octubre 6, 2026

El gobierno de Rodrigo Paz, la improvisación que se convirtió en un despotismo anodino

Una de las preguntas más comunes que se realizan los investigadores en ciencia sociales y humanas sobre el deterioro del régimen de Rodrigo Paz es: ¿cómo es posible que, en tan solo un año, un gobierno que ganó las elecciones prometiendo cierta renovación en la política boliviana terminó siendo una piltrafa autoritaria emergida en un pozo de improvisación corrupto con una posición genuflexa ante los intereses estadounidenses?

Pues, la respuesta no es sencilla, no es tan simple como creer que las autoridades no son capaces de gobernar, que obviamente no lo son, ni tampoco porque el presidente Rodrigo Paz carezca de luces mínimas para ser un líder, que obviamente no las tiene, sino que se debe enfocar el problema desde la óptica del nacimiento mismo del gobierno, su victoria electoral y las condiciones de crisis política en la que se arrimó a la victoria. En otras palabras, no se debe caer en posiciones mezquinas e incompletas que critican únicamente la corrupción del régimen, porque la corrupción no es solo patrimonio de este régimen, sino que se debe buscar una visión holística y analítica de cómo se llegó a este punto.

Por supuesto, también sería imprudente echar la culpa de su mediocridad únicamente al gobierno de Paz, los gobiernos pasados del MAS-IPSP tienen cierta culpa debido al agotamiento del modelo económico basado en la extracción de hidrocarburos que aceleraron las contradicciones sociales y económicas en el país; y también la implosión política que desembocó en esta coyuntura.

En el presente ensayo el lector encontrará una visión semi completa de la naturaleza del régimen de Paz, desde sus comienzos hasta la actualidad, con la dureza que amerita.

2.Desarrollo

2.1.El origen de la tragedia: ¿Cómo llegó al poder Rodrigo Paz?

Nietzsche escribió un libro llamado El Origen de la Tragedia (en algunas traducciones se entiende como el Nacimiento de la Tragedia) en 1872, cuando tan solo tenía 27 años de edad. Desde los estudiosos de este autor, a este periodo se conoce como “El Nietzsche de juventud” o el primer periodo de Nietzsche.

En este sentido, para nuestro autor “el origen” no es una fecha o un momento evidente de la historia, sino que tiene un significa más profundo y filosófico. Para el joven Nietzsche “el origen” radica en la colisión y fusión de dos pulsiones o instintos de la naturaleza humana y del universo: lo apolíneo y lo dionisíaco. La tragedia surge cuando el caos de la existencia (Dioniso) logra tomar forma y expresarse a través de la belleza y el orden (Apolo). En otras palabras, cuando la razón choca con la emoción, y promueven el nacimiento de la tragedia, de lo trágico. Veamos:

Los griegos, que en sus dioses dicen y a la vez callan la doctrina secreta de su visión del mundo, erigieron dos divinidades, Apolo y Dioniso, como doble fuente de su arte. En la esfera del arte estos nombres representan antítesis estilísticas que caminan una junto a otra, casi siempre luchando entre sí, y que sólo una vez aparecen fundidas, en el instante del florecimiento de la «voluntad» helénica, formando la obra de arte de la tragedia ática. (Nietzsche, 1980, p.244)

Cualquier inicio, al menos, desde la óptica nietzscheana temprana tienen estas dos características, la primera es la razón, lo apolíneo, es decir, las razones que hacen que alguien haga algo o no lo haga, pero esto estaría incompleto si esto no se tensiona con su mellizo, con la emoción o lo dionisíaco, es decir, la mezcla de la razón y el cálculo, con el placer y el gusto, de lo geométrico con lo barroco, etc.

Volviendo a Bolivia, ¿Quién diría a estas alturas que de la pugna entre masistas, entre Arce y Evo y entre dos corrientes que buscaban prácticamente lo mismo aparecería el espíritu de alguien que sin saber mucho de nada, o casi nada de nada llegará a desplazar a ambos polos en conflicto?

En términos politológicos, la crisis política producto de la implosión masista, que aceleró la crisis económica, fue la que creó los márgenes de lo posible para que un personaje como Edmand Lara capitalice el descontento en el bloque popular y suerte fue que Paz lo encontrará en el aeropuerto y le ofrecería ir juntos. Quizás lo mejor que hizo Paz en su carrera política, subirse a ese avión.

El bloque popular o nacional popular, como lo denominan los sociólogos, que fue cautivado por el masismo en casi veinte años de vida, tuvo un problema de dirección política cuando la implosión masista permitió que una persona “chola” como Lara asumiría el espacio que un izquierdista socialista como Arce y un nacionalista indigenista como Evo dejaron huérfano.

Si exageramos con las metáforas de Nietzsche, podríamos decir que las colas por combustible, la subida de precios y el descontrol de las divisas internacionales en la época de Arce, dio las razones para que la gente buscará en sus pasiones más profundas algo que lo rescate de eso, y fue precisamente lo más cercano a un masista “cholo” sin masismo, Edmand Lara, quién terminó siendo el ganador de las elecciones.

Rodrigo Paz, cabalgando esta ola de infortunios y desmanes discursivos y políticos, casi como alguien que llegó al final de una reunión pero que tuvo la suerte de estar cerca de la puerta para irse primero, logró coronarse como el presidente del país soportando los “modales” de Lara y el olor de la indiada campesina y obrera del campo popular que votó abrumadoramente por él. Paz actuó como masista, habló como masista, incluso se mezcló con masistas, pero en el fondo eso nunca lo identificó…y como los masistas andaban peleando entre sí, pues, Lara fue el perfecto artilugio ortopédico para que Rodrigo parezca un masista más.

Y aunque de ciertas maneras, Evo Morales también repercutió en su victoria, más primó, incluso en el mismo Evo Morales, el antitutismo característico del bloque popular que, en más de veinte años, nunca le brindó apoyo a las fórmulas electorales tutistas.

Éste fue el origen de la tragedia.

2.2.La metamorfosis, de masista tardío a un liberal fatuo: concepto de ideología en Rodrigo Paz

Terminadas las elecciones, Paz ya no debía seguir fingiendo que le gustaba rodearse de indios o trabajadores, ya no necesitaba a ese “cholerío” que lo empoderó, así que pudo deshacerse de Lara, primero alejándose de él en la posesión -incluso discursivamente- y después quitándole facultades ejecutivas. Paz, dejó de ser el acompañante del “cholo Lara”, y se convirtió en un epígono de su padre, quien también fue presidente hace treinta años. El existencialismo kafkiano nos introduce a lo que pasó ese día:

Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto. Estaba echado de espaldas sobre un duro caparazón y, al alzar la cabeza, vio su vientre convexo y oscuro, surcado por curvadas callosidades, sobre el cual casi no se aguantaba la colcha, que estaba a punto de escurrirse hasta el suelo. Numerosas patas, penosamente delgadas en comparación al grosor normal de sus piernas, se agitaban sin concierto. (Kafka, 2003, p. 1)

Paz se levantó esa mañana de su juramento y se dio cuenta que ya no necesitaba de esos disfraces carnavalescos de indios y cascos mineros para vivir, ya podía ser él, así que después del sueño intranquilo que fue la campaña electoral al lado de “cholo Lara”, pues, pudo volver a ser un hombre de élite blanca y con apellido rimbombante, es decir, se despertó y volvió a ser aquel “monstruoso insecto”, que lo advertían los tarijeños en las votaciones, volvió a ser un caballero de clase alta blanca.

Fue tan caballero ese día que, en plena alfombra roja dijo que deseaba conducir el país desde el Palacio de Gobierno tradicional y no desde la “Casa del Pueblo” que es como un cholet enorme y masista, y, por si fuera poco, obligó a las fuerzas del orden a cargar paraguas para toda su familia que, obviamente fue a la fiesta de su posesión con vestidos de autor. A esto se suma que el protocolo no dejó que ingresaran más familiares del vicepresidente Lara…claro, fue un accidente, dijeron los organizadores de la fiesta, lo que no especificaron fue, si el accidente, valga la redundancia, fue no dejar entrar a los familiares de Lara, o que Paz y Lara fueran gobierno.

Lejos quedaron esos desfiles de sectores sociales para festejar la posesión de sus autoridades, ahora toda Bolivia debía ver a la familia del flamante presidente, Rodrigo Paz.

Y comenzó la metamorfosis, Paz emitió su discurso, totalmente diferente que el discurso de Lara, totalmente diferente de campaña y totalmente diferente al que tenía acostumbrado Bolivia por veinte años. Adscribiéndose a las fórmulas de ultraderecha con Milei, aunque con ciertos dejos noventeros de un Fukuyama tardío, aseverando con bastante impunidad que “de ideología no se come”, pensando que las ideologías son solo ideas en la cabeza de alguna persona, Paz pensó que iniciaba una nueva era para Bolivia.

Pero vamos más lento, ¿qué significa realmente la reiterada frase emitida por Paz de “ideología no se come”? Pues, desconozco si Paz sepa qué significa, pero seguramente lo intuye, para él, el sentido común es más importante que cualquier ideología y el sentido común es, por supuesto, su sentido común. Reflexionemos.

Como señala Habermas (1987) en el segundo tomo de su libro Teoría de la Acción Comunicativa:

Los componentes del mundo de la vida —cultura, sociedad, personalidad— se entrelazan en las operaciones de la acción comunicativa. […] El saber de fondo acumulado en el mundo de la vida actúa como un depósito incuestionable de certezas de sentido común; un saber pre-reflexivo del que los sujetos hablantes se sirven conjuntamente para interpretar las situaciones cotidianas sin necesidad de someterlo constantemente a discusión. (Vol. 2, p. 215)

En otras palabras, para Habermas, el “sentido común”, aunque no es un tópico que lo evalúe con esos términos sino es a partir de las definiciones de Schutz y Luckman sobre su relación del “mundo de la vida” en su libro Las Estructuras del Mundo de la Vida (Schutz, et al: 2026): es un substrato pre-ideológico que toda persona lo tiene incrustado en su cabeza y que le permite cohabitar en el mundo, una de las principales características de éste sería lo “aproblemático”, como el mismo Habermas lo asevera, es decir, que el sentido común no debe ser problemático para una sociedad determinada, sino que debe darse por hecho que existe y funciona.

Paralelamente a esto, tenemos otro autor que también toca el tema del sentido común y la ideología, Antonio Gramsci (2022), quién manifiesta textualmente en Los Cuadernos de la Cárcel (Cuaderno 11):

La filosofía es un orden intelectual, lo que no pueden ser ni la religión ni el sentido común. Ver cómo, en la realidad, ni siquiera la religión y el sentido común coinciden, pero la religión es un elemento del disgregado sentido común. Por lo demás, «sentido común» es nombre colectivo, como «religión»: no existe un sólo sentido común, que es también él un producto y un devenir histórico. La filosofía es la crítica y la superación de la religión y del sentido común y en ese sentido coincide con el «buen sentido» que se contrapone al sentido común. (Gramsci, 2020, p. 247)

En otras palabras, traduciendo la nebulosa característica del italiano, el sentido común es el archivo inconsciente de las ideologías del pasado que llevamos dentro, es un sentido construido históricamente y ulteriormente naturalizado. Es el mecanismo silencioso mediante el cual aceptamos el orden social establecido, y por ello, el terreno fundamental que hay que disputar políticamente. O también podemos decir, que, el sentido común es un producto histórico que fosiliza las ideologías, es un criterio ideológico que dejó de serlo porque se osificó en la sociedad y se convirtió en algo natural. Una dialéctica fitcheana clásica del marxista italiano.

Si para Habermas el sentido común tiene un criterio “pre-reflexivo” y “no-problemático”, Gramsci complementa este criterio asumiendo que en algún momento en la historia ese “sentido común” fue una ideología que se petrificó como fósil en la mente humana, el italiano no rompe con Habermas, pero le da un sentido histórico al respecto.

No obstante, eso no es lo único que dice Gramsci al respecto, el autor también identifica la existencia de “varios sentidos comunes” en determinada época, y que estos solo son tales cuando construyen un criterio hegemónico en la sociedad, un consenso, por decirlo de otra manera.

En el caso de Rodrigo Paz, suponiendo que podemos extrapolar estas categorías para explicar su tan connotada frase: “De ideologías no se come”; y que, él, más bien, evalúa las cosas desde el “sentido común”; pues quedaría preguntar: ¿desde cuál sentido común si no existe hegemonía? Pues, obviamente, desde el sentido común que él considera que es el común, desde SU sentido común.

¡He aquí la contradicción! Si retomamos a Gramsci, un sentido común no es nada más que una ideología petrificada y naturaliza, es decir, que, en algún punto de la historia, ese sentido común fue una ideología, ahora toca preguntarnos: ¿qué entiende Paz por ideología?

Pues, no sabemos, nunca habló al respecto, y quizás nunca lo haga, pero lo que sí se sabe, es que considera que la ideología es per se algo malo porque prohíbe, según el presidente, de que la gente satisfaga una de sus principales necesidades vitales para reproducir su vida material: comer.

Antoine Destutt de Tracy es el primer pensador que sistematizó y empezó a hablar de la ideología como un objeto de estudio en el sentido estricto del término. Este autor francés escribió un libro ampuloso, que inicialmente contaba de cuatro volúmenes, llamado Elementos de Ideología donde califica a la ideología como “la teoría de las teorías”, debido a que él definía a la ideología a partir de la gnoseología como algo innato al ser humano que media entre la humanidad física del ser y el mundo circundante. La ideología era algo positivo, sin ella no se podía entender la realidad, y eran las ideas las que permitían traducir la realidad externa al ser humano.

Esta concepción de ideología, como las ciencias que estudia las ideas, fue parte de las ideas primigenias que dieron espacio a la psicología después, a la filosofía del lenguaje y a otras.

Sin embargo, después el concepto empezó a tener connotaciones negativas, la ideología se empezó a considerar de manera peyorativa, como algo malo, como algo que en el fondo busca trastocar la realidad para encubrirla. Y diversos autores, desde Marx en el prólogo de la Ideología Alemana (1974) cuando dice:

Hasta ahora, los hombres se han formado siempre ideas falsas acerca de sí mismos, acerca de lo que son o debieran ser. Han ajustado sus relaciones a sus ideas acerca de Dios, del hombre normal, etc. Los frutos de su cabeza han acabado por imponerse a su cabeza. Ellos, los creadores, se han rendido ante sus criaturas. Liberémoslos de los fantasmas cerebrales, de las ideas, de los dogmas, de los seres imaginarios bajo cuyo yugo degeneran. Rebelémonos contra esta tiranía de los pensamientos. Enseñémoslos a sustituir estas quimeras por pensamientos que correspondan a la esencia del hombre, dice uno, a adoptar ante ellos una actitud crítica, dice otro, a quitárselos de la cabeza, dice el tercero, y la realidad existente se derrumbará (p. 11)

Hasta otros marxistas como Kosic cuando denomina en la Dialéctica de lo Concreto (1988) a cierto tipo de ideología como “pseudoconcreción” o “falsa conciencia” a cierto tipo de ideología burguesa que deforma la realidad, pasando por el mismo Althusser, quién decía que la ideología no solo oculta la realidad, sino que puede reproducirla mediante los Aparatos Ideológicos del Estado. Asimismo, también hubo otros autores no marxistas como Karl Mannhein quien aseveró en su libro Ideología y Utopía (1990) que la ideología era “deformadora de la realidad” y en muchos casos “una estructura mental de toda una época” que servía para conservar la realidad. La oposición a la ideología no sería otra ideología, sino: la utopía, que era el espacio donde se buscaba cambiar la realidad.

Sea como sea, y se podría seguir revisando otros autores, la frase de Paz: “De ideología no se come”, se puede entender desde la óptica de que la ideología en realidad sería falsa, y que la realidad -aún siendo un constructo ideológico creado- sería un impedimento para que la sociedad reproduzca su vida. Paz visualiza su realidad, la realidad de alguien acomodado, valga la aclaración, como la realidad a-ideológica, la única verdadera, la única no contaminada y la única que no tiene impurezas.

Esta percepción de su realidad como la única realidad, y de la ideología como un estorbo a la realidad, no como algo que oculta la realidad, como diría Marx y los marxistas, en realidad es una percepción de la realidad cínica. Para esto usaremos a otro autor, Slavoj Zizek, quién en su libro El Sublime Objeto de la Ideología (1989), plantea que la ideología ya no es -únicamente- algo que oculta la realidad, sino algo que cínicamente la muestra, pero aún así no cambia el parecer de la gente. Su apotegmática frase inspirada en Peter Sloterdijk: “Las personas saben muy bien que hacen, pero aún, así lo hacen”, resume todo su pensamiento referente a esto.

Esta frase en el fondo expresa cierta posición cínica, porque la gente sabe perfectamente que el sistema oculta desigualdades, que las ideologías dominantes buscan evitar que la gente sepa la verdad y que la ideología la tergiversa, pero no importa. Este autor afirma al respecto:

Saben muy bien cómo son en realidad las cosas, pero, aun así, hacen como si no lo supieran. La ilusión es, por lo tanto, doble: consiste en pasar por alto la ilusión que estructura nuestra relación efectiva y real con la realidad. Y esta ilusión inconsciente que se pasa por alto es lo que se podría denominar: la fantasía ideológica. Si nuestro concepto de ideología sigue siendo el clásico, en el que la ilusión se sitúa en el conocimiento, entonces la sociedad actual ha de parecer posideológica: la ideología que prevalece es la del cinismo; la gente ya no cree en la verdad ideológica; no toma las proposiciones ideológicas en serio. El nivel fundamental de la ideología, sin embargo, no es el de una ilusión que enmascare el estado real de las cosas, sino el de una fantasía (inconsciente) que estructura nuestra propia realidad social. Y en este nivel, estamos, claro está, lejos de ser una sociedad posideológica. La distancia cínica es sólo un camino -uno de muchos- para cegarnos al poder estructurante de la fantasía ideológica, aún cuando no tomemos las cosas en serio, aun cuando mantengamos una distancia irónica, aun así, lo hacemos. Desde este punto de vista es desde el que podemos explicar la fórmula de la razón cínica que propone Sloterdijk: “ellos saben muy bien lo que hacen, pero, aun así, lo hacen” Sí la ilusión estuviera del lado del conocimiento, entonces la posición cínica sería una posición posideológica, simplemente una posición sin ilusiones: “ellos saben lo que hacen, y lo hacen”. Pero si el lugar de la ilusión está en la idea del hacer, entonces esta fórmula se puede leer muy de otra manera: “ellos saben que, en su actividad, siguen una ilusión, pero, aun así, lo hacen”. Por ejemplo, ellos saben que su idea de Libertad encubre uña forma particular de explotación, pero, aun así, continúan en pos de esta idea de Libertad. (Zizek, 1989, p. 61)

Mediante esta posición cínica se puede traducir la frase de Paz “De ideología no se come” bajo el entendido de que él sabe perfectamente que el sentido común que considera general no es tal, y que sabe muy bien que la ideología sí da de comer, porque la gente no puede no ser ideológica. Aun así, repite la frase porque le permite ocultar su propia ideología. Lo más paradójico es que no la oculta solo para la sociedad, sino también para sí mismo; en otras palabras, se autoengaña para evitar que la disonancia cognitiva, producto de ese oxímoron, le provoque malestar psicológico.

Esta frase en el fondo, lo que busca es ocultar la verdadera ideología de Paz, y de manera cínica (Zizek), niega su existencia, a sabiendas, que él sabe perfectamente que lo que hace es reproducir su propia ideología (Althusser). Es una frase super ideologizante, porque oculta (o al menos trata) de ocultar una ideología para hacerla ver natural y osificarla (Gramsci) como parte de un sentido común no problemático (Habermas).

2.3. El Barón de Münchhausen, Maquiavelo y Rodrigo Paz

El Barón de Münchhausen (1720-1797), cuyo nombre real era Hieronymus Carl Friedrich, Freiherr von Münchhausen, fue un militar alemán que sirvió en el ejército ruso durante las guerras contra los turcos. Tras retirarse a sus propiedades, se hizo célebre en toda Europa por narrar anécdotas de caza y batallas extraordinarias que rayaban en lo imposible y a veces en lo ridículo.

El Barón de Münchhausen llegó a inventar historias cada vez más inverosímiles, como que cabalgó una bala de cañón o viajó a la luna en el siglo XVIII. Su fama como orador payasesco lo llevó a que escritores como Rudolf Erich Raspe y Gottfried August Bürger recopilaran y publicaran varias de sus historias en un libro de fantasía.

El presidente Rodrigo Paz no es el Baron de Münchhausen, no porque no tenga la capacidad de inventar historias que nunca sucedieron o que quizás nunca sucederán, como el cuento del cicle o el mito de que pedir dinero al Banco Mundial permite crecer económicamente, sino porque no hay hasta ahora nadie que escriba la cantidad variopinta de frases que cuenta constantemente, cuando haya seguro no serán historias tan jocosas como el alemán.

No obstante, fuera de lo graciosa que puede resultar esta comparación entre Paz y Münchhausen, el trasfondo es preocupante porque se habla que un presidente está distraído en la fantasía y la ficción, y que no toma en serio su investidura, al mismo tiempo, corrobora la hipótesis que tienen todos sobre la improvisación del régimen en todos los aspectos de gestión, al punto que ni siquiera habla con datos fehacientes, aún teniéndolos a la mano…¡es el presidente!

Maquiavelo decía en El Príncipe (2002):

No ignoro que muchos creen y han creído que las cosas del mundo están regidas por la fortuna y por Dios de tal modo que los hombres más prudentes no pueden modificarías; y, más aún, que no tienen remedio alguno contra ellas. De lo cual podrían deducir que no vale la pena fatigarse mucho en las cosas, y que es mejor dejarse gobernar por la suerte. Esta opinión ha gozado de mayor crédito en nuestros tiempos por los cambios extraordinarios, fuera de toda conjetura humana, que se han visto y se ven todos los días. Y yo, pensando alguna vez en ello, me he sentido algo inclinado a compartir el mismo. (p. 127)

El padre de la ciencia política moderna, como lo llaman algunos, tenía un criterio bastante positivo de la fortuna, porque ella -sin saber cómo- existe y participa de la política. No obstante, Maquiavelo no era un apologista de la fortuna y la improvisación, al contrario, la considera ineluctable, aunque indeseable si se desea gobernar con prudencia y seriedad.

El autor florentino se respondía así:

Pero ciñéndome más a los detalles me pregunto por qué un príncipe que hoy vive en la prosperidad, mañana se encuentra en la desgracia, sin que se haya operado ningún cambio en su carácter ni en su conducta. A mi juicio, esto se debe, en primer lugar, a las razones que expuse con detenimiento en otra parte, es decir, a que el príncipe que confía ciegamente en la fortuna perece en cuanto ella cambia (p. 128)

Maquiavelo es claro, aunque entienda la existencia inevitable de la fortuna en política, y la improvisación como parte de ella, el gobierno de Paz es el ejemplo ideal weberiano de esto, la fortuna tiene una limitación y es precisamente cuando se abusa de ella.

El régimen de Paz es la evidencia empírica del razonamiento maquiavélico, tuvo fortuna para llegar al gobierno, incluso para gobernar su improvisación, pero ésta es cada vez menor y al final puede convertirse en su propio final. La improvisación tiene un límite y el límite es seguir actuando como el Barón de Münchhausen y no tomándose en serio gobernar un país.

2.4.La primera derrota del régimen: la ignorancia del gobierno

Rodrigo Paz y su gabinete decidieron en diciembre de la gestión 2025 emitir el D.S. 5503, el cual, entre muchas otras cosas disponía el levantamiento de la subvención de combustibles en el país. La medida fue recepcionada con cierta resignación de cierta parte de la población que consideraba inevitable levantar el costo del subsidio, ya habían pasado casi tres décadas desde que existía, no obstante, el régimen de Paz trató de convertir un Decreto Supremo con relativo consenso en la sociedad, en un instrumento para ingresar otras reformas inconsultas que supuestamente, según los propios voceros del régimen “refundarían al país”.

Las movilizaciones sociales en contra del régimen que parecían esporádicas y poco apoyadas fueron poco a poco creciendo, no por regresar a la subvención que sabían que era inextensible, sino porque el decreto ocultaba el interés reaccionario del gobierno que ya había provocado remezón en su electorado, el cual ya empezaba a sentirse traicionado.

En palabras de Zavaleta en su ensayo Cuatro Conceptos de Democracia (1981), el orureño desarrolla la democracia no desde la unívoca concepción minimalistas y electoral o desde la formalidad democrática a partir del Estado, aunque también las considera parte de las formas en la que se expresa la democracia moderna, sino desde la totalidad de una Formación Social dada, es decir, desde la misma historia que tiene la democracia en cada país. Para Zavaleta, en Bolivia existen o mejor dicho coexisten cuatro tipos de democracia: La democracia como movimiento general de la época, la democracia representativa (o liberal-burguesa), la democracia como statu quo o forma estatal de dominación y la democracia como autodeterminación de las masas.

Cuando Paz llegó al poder, lo hizo desconociendo el país que gobernaría, y eso se notó los primeros meses de su gestión cuando hablaba de “un renacimiento de la Patria”, por el que nadie votó y el que nadie sabía realmente lo que significaba, asimismo, el propio Paz creía que por haber ganado una elección de maneras accidentales podía tomar decisiones las cuáles el país no había tomado en cuenta, en palabras zavaletianas, mientras Paz veía en Bolivia un lugar donde la democracia representativa era el único tipo de democracia y que haber ganado las elecciones de manera accidental le daban una “carta libre” para tomar decisiones de cualquiera naturaleza, pues, la misma sociedad boliviana le respondió con movilizaciones, y manifestando que la democracia en el país también se manifiesta como autodeterminación de las masas.

Veamos qué dice Zavaleta (2009) al respecto:

La democracia entendida como autodeterminación de las masas viene a ser el desideratum de este discurso. La historia de las masas es siempre una historia que se hace contra el Estado, de suerte que aquí hablamos de estructuras de rebelión y no de formas de pertenencia. Todo Estado en último término niega a la masa, aunque lo exprese o la quiera expresar, porque quiere insistir en su ser, que es el de ser Estado, es decir, la forma sustancial de la materia social. Por consiguiente, tenemos aquí un significado de la cuestión democrática que se coloca en la antípoda de la democracia en su función gnoseológica. Se puede decir que aquí se reemplaza la democracia para la clase dominante por la democracia para sí misma. (p. 138)

Y, el mismo autor define a la democracia como representación de la siguiente manera:

El mismo razonamiento anterior presume que la acepción democrática tiene un tipo de validez en cuanto a la sociedad civil y otro en cuando al Estado político, aunque ambos tendrán su propia forma de superposición o matriz. Aquí sucede algo semejante al valor en cuanto forma: si los problemas de su simbolización sucesiva y de su manera de aparición son tan importantes, es porque el valor existe en lo previo como el núcleo ancestral de la sociedad (,,,) Hay, por cierto, un grado delimitado en que el Estado político puede recibir a la sociedad civil. En general, se diría que nunca la puede recibir del todo. Los problemas de la erupción del Estado civil sobre la sociedad y la determinación de ésta sobre aquél merece una consideración especial. No obstante, ello, podemos decir al menos que, por más armónico y translúcido que sea el aparato-Estado político, la sociedad civil no será capaz de informarlo sino en la medida de su propia autodeterminación democrática. (p. 127)

Ahora, bien, Zavaleta no consideraba que una democracia sea buena y una mala, sino que ambas son constructos históricos que responden a determinadas coyunturas y se entrelazan entre sí. Si bien, la segunda democracia, la de representación, es actualmente sinónimo de la democracia formalista y minimalista, en su momento esta democracia fue producto de la historia de lucha y resistencia política en contra de las dictaduras militares y gobiernos autoritarios. No obstante, el régimen de Paz, al menos en una primera instancia, consideró que este tipo de democracia era el único tipo de democracia y chocó contra un muro en la calle cuando se vio en la necesidad de abrogar su propio decreto “refundacional”. Aunque existen múltiples matices para entender ambos conceptos zavaletianos, en este caso en particular se puede ver cómo ambos pasaron de ser complementarios en los años de masismo, (con sus propias contradicciones), a estar totalmente enfrentados un par de meses después.

Este ejercicio pedagógico permitió demostrar algunos criterios mínimos:

a.      El gobierno de Paz desconocía a sus propios votantes, y a su propia cultura política.

b.     El gobierno de Paz pensó que la gente votó por las ideas del propio Paz ¿” capitalismo para todos” ?, pero en realidad votó por lo más parecido al masismo. Un masismo sin masistas.

c.      El gobierno de Paz fue derrotado en su intento restaurador a solo dos meses de su gestión.

d.     El gobierno de Paz no entendió entre medidas de ajuste apoyadas popularmente como levantar la subvención, y otras medidas que no consideran necesarias.

2.5.La segunda derrota del régimen: las regiones no le responden

Si la primera derrota del régimen fue por desconocimiento de cómo funciona la democracia y la cultura política en el país, además de proponer una lista de reformas las cuáles el país no había pedido, la segunda derrota del régimen fue electoral, y se presentó en las elecciones subnacionales donde prácticamente todos sus candidatos fuertes fueron derrotados.

De nueve gobernaciones, solo ganó una, y otra la ganó de maneras irregulares en el departamento de La Paz cuando se suspendió la segunda vuelta debido a que el contrincante al gobierno no pudo participar porque el dueño del partido de maneras sorpresivas decidió abandonar la contienda beneficiando, al contrario, aunque en todas las encuestas Rene Yahuasi era prácticamente el gobernador de La Paz.

En las alcaldías ganó solo 22 alcaldías de 336, a pesar que en las elecciones nacionales habría obtenido victorias en más de 240 municipios en el país.

El régimen, una vez se obtuvieron los resultados electorales, manifestó de maneras jocosas que “ahora Bolivia es más democrática porque no existe un partido hegemónico”, suponiendo que antes no lo era, y que ahora perder las elecciones es sinónimo de éxito político y democrático.

Si realmente, el régimen había iniciado un periodo refundacional en Bolivia, ¿por qué perdió en casi todos los espacios donde participó? ¿por qué Bolivia no respaldó a las candidaturas afines a Paz que supuestamente representaban este nuevo inicio del país? ¿por qué Bolivia prefirió votar, más bien por candidaturas abiertamente anti-gobierno?

Pues, la respuesta la dijeron diversos analistas, pero todos coincidieron en que la implosión masista, permitió a que saltaran varias candidaturas alternativas, casi todas populares, de izquierda o derecha, pero que ya no representaban los veinte años masistas, lo que no quiere decir que apoyen al régimen de Paz, sino al contrario, que buscaban lo más cercano a sus habituales candidatos. Quizás el análisis, para aliviar a los voceros gubernamentales, podría sintetizarse como que cada realidad regional tiene sus propias construcciones heurísticas y no fue un voto anti-gobierno, sino un gobierno por sus propias alternativas locales, o quizás fueron las dos cosas: un voto antigobierno y por sus propias candidaturas locales.

Esa fue la segunda derrota del régimen, aunque fuera del acto electoral en sí, tuvo pocas repercusiones ulteriores debido a que las entidades municipales y departamentales necesitan una relación de coexistencia con el gobierno central, que puede ser productiva o no, es lo de menos, pero se necesita coordinación institucional natural en un Estado moderno.

2.6.La tercera derrota del régimen: la renuncia en pausa

La tercera derrota del régimen se dio cuando el mismo gobierno promulgó la ley 1720, esta norma facultaba al Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) a transformar de manera voluntaria la pequeña propiedad agraria privada titulada en mediana propiedad, bajo el argumento oficial de otorgarle al campesinado un activo negociable: la posibilidad de utilizar su título recategorizado como garantía hipotecaria ante el sistema financiero para acceder a créditos y capital de trabajo.

En palabras protocolares, eso parecía una idea sin intereses políticos y más bien un apoyo a los sectores campesinos, no obstante, la realidad es un poco más compleja que los discursos y las normativas impulsadas por un régimen que ya venía cargado con bastantes limitaciones. En este sentido, lejos de interpretarse como una medida de modernización económica, el sector indígena y campesino la leyó como una trampa estructural orientada a la mercantilización de la tierra comunitaria e individual y a la posibilidad política de desarticular a sectores campesinos debilitando su forma de vida y su capacidad política de organización.

El rechazo se tradujo en bloqueos y marchas hacia la sede de gobierno, ante el temor latente de que los pequeños productores terminaran perdiendo sus parcelas frente a la banca privada por deudas impagables en un contexto de crisis, evidenciando nuevamente la miopía de un Ejecutivo incapaz de comprender la raigambre social y cultural que la tierra posee en el mundo popular boliviano.

En este contexto, decenas de sectores sociales salieron a las calles para respaldar al sector indígena, pero lo que comenzó como un pedido de abrogación de una ley, que al final fue abrogada, terminó por pedir la renuncia de Rodrigo Paz y bloqueos de 53 días.

Los sectores sociales movilizados, a pesar de haber tenido una estrategia bastante divergente entre sí, y a pesar de haber sufrido un desgaste político abrumador, tanto porque casi todos los movilizados venían con la carga de haber sido “masistas” por veinte años, como por estar en contra de un gobierno que recién había comenzado, resistieron hasta que se llegó a acuerdos con el régimen que -obviamente- nunca fueron cumplidos, al contrario, todos fueron incumplidos.

Los sectores movilizados no gozaban de recursos ni capacidad orgánica para resistir, aunque si pudieron poner entre las cuerdas a un gobierno que buscaba con la Ley 1720, destruir al sector campesino con mayor capacidad de movilización.

La movilización fue variopinta, desde la Central Obrera Bolivia (COB) hasta maestros, mineros, campesinos y cocaleros de El Trópico, cada uno con sus limitaciones, combatieron contra el régimen de Paz que esperaba, en su incapacidad de entender el país, sostenerse.

La movilización concluyó cumpliendo su objetivo primario, pero todos los demás objetivos más radicales no fueron cumplidos. A esto, algunos analistas progubernamentales llamaron “una histórica victoria del gobierno” o “una estrepitosa derrota de la izquierda”, sin embargo, los analistas más serios y cautos, llamaron a esto “hibernación del conflicto”, es decir, el conflicto no había concluido, sino que entró a una fase de hibernación hasta una próxima arremetida, que teóricamente fue convocada para octubre, pero que es posible que tenga otro momento.

Una vez concluida la movilización, Paz decretó un estado de excepción casi inútil, donde ya no existían movilizaciones, y la intensidad del conflicto ya estaba resuelta. El estado de sitio sirvió únicamente para aprehender a algunos dirigentes que después en su mayoría fueron liberados. El intento del régimen de imponer orden fue ulteriormente deslegitimado por el mismo régimen con sendos casos de corrupción que saltaron a la opinión pública demostrando que el orden en el fondo encubre un intento del régimen de escamotear sus acciones ilícitas.

2.7.Cerimedo y la literatura: en búsqueda de un autor

Mark Twain en su libro Siguiendo el Ecuador: Un Viaje alrededor del Mundo (1897/2012), aseveró en su capítulo quince, una de las frase más reiteradas y transfiguradas de la literatura universal: “La verdad es más rara que la ficción, mas, eso se debe a que la ficción tiene que ceñirse a las posibilidades; la realidad, no” (P. 141)

Pues, el escándalo Cerimedo-Beller se acomoda a esa frase, fue tan inverosímil ver a uno de los denominados estrategas de la ultraderecha internacional muy afín a Trump, caer en un país sin relativo peso geopolítico -seguro él no tenía la más remota idea de cómo funciona Bolivia-, pero vivió usando todo el poder del Estado para reproducir negocios y abusar del poder político que el régimen de Paz le otorgo, ¿sino quién podía hacerlo?

El llamado caso “Cerimedo-Beller” no fue fortuito, fue el producto de una larga acumulación de hechos que terminaron explotando cuando Cerimedo quiso acabar con la vida de Beller utilizando un falso delivery, que algunos manifestaron que eran policías disfrazados. Las tres balas que impactaron contra la humanidad de Beller no lograron terminar con su vida, al contrario, la obligaron a confesar todo lo que sabía de la relación entre Cerimedo, la familia de Paz, otros ministros y varios negocios del Estado. Terminando aprehendido el argentino y llevado a una prisión en Bolivia.

En fin, ése es el final de esta historia, pero vamos al comienzo.

Cerimedo, un hombre que presumía para sí haber sido uno de los principales baluartes de la tan connotada “batalla cultural” en contra de la izquierda mundial, llegó a Bolivia para apoyar al régimen naciente de Rodrigo Paz. Ya en elecciones de segunda vuelta respaldó a Paz, aunque realmente su estrategia no sirvió (él buscaba emparejar a Tuto con Evo, ¡ja!), nunca supo realmente porque su asesorado ganó, por supuesto no fue por él, ni por los videos de la hija de Rodrigo Paz. Para el cerebro de Cerimedo, la victoria de Paz significaba un giro a la derecha en Bolivia, aunque sus votantes pensaron todo lo contrario.

En esta vorágine, Cerimedo creyó que podía encontrar en su asesorado un tipo con valores de ultraderecha, pero se sorprendió al notar que Paz, no tenía la más remota idea de porqué ganó y creía que los videos en primer plano de Tik Tok de su hija habían sido la clave de su éxito electoral, por supuesto, Lara no hizo nada, pensaron Cerimedo y Paz, y por eso se lo debe aislar y mejor si es posible, disminuir a su mínima expresión.

Fue así que, entre reuniones y negocios con la gasolina conoció a una reconocida abogada y política que llegó al nuevo gobierno de maneras misteriosas. Ella ingresó para asesorar en la redacción de decretos y temas legales, y él para asesorar comunicacionalmente a Rodrigo Paz, sin embargo, ambos hicieron todo lo contrario, se inmiscuyeron hasta en lo más íntimo del círculo familiar de Paz, incluyendo a su esposa, la denominada mediáticamente después por la misma Beller como “Ventanilla Única”.

La historia de amor inició en Casa Grande del Pueblo, y como alguna vez lo imaginó Fiódor Dostoyevski, en Noches Blancas (1848/2009), fue tan hermosa la historia que la realidad superó a la ficción, retomando nuevamente la gran frase de Mark Twain.

Entre lujos, aviones, policías, narcotráfico, negocios y más lujos, llamadas, reuniones y juegos de políticos, la pareja reproducía su amor, ambos se sentían tan cómodos con su cariño mutuo en la mansión alquilada en la zona Sur de La Paz. ¿Qué son millones de bolivianos? Pues, nada, al final si puedes tenerlos todos los días no son nada, al menos para quiénes pueden hablar entre sí de tenerlos.

Una historia de amor que nace del poder, pues, tiene su limitación: el poder, si éste se esfuma o no se comparte, el amor se desvanece…

Mientras Bolivia empezaba a protestar, Cerimedo y Beller disfrutaban de ver desde el último piso de Casa Grande a la gente marchar y ver a la gente muy pequeñita, insignificante, incapaz de hacer temblar a un gobierno consolidado con el apoyo militante de la ultraderecha internacional, mientras Cerimedo estaba ahí.

Pero el deterioro de la relación llegó.

El amor trae consecuencias.

Si el gobierno no podía hacer pie, y acumulaba derrotas a montones, pues, la pareja más poderosa de Bolivia después de Paz y su esposa, empezó a presentar problemas de diversa índole en su relación, hasta que sucedió lo imprevisto, Cerimedo la golpeó a Beller, y ella lo denunció ante las autoridades…¿qué autoridades podían escuchar su clamor si ellos eran la autoridad? Pues, nadie, y eso pasó, nadie escuchó su advertencia de que algo estaba mal.

La violencia estaba ahí, Beller no calló, decidió hacer pública la afrenta que sufrió en manos del ciudadano argentino, pero nadie le escuchó y ella se dio cuenta que el poder no se puede compartir, él tenía el poder, ella…no. Ella entendió lo que entienden las mujeres que no encuentran donde denunciar, a pesar del dinero y de la cantidad gigantesca de poder que logró acumular, nunca fue tan alta como la que tenía Cerimedo y su voz volvió a ser la de cualquier mujer: insignificante.

Y si, la historia de amor y poder que superó la ficción, termino reproduciendo lo que ya varias autoras feministas lo expresaron. Citemos, por mencionar a alguna, a Carola Pateman en el Contrato Sexual (1989), donde la autora desarrolla la idea central que pacto original (teoría contractualista del Estado) entre hombres incluyó un «contrato sexual» tácito mediante el cual se aseguró el acceso de los varones al cuerpo, el trabajo y la subordinación civil de las mujeres, relegándolas al ámbito privado mientras el Estado se erigía en el espacio público masculino.

Al respecto:

El pacto originario es tanto un pacto sexual como un contrato social, es sexual en el sentido de que es patriarcal-es decir, el contrato establece el derecho político de los varones sobre las mujeres- y también es sexual en el sentido de que establece un orden de acceso de los varones al cuerpo de las mujeres. El contrato original crea lo que denominaré, siguiendo a Adrienne Rich, «la ley del derecho sexual masculino». El contrato está lejos de oponerse al patriarcado; el contrato es el medio a través del cual el patriarcado moderno se constituye. (p. 11)

En fin, volviendo al tema, Beller notó en carne propia que no era parte de ese contrato social, y que el gobierno el cuál defendía no la iba a defender a pesar de haber sido la víctima, porque Cerimedo era más importante que ella, y porque al final, pues, es hombre…¿no?

Después de los golpes continúo la historia de amor, perdonado Cerimedo volvió a re-enamorarse de Beller, pero ella ya no, quizás él se enamoró más por eso dejó de calcular y empezó a contarle todo, incluso lo que no debía, y ella, se desenamoró más y más porque empezó a calcular y ya no a amar, usando un apotegma de Zizek, el amor es tan subversivo que rompe con la lógica del intercambio mercantil y el cálculo, es, digamos, usando la dialéctica un hecho inversamente proporcional, mientras más amas, menos calculas, y mientras menos amas, más calculas, pues, Beller empezó a calcular más y a amar menos, el otro hizo lo opuesto.

Y la violencia volvió, pero esta vez peor, casi como el Anticristo de Lars Von Trier, la toxicidad entre ambos llegó a puntos tales, que solo la muerte podía separarlos, y Cerimedo lo entendió así, decidió mandarla a disparar con un par de deliverys, que no fallaron en el disparo, pero fallaron en matarla. Inmediatamente después, Beller pidió en la ambulancia un celular y lo llamó acusándolo de mandarla a matar, él, al notar que las cosas se complicaron decidió huir, pero la fiscalía con ciertos elementos de la policía no lo permitieron aprehendiéndolo. Cerimedo en su desesperación pidió hablar con el ministro y la policía, pero al final, nadie acudió al llamado del estratega de ultraderecha que entre llantos dijo un par de días después: “solo quiero ver a mi familia”.

La historia recién inició, Beller empezó a develar todo, negociados de Paz y su familia con Cerimedo, ministros que recibían órdenes del extranjero, policías que obedecían a un civil, militares que coordinaban con él, granjas de bots, terrorismo de Estado cortando la luz en el Chapare, entre otro tipo de acciones que superan cualquier ficción.

La segunda pareja más importante de Bolivia, Cerimedo-Beller se separaba y con ello, se destapaba toda la cloaca del gobierno de Paz, quién se contradijo en todas las maneras posibles negando lazos de cercanía con Cerimedo, pero que pocos o casi nadie creyó ante la abundante cantidad de material y evidencia difundida.

El escándalo trepó a escalas regionales, tocando varios gobiernos de la región y contactos con el mismo hijo del presidente de los Estados Unidos.

Mariaca, el fiscal general de Bolivia, firme decidió no parar con las acusaciones y enviar a la cárcel de máxima seguridad en Bolivia: Chonchocoro a Cerimedo.

Uno de los “intelectuales” orgánicos más destacados de la ultraderecha, caía en desgracia, continuando la tragedia gubernamental.

Cerimedo y Beller, además de la familia de Paz, son, lo que diría el premio nobel de literatura, Luigi Pirandello (1921) Seis Personajes en Busca de un Autor.

2.8.El autoritarismo incubado y el secuestro geopolítico de Mariaca

En fin, las cosas empezaron a ponerse crónicas, el gobierno venía de sendas derrotas, extraviado, con su principal asesor en la cárcel, una mujer cercana al gobierno disparada, ministros cambiados, otros alejados e incluso algunos que fueron aprehendidos y solo iban diez meses en el gobierno, todo apuntaba a que el régimen caería sin pena ni gloria como entró, pero los Estados Unidos no estaban dispuestos a perder a uno de sus aliados en el continente, quizás el peor y el más limitado, pero un aliado al final, por lo que decidieron rescatarlo.

Fue Vladimir Lenin en un artículo titulado La cadena no es más fuerte que su eslabón más débil (1917) quien dijo:

Si se necesita una cadena de hierro para sostener un peso, digamos, de 100 puds, ¿qué ocurriría si reemplazáramos uno de sus eslabones por uno de madera? La cadena se rompería. No importa cuán fuertes e intactas estén todos los demás eslabones; si el eslabón de madera se rompe, toda la cadena estallará. Lo mismo ocurre en la política. (p.1)

Esta tesis después fue reforzada por el mismo Stalin en Fundamentos del Leninismo (1924/2023).

Pues, Bolivia es el eslabón más débil de la cadena que es protegida por el denominado American Shield; y protegerla para Estados Unidos es vital para no provocar un efecto dominó, donde se vea al gobierno de Trump como un gobierno que no puede controlar sus propias “colonias”. A la derrota en Irán, añadir la caída de su reciente aliado en Bolivia, pues no era buena propaganda para el American Shield, y Marco Rubio lo sabía por eso optó por aplicar la fuerza necesaria para evitar que el gobierno de Rodrigo Paz continúe en caída libre.

Si bien, la fiscalía boliviana no fue conocida nunca por ser una institución transparente, ése es un problema que los bolivianos deberán aclarar, y es poco probable que un gobierno con las credenciales que tiene Paz pueda ser un paladín en la lucha contra la corrupción o el narcotráfico, y mucho peor un gobierno como el estadounidense, la similitud entre la fiscalía y el gobierno central es casi mimética, pero lo que las diferencia es que una de ellas tiene el respaldo de los Estados Unidos y la otra no.

El secuestro del fiscal Mariaca por parte del gobierno de Paz con la aquiescencia del gobierno de los Estados Unidos por supuestamente tener vínculos con el narcotráfico, bajo la luz geopolítica no es un intento de limpiar la justicia de la corrupción, al contrario, parece lo opuesto, cambiar un hombre incómodo de la fiscalía por otro, pero ¿por qué? Pues, es casi obvio, porque Mariaca había metido preso a Cerimedo y estaba tras el rastro de la esposa de Paz, quién, según Beller, tenía negociados con el argentino.

¿Pero somos los bolivianos tan importantes? Según la teoría leninista de la “cadena” sí, y según la Doctrina Monroe, pues, también.

La Doctrina Monroe, proclamada en 1823 bajo la consigna de “América para los americanos”, se convirtió en el pilar de la geopolítica estadounidense. Lejos de ser una defensa frente a Europa, operó como un título de propiedad imperial que delimitó a América Latina como una esfera de influencia exclusiva. Bajo esta premisa, Washington justificó intervenciones militares, golpes de Estado y tutelajes económicos para subordinar la soberanía regional durante todo el siglo XX.

En la actualidad, esta doctrina mutó hacia un intervencionismo de guerra híbrida y control financiero y político para frenar a potencias como China y Rusia. En este sentido, es indispensable incorporar la evolución más reciente de la cada vez más agrietada hegemonía estadounidense a través del llamado Corolario Trump y la retórica del American Shield.

Si la doctrina original delimitaba el continente como un patio trasero defensivo, la administración Trump reconfiguró este mandato bajo una lógica puramente transaccional y de seguridad nacional agresiva, exigiendo a los gobiernos latinoamericanos una alineación automática y subordinada frente a la competencia geoestratégica con China. Este corolario contemporáneo trata de blindar el hemisferio mediante presiones arancelarias, supervisión de flujos migratorios y un control financiero implacable, tratando de resucitar un monroísmo explícito que descarta cualquier atisbo de autonomía regional y reduce la soberanía de los Estados a una mera pieza de contención en el tablero global.

Pero, las cosas no son tan fatales, porque no estamos hablando de un Estados Unidos plenipotenciario como en los años 90s, estamos hablando de un país que ha perdido el liderazgo mundial, y que, aunque aún es fuerte, no es lo que quisiera ser, a pesar de las frases de Donald Trump atiborradas de violencia. Podemos realizar un parangón histórico para entender esto.

En el ocaso del Imperio español en América entre 1780 y 1825 (lo que se puede denominar como un periodo de liberación y resistencia contradictorio pero continuo por casi 45 años) se desencadenaron las Reformas Borbónicas de finales del siglo XVIII y el imperio español empezó a ser cada vez más duro con sus colonias, tanto en temas de violencia directa y ajusticiamiento a los insurrectos como en términos impositivos y comercial, y precisamente ese evento histórico nos ofrece cierta matriz teórica para poder comprender la actual crisis de la hegemonía estadounidense en el subcontinente.

Así como la Corona española, acorralada por el colapso fiscal y el ascenso de potencias rivales como Inglaterra, intentó compensar su pérdida de dinamismo metropolitano mediante un tornasol de exacciones impositivas, control burocrático rígido y una violencia punitiva cada vez más abierta contra las autonomías locales -cuyo hito germinal estalló en las grandes insurrecciones populares y indígenas de 1780- el imperio norteamericano experimenta hoy una patología análoga. Enfrentado a la pérdida de su centralidad unipolar en un orden global crecientemente multipolar, Washington recrudece su tutelaje geopolítico a través de instrumentos de coerción indirecta, persecuciones judiciales de carácter político (lawfare), asfixia financiera y chantajes arancelarios, evidenciando que el repliegue de la hegemonía blanda siempre desemboca en la hipertrofia del castigo.

Este paralelismo histórico nos revela una posible ley del declive imperial, que muchos teóricos intuyeron: a menor legitimidad estructural, mayor dependencia de la violencia institucional y de la coerción abierta. En el ocaso colonial, España dejó de articular un proyecto de “integración civilizatorio” para sostenerse sobre el puro temor y la represión militar de las resistencias provinciales y criollas. Del mismo modo, el discurso democrático y liberal de Estados Unidos se ha vaciado de contenido material frente a la recurrencia de crisis sistémicas y dobles estándares geopolíticos, obligándole a abandonar la persuasión diplomática en favor de una coerción vertical. Al percibir que los márgenes de maniobra soberana en la región se amplían gracias a la diversificación comercial y la presencia de potencias extracontinentales, la metrópolis reacciona exigiendo una lealtad automática e incondicional que desborda el umbral de tolerancia de las propias sociedades periféricas, precisamente lo que sucede con el caso Cerimedo-Beller y el secuestro del fiscal Mariaca.

Como se puede ver, lo sucedido en Bolivia, y anteriormente en Venezuela con el secuestro del presidente Maduro, o los posibles fraudes en Guatemala, Perú o Colombia pueden asegurar temporalmente el dominio estatal de las sociedades latinoamericanas, pero presentan cada vez más dificultades para reproducir un poder hegemónico que no sea la violencia, es decir, en términos gramscianos, dominio sin hegemonía.

Mariaca es el síntoma de un sistema imperial en declive, no es una muestra de fortaleza del gobierno de Paz, sino una demostración de debilidad, lo que no quiere decir que el gobierno de Paz no se haya convertido en un gobierno déspota y autoritario.

2.9. Bolivia, Bolivia, Bolivia, Bolivia, Bolivia, Bolivia, Bolivia…

Pues bueno, llegamos a la frase favorita del presidente, Rodrigo Paz, repetir seis veces seguida de manera arrítmica: Bolivia.

La frase es poco llamativa, realmente, y poco profunda naturalmente, es incluso superficial, pero no porque él lo diga, y quizás también sea por eso, pero es más vacía porque no se sabe realmente qué significa, es decir, ¿qué significa Bolivia para Rodrigo Paz?

Decir Bolivia seis veces no hace que la gente quiera más a Bolivia o se despierte un clamor patriótico por ocultar los problemas de la sociedad en nombre de un espíritu patriotero, al contrario, provoca que la gente piense sobre qué realmente está haciendo por Bolivia, el presidente Paz, o qué es Bolivia para él, pues veamos.

¿Será qué para Paz, Bolivia es la Bolivia de Montenegro que se divide entre un sector nacional y otro antinacional? Pues, es difícil, porque para este autor, la Bolivia nacional, o la nación boliviana, eran todas las clases nacionales que la componen y que tienen en su seno un interés de prevalecer los intereses del país en contra de las clases antinacionales que buscan, al contrario, satisfacer los intereses de potencias extranjeras en desmedro del común. Las clases antinacionales son, pues, las oligarquías extranjerizantes que usufrutuan el país para el lucro privado y no tienen interés en desarrollar el mercado interno o fortalecer el Estado, solo buscan reproducir sus condiciones de vida y de sus familiares. Montenegro no repite la narrativa marxista sobre las clases sociales, al menos no mecánicamente, sino que busca entre la “mecánicas de clases”, las clases que pueden tener intereses nacionales y las que no.

¿Será qué para Paz, Bolivia es la Bolivia revolucionaria y minera de Lora? Pues, de la misma manera, es poco probable, el marxismo para Paz es una ideología y él reniega de cualquier ideología, obvio menos de la suya, aunque niegue su existencia. Lora plateaba a Bolivia como una nación imposible si no era mediante la construcción del socialismo, solo mediante cambiar las relaciones de producción en el país se podía pensar en la existencia de la nación boliviana, en otros casos no, porque las burguesías y oligarquías bolivianas no podían construir una nación en estricto sentido, ni siquiera un Estado-nación, porque tenían anclado su interés productivo y comercial a las metrópolis del capitalismo mundial. Por supuesto, para Paz, Bolivia no es la Bolivia de Lora.

¿Será qué para Paz, Bolivia es la Bolivia de Zavaleta? Es más difícil aún, para el sociólogo, Bolivia es una Formación Social Abigarrada, es decir, una sociedad en la que coexisten diversas temporalidades y espacialidades al mismo tiempo, donde cada estructura tiene una superestructura diversa, cada clase social tiene su propia acumulación histórica, cada tiempo se manifiesta en cierto momento constitutivo y éste en alguno de los tipos de democracia que se vio en párrafos anteriores. Para Zavaleta Bolivia, en tanto sociedad atrasada y abigarrada, es no homogénea y entenderla amerita tener un método abstracto y concreto, pero no mecánicamente como en los marxistas ortodoxos, sino usando una dialéctica más creativa, alejada de cualquier positivismo cuantificante. Para Paz, es poco probable que Bolivia sea eso, la demostración de ello fue su primera derrota.

¿Será qué para Paz, Bolivia es la Bolivia ficta de Reinaga? Pues, es más que imposible, la teorización de las dos bolivias como parte de la yuxtaposición de sociedades contradictorias, una colonial y la otra india, es algo que Paz en ningún momento trató de aclarar, aunque hay recibido los votos de la Bolivia india, y haya ido de la mano del “cholo Lara”, para él, esos sectores no son realmente su sociedad.

Pero hagámoslo corto: ¿Será qué para Paz, Bolivia es la Bolivia de Almaraz que lucha por su petróleo y sus recursos naturales? ¿Será qué para Paz, Bolivia es la Bolivia indígena y campesina del MAS? ¿Será qué para Paz, Bolivia es la Bolivia indómita y socialista de Marcelo Quiroga? ¿Será qué para Paz, Bolivia es la Bolivia vitalista e indigenista de Tamayo? ¿Será qué para Paz, Bolivia es la Bolivia que debe sacudirse sus trajes europeizantes y alienantes que decía Medinacelli? ¿Será qué para Paz, Bolivia es parte del ayllu universal que apuesta García Linera? ¿Será qué para Paz, Bolivia es la Bolivia víctima de colonialismo interno en busca de lo ch’ixi? Pues, es poco probable

Entonces nos preguntamos, ¿qué entienden Paz por Bolivia? Y quizás, puede que, para Paz, Bolivia sea la Bolivia que adviene ontológicamente como parte de las regiones, quizás sea la Bolivia de José Luis Roca, o también la Bolivia de Arguedas, la que está enferma y sin nada que ofrecer a la humanidad mientras continúe con esas élites iletradas que la dirigen.

Quizás son los autores que más se acercan a la definición de Bolivia para Paz, y tendría algún sentido, la distribución del 50/50 entre las regiones y el centro es parte de una agenda regional, es probable que su marco teórico lo impela a pensar así, tal vez únicamente por necesidad que, por convencimiento ideológico, aunque, para Roca, las cosas son un poco más complejas porque el motor del país sería la “Lucha de regiones”, frase que nunca usó Paz en sus discursos. ¿Y la sociedad enferma de Arguedas? Pues, es probable que Paz haya llegado a la misma conclusión que Arguedas, porque considera que el país está enfermo y hay que “sanarlo”, el problema es que Paz no es parte de la solución, sino, precisamente, parte del problema porque viene de esas élites blancoides iletradas a las que la modernidad les llega solo como razón instrumental (Horkheimer), aunque Arguedas no haya usado esa palabra.

O quizás, simplemente, para el presidente Paz, Bolivia sea un equipo de fútbol que no fue al último mundial.

2.10.La derrota de la razón: el mito de los veinte años

El gobierno de Paz tiene una característica descollante entre varias que tocamos en este ensayo, y es la irracionalidad como ideología y como praxis.

Georg Lukács escribió un libro llamado El Asalto a la Razón (1969) donde el autor realiza una genealogía crítica de la filosofía alemana y europea desde mediados del siglo XIX hasta la primera mitad del siglo XX, buscando explicar cómo y por qué la cultura occidental renunció al pensamiento racional, crítico y científico para abrazar el irracionalismo, allanando el camino ideológico hacia el fascismo y el nazismo. Por supuesto, tal titánica tarea, la cual también tuvo sus detractores debido a que Lukács trató de “poner” a todos los autores en una canasta y golpearlos como defensores o precursores del fascismo y de posiciones reaccionarias, aún siendo muchos de ellos bastante creativos en sus postulados como Nietzsche o Heidegger, no será abordada en este texto de manera detallada, no estoy capacitado para realizar tremenda hazaña, no obstante, es importante tomar en cuenta qué nuestro autor entiende por irracionalidad o irracionalismo y cómo es usado por el gobierno de Paz.

Lukács dice:

Ahora bien, el irracionalismo es algo más que eso, y algo distinto. Es una simple forma de reacción (empleando aquí la palabra reacción en el doble sentido de lo secundario y lo retrógrado) al desarrollo dialéctico del pensamiento humano. Su historia depende, por tanto, del desarrollo de la ciencia y de la filosofía, a cuyos nuevos planteamientos reacciona de tal modo, que convierte el problema mismo en solución, proclamando la supuesta imposibilidad de principio de resolver el problema como una forma superior de comprender el mundo. Este estilizar la pretendida insolubilidad del problema como la respuesta a él y la pretensión de que en éste rehuir la solución y desviarse de ella, en esta evasión ante una respuesta positiva, se contiene la «verdadera» consecución de la realidad, es el rasgo característico decisivo del irracionalismo. (Lukács, 1969, p. 86).

Ahora bien, para el filósofo húngaro, el irracionalismo es una forma de apreciar la realidad invirtiendo la relación entre el problema y la solución, demostrando que, invirtiendo los roles, no existe tal problema (por ejemplo, el problema de la verdad o de la libertad), y que más bien, es válido pensar que no se puede ni se debe resolver tal conflicto, porque no existe, y eso es un tipo de conocimiento válido, incluso superior. Esta forma de ver la realidad elimina la posibilidad de que existan criterios científicos que validen la existencia, relativizando la verdad e incluso negándola para implosionar desde adentro la razón y cambiarla simplemente por algún arguyo lingüístico.

Aunque, obviamente, los debates amplios en la filosofía llevan a posiciones encontradas sobre los conceptos de verdad o de libertad, o de la ciencia misma, relativizando la posibilidad de conocer o incluso la inutilidad de hacerlo, estos debates tienen limitaciones cuando se habla de criterios técnicos y científicos ajenos a las ciencias sociales y humanas, como la construcción de un vehículo o un celular, que obviamente funcionan y significan un avance en el conocimiento humano y no hubieran sido posibles sin mínimos criterios científicos posibles.

En otras áreas del pensamiento como la economía, donde el debate es también parte importante, existe una línea punteada entre la ciencia y el mito, por ejemplo, la idea de que el mercado se regula solo, tiene criterios científicos que pueden avalarlo, como también mitos de que realmente funciona, no obstante, a pesar de ello, existen algunos criterios científicos mínimos que cuantifican la riqueza de una sociedad y de las múltiples formas de reproducción material que la caracterizan.

Bajo este criterio, es que se puede ver que la economía en Bolivia creció bajo la dirección masista o izquierdista de maneras inéditas en la historia de Bolivia, esto se puede ver tanto en la medición del índice de Gini, por ejemplo, en el crecimiento del PIB y de las exportaciones, como también en temas microeconómicos como el aumento de créditos en el sistema bancario o la disminución de tasas de mora y aumento sustancial del consumo y creación de empresas en el país.

Todos esos indicadores, que no detallaré por temas metodológicos, pero que fácilmente se encuentran en cualquier buscador, son negados por el gobierno de Paz acusando de todas las limitaciones del país a los “veinte años masistas”, los que -según el presidente Paz- fueron el causante de todas las desgracias bolivianas.

Este irracionalismo, característico de un hombre que no entiende de números o datos, o quizás de un gobierno que no quiere entender, a pesar de tenerlos todos los datos a disposición oculta en el fondo un objetivo, que es destruir los logros obtenidos por el masismo en veinte años, que -aunque lo digan sectores reaccionarios o conservadores- no son pocos.

Paz y su gobierno, niegan los datos, niegan la realidad que se expone en esos datos, y por si fuera poco, presentan obras realizadas por el mismo masismo al cual critican, si existe más irracionalidad en otro lado, sería difícil encontrar.

2.11.Una época de cosas pequeñas: el fin de la hegemonía masista, el fin de ciclo y la anodina gestión autoritaria de Paz

El pensador, Sergio Almaraz, habló de la existencia del “tiempo de cosas pequeñas” en su icónico libro Requiem para una República. Cuando este autor habla de ello se refiere al momento histórico y político en el que el horizonte transformador de una revolución o de un gran proceso político se agota, degenerando en una gestión marcada por la mezquindad, la improvisación burocrática y la chatura espiritual. Para Almaraz, este concepto diagnosticaba la traición y la degradación del proceso nacional-popular tras 1952, donde la épica colectiva de un pueblo movilizado se diluye y es reemplazada por una clase política mediocre, preocupada únicamente por el cálculo prebendal, el pragmatismo sin principios y la administración rutinaria de las miserias del Estado. Es, en esencia, la tragedia histórica en la que los grandes ideales de emancipación nacional encogen hasta volverse irreconocibles, reduciendo la política a la pequeñez de miras de sus gobernantes.

En palabras gramscianas, “el tiempo de las cosas pequeñas”, sería un periodo post-hegemónico entendiendo la hegemonía como lo hacía Gramsci, como algo que está más allá del simple dominio político o la coacción estatal; la hegemonía constituye una dirección intelectual, moral y cultural mediante la cual una clase dominante (bloque histórico) logra obtener el consentimiento activo de los sectores subalternos. Este poder no se sostiene únicamente por la fuerza, sino por la capacidad de permear las instituciones de la sociedad civil y moldear el sentido común de una época, logrando que su visión particular del mundo se naturalice y sea aceptada voluntariamente por el conjunto de la sociedad, convirtiéndose así en un proceso dinámico y permanentemente disputado.

Si cruzamos ambos autores, podemos decir que después de un periodo de irradiación de una ideología configurada después como un sentido común, como la victoria total de un bloque histórico, vienen “tiempos de cosas pequeñas”; donde lo más importante no es la transformación o los grandes horizontes sociales, sino la burocracia, la dádiva o directamente las formalidades protocolares que siempre existieron, pero que no siempre fueron las actividades más importantes.

Bajo este paraguas teórico, se puede decir que después del año 2016, cuando Evo Morales pierde el referéndum para cambiar la Constitución Política del Estado y permitir la reelección del presidente indefinidamente, empezó un ciclo de declive político que ya tenía esbozos de agotamiento después del año 2014, cuando el masismo llegó a expandir su dominio prácticamente a todas las esferas institucionales y políticas de Bolivia de manera pragmática, y no ideológica.

Este declive continuó el año 2019 con la caída del expresidente Morales con un golpe de Estado, en el que -paradójicamente- el mismo Morales brindó las condiciones objetivas para su caída cuando insistió en su reelección, aunque la población había acudido a un referéndum rechazando esa posibilidad. Un año después el masismo, esta vez a la cabeza de Luis Arce, como candidato de Evo Morales, logró recuperar el poder después de grandes movilizaciones nacionales que obligaron al régimen de Jeanine Añez a convocar a elecciones.

Aunque Arce ganó las elecciones con más del 55% de los votos en primera vuelta, la hegemonía masista no regresó porque la gente votó por cuidar los avances del masismo, o del denominado Proceso de Cambio, más que por una nueva agenda homogeneizadora o histórica. Fue en ese momento que las disputas en el interior del bloque popular se incrementaron entre Evo Morales y Luis Arce, las cuáles comenzaron de ser únicamente peleas intestinas y poco relevantes, a convertirse en una ruptura total entre cuerpos dirigentes y bases sociales, provocando la caída de los veinte años masistas y la llegada de Paz al poder.

La implosión masista abrió el espacio a que Lara sea una candidatura potable para el bloque popular, y pues, Paz aprovechó la oportunidad de ir con Lara, porque éste último no tenía partido.

La crisis política y de dirección en el bloque popular al final fue el resultado del fin de la hegemonía masista y el fin de ciclo, porque no existió una nueva agenda desde la izquierda que refresque las disputas sociales, la única agenda defendida desde la izquierda fue la de cuidar los avances sociales, no de buscar nuevos horizontes. Si a esto se añade que los sectores movilizados y el denominado sujeto histórico: el campesinado indígena, fueron debilitados por veinte años de movilización y gobierno, el fin del primer ciclo masista llegó.

A esta coyuntura política se debe añadir que el modelo económico boliviano, dependiente de los hidrocarburos también manifestó varias limitaciones debido a que los intentos por realizar nuevas exploraciones no tuvieron el éxito esperado y porque muchos de los recursos invertidos en la industrialización se usaron en áreas que no eran necesarias, que fueron más allá de los sectores estratégicos, aunque también es importante mencionar, que la interrupción del gobierno de Añez como las disputas internas entre masistas retrasaron nuevos ingresos fiscales como el litio otros.

Si se cruza la variable política: implosión masista y agotamiento de una agenda política/fin de ciclo con un contexto económico difícil ante la insuficiencia de excedente para reproducir la vida social, pues, el resultado es la caída de un horizonte transformador. Si a esto se añade también un contexto internacional adverso, pues las condiciones se vuelven más apremiantes aún.

En este contexto llegó al poder el régimen improvisado y anodino de Rodrigo Paz que ha tomado la decisión de decantarse por el autoritarismo y la persecución política, con tal de permanecer en el poder. Es una época de cosas pequeñas, y estamos precisamente ante uno de los gobiernos más pequeños en espíritu y horizonte político de los últimos cincuenta años. Aunque aún es temprano para denominarlo, es probable que el gobierno actual sea uno de los peores gobiernos civiles de los últimos cien años de historia en Bolivia.

3. Conclusiones

La pregunta que inició este ensayo fue: ¿cómo es posible que, en tan solo un año, un gobierno que ganó las elecciones prometiendo cierta renovación en la política boliviana terminó siendo una piltrafa autoritaria emergida en un pozo de improvisación corrupto con una posición genuflexa ante los intereses estadounidenses?

Pues la respuesta salta a los ojos: un gobierno improvisado en un momento de crisis política y económica, con ausencia de horizonte político, sin bases sociales reales, con votantes prestados y con debilidad institucional, solo puede usar la fuerza policial o militar y para ello necesita apoyo de potencias internacionales que eviten su caída. Nada más que ello.

4.Bibliografía

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  • Autor: José Llorenti

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