cantidad”.
El personal asignado a una hornaza podía fluctuar hasta 16 operarios, de los cuales se ha documentado entre nueve y trece esclavos negros asignados a la hornaza del prior y hermanos del Hospital del Beato Juan de Dios.
Con estos datos fidedignos, con valor de prueba, se puede contrastar las noticias que, sobre esclavos negros de propiedad españoles, aparecen en la Historia de la Villa Imperial de Bartolomé Arzans Orsúa y Vela.
La historia de la población negra y su relación con sus “propietarios” se nutre con la información de estos libros de cuentas que aportan datos documentados sobre su vida cotidiana, su dieta, sus usos y costumbres y también sobre los males que les afectaban producto de rencillas internas y enfermedades naturales. Es una veta documental de inapreciable valor para reconstruir la historia económica de las hornazas y las historias de población negra, identificada con nombres propios asignados, lo que les otorga identidad histórica.
Por Luis Oporto Ordóñez: Magister Scientiarum en Historias Andinas y Amazónicas y docente titular de la carrera de Historia de la UMSA

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