Por Soledad Buendía Herdoíza * -.
El 2 de octubre de 1968, en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, Ciudad de México, el Estado mexicano perpetró una de las más graves violaciones a los Derechos Humanos en el siglo XX: la masacre de estudiantes y civiles que se manifestaban en el marco del movimiento estudiantil. Tradicionalmente la historiografía y la memoria pública han enfatizado el papel de los líderes estudiantiles y las consecuencias políticas del evento, sin embargo, un enfoque de género permite visibilizar la participación, las experiencias y los impactos diferenciados que tuvieron las mujeres en este proceso. Analizar la masacre desde esta perspectiva contribuye no solo a rescatar las voces femeninas históricamente silenciadas, sino también a comprender cómo las estructuras patriarcales operan en la represión estatal y en la forma en que se construye la memoria colectiva.
Las mujeres desempeñaron un papel fundamental en el movimiento estudiantil, estuvieron presentes como organizadoras de brigadas, líderes en asambleas, participantes en marchas y como responsables de sostener tareas de logística, comunicación y cuidado de los heridos y perseguidos. En la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y otras instituciones las estudiantes cuestionaron no solo al régimen autoritario, sino igualmente las prácticas machistas dentro del propio movimiento, lo que muestra cómo la lucha política se entrelazó con la lucha por los derechos.
El testimonio de mujeres como Roberta la Tita Avendaño y Ana Ignacia Rodríguez, conocida como la Nacha, revela que, además de la represión política, enfrentaron una represión de género. La cárcel, la tortura y el estigma social fueron vividos de manera diferenciada por las mujeres, quienes sufrieron violencia sexual como parte de la estrategia de control estatal.
Diversos informes y testimonios posteriores documentan que la violencia de Tlatelolco no fue ciega al género, las mujeres que estuvieron en la plaza o en los días posteriores de persecución fueron objeto de violencia sexual, tratos degradantes y discriminación específica. En este sentido, el 2 de octubre no solo representó un acto de violencia de Estado, sino también una muestra de cómo el autoritarismo utilizó el cuerpo de las mujeres como botín de guerra política y como mecanismo de castigo ejemplarizante.
El silencio histórico en torno a esta violencia también forma parte del continuum de la desigualdad de género: mientras las muertes y encarcelamientos masculinos se registraron como hitos de represión; las agresiones contra las mujeres quedaron relegadas, invisibilizando la dimensión sexualizada del terror de Estado.
A partir de los años 70 y 80 muchas de las mujeres sobrevivientes se incorporaron a movimientos feministas, de Derechos Humanos y de denuncia contra la represión. Su memoria no solo recuperó el papel de las mujeres en el movimiento estudiantil, sino que visibilizó la intersección entre violencia política y violencia de género. El feminismo mexicano, particularmente desde la década del 90, retomó la experiencia de Tlatelolco para señalar que no existe democracia sin igualdad de género, ni justicia social sin memoria feminista.
En los actos conmemorativos del 2 de octubre el enfoque de género ha ido cobrando mayor fuerza. Actualmente colectivos de mujeres, madres, hijas y nietas de víctimas no solo exigen justicia por los crímenes de Estado, sino la inclusión de la perspectiva de género en la construcción de la memoria histórica.
La masacre de Tlatelolco debe analizarse también como un evento atravesado por las desigualdades de género. Las mujeres fueron protagonistas del movimiento y víctimas de una violencia específica que durante décadas permaneció oculta en el relato oficial y en buena parte de la memoria social. Adoptar un enfoque de género permite rescatar sus voces, denunciar la violencia diferenciada y reconocer su papel en la resistencia. A más de cinco décadas la lucha por la verdad, la justicia y la igualdad sigue siendo una tarea de todas y todos en México.
* Escritora

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