Por La Época -.
El siguiente domingo se dirimirá cuál de las dos candidaturas de derecha gana las elecciones en Bolivia, que asumirá la conducción del Estado Plurinacional a partir del 8 de noviembre próximo a pesar de los intentos, hasta ahora fallidos, de algunas facciones políticas de evitar la segunda vuelta.
Las dos candidaturas no le han planteado nada nuevo a la población que no sea, en contenido, el regreso a un modelo neoliberal, cuyos resultados negativos para el país y la población se conocieron en dos décadas (1985-2005). Tampoco le ofrecen ninguna certeza de que la situación económica, derivada del bloqueo económico que esa derecha y el evismo desarrollaron contra el presidente Luis Arce, vaya a mejorar, al menos parcialmente, en el corto plazo. Ya no hay que esperar hasta diciembre próximo para asegurar que el escenario no registrará una mejoría en el nivel de vida de la población. Ante eso el escudo será echarle la culpa al Gobierno saliente, solo que ese recurso enfrenta un “pequeño” problema: en su campaña ambos candidatos le aseguraron a la población que desde su entrada la gasolina estaría asegurada al igual que el control de la inflación que ocasiona la elevación de precios de los productos en general.
Como se dice, otra cosa es con guitarra. El incumplimiento de lo ofrecido a costa de una brutal ofensiva contra el Gobierno va a producir un nivel de insatisfacción social general que hará caer rápidamente la popularidad de quien ocupe la Casa Grande del Pueblo. Ante movilizaciones sociales que serán la constante, no hay que ser brujos para anticipar que la respuesta será la represión y la persecución política. Por eso no hay que generar expectativas que de antemano se sabe no podrán ser satisfechas.
El panorama que se viene no es fácil. El propio empresario Samuel Doria Medina, que como candidato aseguró iba a resolver o al menos atenuar los efectos de la crisis en 100 días (lo que ciertamente la mayor parte de la población no le creyó), ha adelantado que se vienen años difíciles. Eso tiene una doble lectura: de una parte, el empresario estaba engañando a la gente; y de otra, no cree en el candidato al que está apoyando ahora.
Por si fuera poco, el análisis de la situación nacional debe ser visto también en clave geopolítica. Dos presidentes de la Región que ya aplican el programa ofertado en Bolivia están enfrentando una oleada de protestas y de rechazo por el fracaso de sus medidas económicas. Milei ha sido derrotado hace pocas semanas en las elecciones locales en Buenos Aires y Noboa no ha podido detener las movilizaciones en todo el territorio ecuatoriano.
Por eso, nada mejor puede esperarse del nuevo Gobierno. Las recetas de los organismos internacionales no darán resultado y solo confirmarán que el capitalismo enfrenta una crisis irresuelta en términos estructurales.
Eso no quiere decir que no deba reconocer errores ni dejar de criticar lo que estuvo mal. No por nada el Proceso de Cambio se fue vaciando de contenido. Hay que asimilar las duras lecciones.
Pero una cosa es segura: la gente resistirá y se debe estar preparado para ser parte de esa resistencia.

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