octubre 22, 2026

24 de octubre, Día Internacional del Libro: La destrucción de la Biblioteca de Sarajevo

De forma paulatina se van incorporando en la lista de efemérides días especiales destinados a resaltar y exaltar la importancia de la memoria histórica e intelectual. Así tenemos el Día Internacional de Archivos, que se celebra cada 9 de junio, instituido en homenaje a la creación del Consejo Internacional de Archivos, en 1948, que se celebra en Bolivia desde hace algunos años.

El Día Internacional de las Bibliotecas se instauró el 24 de octubre de 1997, gracias a la iniciativa de la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil. La fecha se eligió en recuerdo de la destrucción de la Biblioteca Nacional de Sarajevo en 1992 durante la Guerra de los Balcanes.

Limpieza étnica y cultural como objetivos militares

Dos testimonios permiten comprender las razones para consumar la atroz destrucción de las bibliotecas en Serbia. Lucien X. Polastron (2015) [1] y Arsenio Sánchez e Itziar Santamaría (2000) [2].

El mariscal Tito instaló la Biblioteca Nacional en la Municipalidad de Vijecnica (ciudad de Sarajevo). Los incunables y manuscritos estaban redactados en latín, inglés, ruso, árabe, alemán, italiano, español, turco, hebreo y persa, en escritura latina, cirílica, árabe, hebraica, así como glagolítica; numerosos libros están escritos en alhamijado o adzamijski, en el que se transcriben las lenguas del país: serbio, croata y bosnio [3].

En la primavera de 1992, después de dos años de tensiones políticas entre los diferentes grupos étnicos de Bosnia Herzegovina, estalló el conflicto bélico más grave ocurrido en Europa desde la Segunda Guerra Mundial: serbios, croatas y musulmanes libraron una violenta guerra en la antigua Yugoslavia. Según el segundo Informe Mazowieki, la purificación étnica era el objetivo principal, provocando más de 250 mil muertos, cerca de tres millones de desplazados, 50 mil mujeres violadas. Los nacionalistas llegaron a la conclusión de que “no solo se trata de limpiar Mostar de musulmanes, es necesario borrar cualquier testimonio de su existencia”. Con esa conclusión se condenó a la destrucción a más de mil 100 edificios de significado cultural o religioso, mil monumentos y edificios históricos (museos, bibliotecas, archivos y colecciones de manuscritos) identificados como objetivos de guerra.

Recuento de los daños

Las estadísticas levantadas por los expertos, son sencillamente pavorosas [4].

  • Biblioteca Nacional Universitaria y el Instituto Oriental de Sarajevo[5]. El 17 de mayo de 1992 se bombardeó con misiles de fósforo el Instituto Oriental de Sarajevo, destruyendo la totalidad de sus colecciones: cinco mil 263 manuscritos árabes, turcos, persas, hebreos y adzamijski –eslavos con grafía árabe–; siete mil documentos otomanos que abarcaba cinco siglos de historia; 200 mil documentos y certificados del catastro del siglo XIX del archivo Vilayet de Bosnia Herzegovina, 10 mil volúmenes de la biblioteca de referencia especializada (enciclopedias, manuales de historia, geografía, política, teología, filosofía islámica, sufi, ciencias derecho, diccionarios) y 300 títulos de publicaciones periódicas[6];
  • Museo Nacional de Bosnia Herzegovina, Museo de los Juegos Olímpicos, Archivos Nacionales de Bosnia y la red de Bibliotecas Públicas, entre otras instituciones, resultaron gravemente dañados;
  • Biblioteca del Museo Nacional de Bosnia Herzegovina[7], albergaba colecciones de historia local e historia hebrea, entre ellas el Haggadah, manuscrito español del siglo XIV reconocido como uno de los tesoros más importantes del patrimonio documental bosnio;
  • Biblioteca Nacional de Vijecnica, fue bombardeada la noche del 25 al 26 de agosto de 1992. Según el informe especial del Consejo de Europa la mayor parte de las colecciones valiosas pudieron salvarse del desastre, pero las pérdidas fueron más de 600 mil volúmenes (colecciones de referencia, colecciones musicales y colecciones de préstamo). La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) reconocía, por otra parte, la destrucción de un millón 200 mil volúmenes (colecciones de prensa periódica, unos 600 títulos), así como todos los catálogos bibliográficos del centro.

Asimismo, Polastron aporta con datos valiosos que permiten establecer la calidad de las pérdidas:

  • Además de los manuscritos e incunables de valor histórico se perdieron los trabajos lexicográficos y los papeles personales de Ljubusak, los archivos del poeta Kranjcevic y del crítico literario Krsic, material diplomático de fines del siglo XIX. En el mismo brasero desparecieron los estantes de libros croatas y serbios;
  • “La precisión de los bombardeos de sus tropas no era casual: el 17 de mayo ya habían arrasado el Instituto Oriental, con sus cinco mil 475 manuscritos islámicos y hebreos, cientos de miles de documentos que ilustraban los cinco siglos de la presencia otomana y 10 mil libros impresos turcos, persas, judíos y árabes. Cientos de bibliotecas municipales, universitarias, de museos, conmemorativas o monásticas fueron así parcial o totalmente carbonizadas”;
  • No todos los blancos fueron planificados, “en la ciudad de Zadar, en Dalmacia, cuando el Ejército serbio se retira del territorio en septiembre de 1991, no se supo qué hacer con los miles de libros que quedaron intactos, porque no había habido bombardeos. Los oficiales decidieron entonces hacer una gran hoguera donde se arrojaron decenas de miles de libros impresos o manuscritos en lenguas de origen latino. El humo fue visible durante 20 días a varios kilómetros de distancia, y los soldados destruyeron a hachazos las 60 computadoras de la biblioteca”;
  • Su relato permite graficar de manera clara el alcance de la biblioclastía: “el humo de los libros ocultaba el sol, en toda la ciudad nevaban las páginas hechas ceniza gris. Se podía a veces atrapar una y sentir el calor, leer un instante el texto, extraño negativo gris sobre negro, hasta que el calor se disipaba y la página se deshacía entre los dedos.”

En esa especie de holocausto libresco la Biblioteca Nacional perdió aproximadamente el 40% de los fondos. Las bibliotecas públicas de Sarajevo fueron destruidas perdiéndose el 50% de sus colecciones, la Biblioteca Municipal de Mostar fue incendiada el 6 de mayo de 1992 (50 mil libros destruidos), la Biblioteca Universitaria fue totalmente arrasada.

Los bibliotecarios protagonizaron heroicos actos de salvamento. Una bibliotecaria llamada Aida fue derribada por un francotirador. Kemal Bakarsic –musulmán ateo–, director de la Biblioteca del Museo Nacional de Bosnia, trasladó los 250 mil libros de las colecciones, “a pie junto con sus colegas, como ‘sombras silenciosas’. Fue así como la Hagadá de Sarajevo se guardó en los cofres subterráneos del Banco de Bosnia antes de los primeros bombardeos” [8].


  • Por Luis Oporto Ordóñez: Historiador, Magister Scientiarum en Historias Andinas y Amazónicas y docente titular de la carrera de Historia de la UMSA

1 Polastron, Lucien X. (2015). Libros en llamas. Historia de la interminable destrucción de bibliotecas. México D. F., Fondo de Cultura Económica.

2 Sánchez, Arsenio e Santamaría, Itziar (2000). “La Biblioteca de Sarajevo, siete años después”, Educación y Biblioteca 110.

3 Polastron, Op. cit.

4 Sánchez y Santamaría, Op. cit.

5 El Instituto Oriental de Sarajevo era un centro de importancia vital para el estudio del período otomano en Europa y principal colección de manuscritos judíos, islámicos y turcos del sudeste europeo.

6 La destrucción de la Biblioteca Nacional Universitaria y la del Instituto Oriental de Sarajevo han sido las pérdidas culturales más importantes de la guerra.

7 Edificio de estilo de estilo pseudomorisco construido en 1888. Fue levantado para albergar el Parlamento de Bosnia Herzegovina. En este edificio fueron asesinados el Archiduque Fernando de Austria y su esposa, en 1914.

8 Polastron, Op. cit.

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