
“Cómo no me voy a reír de la OEA, si es una cosa tan fea. Tan fea que causa risa…”, decía el estribillo de una popular canción cubana a principios de la década del sesenta.
Época en que el nobel de literatura chileno Pablo Neruda declaraba a periodistas argentinos: “¿qué voy a hacer yo en la Organización de Estados Americanos, tan anticuada y pasada de tiempo? La OEA tiene que cambiar porque el mundo cambia y nosotros creemos en una organización sobre la base de la igualdad, pero sin excluir a nadie”.
Efectivamente los años pasaron y OEA la continuó aún más anticuada y pasada de tiempo, aún más excluyente, aún siendo objeto de risa de los pueblos del hemisferio.
Esto último es porque la OEA nació muerta. En 1948 en Washington DC, hija de la Guerra Fría y del macartismo, nieta de la Conferencia Internacional Americana de 1889 y de la Comisión Monetaria Internacional de 1891, cuyas caretas develara el cubano José Martí; y sobre todo bisnieta de la Doctrina Monroe y del expansionismo de las 13 colonias durante los siglos XVIII, XIX y XX. ¡Fruto del imperialismo yanqui!
¿Más señas acerca de su misión? La mal llamada Casa de las Américas, sede principal de la OEA, está ubicada a escaso 500 metros de distancia del Despacho Oval, el buró del emperador de turno.
Y la burocracia del órgano se alimentará este 2026 a partir de un presupuesto asignado que asciende a los 93 millones de dólares, de los cuales exactamente la mitad serán erogados por la administración Trump. Tutelaje puro y duro, ¿no? ¡Dependencia vergonzante!
Su nefasta historia de vida es todavía más decepcionante para América Latina y el Caribe. Sus “gloriosas páginas” se engrosan con su apoyo al derrocamiento de Árbenz por parte de la CIA en Guatemala en 1954, la invasión mercenaria a Cuba en 1961, la invasión yanqui a República Dominicana en 1965, a Granada en 1983, a Panamá en 1989, a Venezuela en 2026; a los golpes de Estado civil militares de las décadas del sesenta al ochenta en todo el continente y el Plan Cóndor en el Cono Sur. Al intervencionismo electoral desestabilizador y reaccionario en Honduras 2009 y 2025, en Ecuador 2025, en Bolivia 2019, en Perú y Colombia 2026. En fin, con su respaldo sin chistar a todo proceso antidemocrático orientado a coartar la libertad de las sociedades americanas.
Pero el accionar de la OEA, como lo padecimos en Bolivia, no se limita a la mera contemplación o respaldo, quedó de manifiesto que en octubre y noviembre de 2019 fue el actor protagónico y decisivo del golpe de Estado contra el presidente Evo Morales, coronado con tres sendas masacres que cobraron la vida de 36 ciudadanos en manos del Ejército.
La doble moral de la OEA es repugnante, así como su pasado y presente. Hoy determinada por sus relaciones carnales con la administración Trump, cuyo desempeño en su segundo mandato no da espacio a dudas.
La posición de Trump, tal como declaró tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores con presumible complicidad de las autoridades venezolanas: “hacemos lo que queremos en el hemisferio, porque pertenece a los Estados Unidos”.
En sintonía con eso, ha insistido en más de una ocasión en que su mandato está llamado a revitalizar la Doctrina Monroe, actualizándola para el siglo XXI y llamándola: “Donroe”. Lo que inevitablemente condiciona las relaciones internacionales de los países latino-caribeños.
Por supuesto, el novísimo y descarado intervencionismo yanqui se busca camuflar con el ropaje de: 1) la seguridad regional; 2) la lucha contra narcotráfico; 3) la Ciberseguridad; y 4) la protección de infraestructuras críticas.
Y para esto, desde la capital del terrorismo occidental, Miami, en marzo oficializó la falsa plataforma de integración interamericana: Escudo de las Américas, compuesta por Estados Unidos, Argentina, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana y Trinidad y Tobago. Con plena simpatía de la OEA. ¡Una verdadera internacional terrorista!
Al menos tres son las acciones que los Estados Unidos han llevado a cabo en estos días para desplegar su fuerza en la Región. Todas atentatorias contra la soberanía de los países en los cuales comienzan a posesionarse y en asociación con la OEA.
La primera de ellas corresponde a los ejercicios conjuntos “Daga Atlántica” y “PASSEX” con las Fuerzas Armadas de la Argentina, iniciados el 21 de abril y extendidos hasta el 12 de junio. En estos participaron más de medio millar de tropas especiales y cuerpos de élite yanquis, quienes marcaron presencia en la VIII Brigada Aérea en Moreno y la Base Naval Puerto Belgrano, la Base Naval de Mar del Plata (estas tres en la provincia de Buenos Aires), la Guarnición Militar de Córdoba y la Base Naval de Ushuaia “Almirante Berisso”; además del portaaviones nuclear USS Nimitz y el destructor lanzamisiles USS Gridley de la Armada de los Estados Unidos.
¿La mayor polémica de actividades aparentemente rutinarias? Que el presidente, Javier Milei, violó abiertamente la Constitución al permitir presencia militar extranjera en el país a través el Decreto de Necesidad y Urgencia; prerrogativa única, exclusiva e intransferible del Legislativo.
La segunda, siempre con el argumento de “la lucha contra las drogas”, lamentablemente se llevó a cabo en el estado Bolívar, al sur de Venezuela, cuando el 12 de junio fuerzas del Comando Sur en coordinación con autoridades del Gobierno de Delcy Rodríguez asesinaron extrajudicialmente al líder de la banda Tren de Aragua, “El niño Guerrero”. En lo que sería el segundo bombardeo en territorio nacional por parte de los Estados Unidos en lo que va del año.
La tercera y última, del jueves 18 de junio, corresponde a la “luz verde” del presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, quien también mediante decreto permite el despliegue de marines en territorio patrio, asegurándoles de antemano inmunidad judicial por cualquier delito que puedan cometer.
El decreto señala: “el personal extranjero de los Estados cooperantes que participe en las acciones ejecutadas en el marco del conflicto armado interno gozará de inmunidad conforme a los instrumentos y acuerdos internacionales aplicables suscritos”.
Mientras que el propio Noboa declaró: “…fruto de meses de trabajo, especialmente con la última reunión en el Pentágono”.
¿El argumento del Palacio de Carondelet? Lucha contra el narcoterrorismo y el crimen organizado.
En un actuar pocas veces visto, la prepotencia imperial además se concentra en asfixiar a sus aliados con tal de apropiarse del continente. Basta con ver dos ejemplos.
En abril pasado los Estados Unidos obligaron al Gobierno peruano a firmar un contrato con la empresa estadounidense Lockheed Martin, a partir del Convenio Marco del Programa de Compensaciones Sociales e Industriales, para adquirir 12 aviones caza F-16 Block 70 para la Fuerza Aérea del Perú, con un valor inicial que asciende a mil 540 millones de dólares.
En los mismos días el Gobierno argentino tuvo que comprar a Dinamarca 24 aviones de combate supersónicos F-16 Fighting Falcon A/B de fabricación estadounidense, para una suma que ronda los 600 milones de dólares.
La Casa Rosada debió desembolsar otros 33 millones de dólares a la empresa Top Aces Corp., de Mesa, Arizona, que se adjudicó la capacitación de pilotos instructores de los F-16 hasta el año 2029.
Claro que el premio mayor tanto para la Casa Blanca como para la OEA –cuyos fines son los mismos– no puede ser otro que el de la caída de la Revolución cubana, sea mediante un genocidio, una guerra, masacre de población civil u otra tragedia.
Ya en marzo pasado el magnate mandatario advirtió: “toda mi vida he estado oyendo hablar de Cuba y Estados Unidos. ¿Cuándo iba Estados Unidos a hacerlo? Creo que tendré… el honor de tomar Cuba. Ya sea liberarla, tomarla –creo que podré hacer lo que quiera con ella, a decir verdad–. Son una nación muy debilitada en este momento”.
Palabras amenazantes a las que el secretario general de la OEA, el surinamés Albert Ramdin, como era de esperar, hizo caso omiso y no las rechazó.
En fin, la próxima reunión Asamblea General de la OEA, que se celebrará del 22 al 24 de junio en el Centro de Convenciones Atlapa de la Ciudad de Panamá, no promete más que ser una trampa mortal para los países asistentes. El corolario de la subordinación política y económica.
Como dijo el exsecretario de Estado y genio del mal, Henry Kissinger: “ser enemigo de los Estados Unidos es peligroso, pero ser amigo es fatal”.
¿Quién saltará al precipicio al dar crédito y respaldo a lo que pueda emanar de ese tenebroso cónclave?
- Autora: Helena Paz, boliviana, cientista política

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