
El punto de partida de la segunda vuelta en Brasil fue adverso para la candidatura del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. El pasado 4 de octubre, Flávio Bolsonaro (Partido Liberal) lideró la primera vuelta presidencial con el 47,03 % de los votos válidos frente al 45,16 % obtenido Lula (Partido de los Trabajadores), situando una brecha de 1,87 puntos porcentuales, según los datos del Tribunal Superior Electoral (TSE).
Sin embargo, la respuesta popular no se hizo esperar en la sede del PT, entre el 5 y el 9 de octubre, antes de que el comando de campaña redefiniera su estructura de comunicación, surgió un fenómeno de movilización desde abajo: estudiantes, movimientos sociales, artistas, influenciadores y comunidades de fandoms tomaron las calles y las plataformas digitales para movilizar a los más de 33 millones de abstencionistas de la primera vuelta y disputar el voto de los indecisos.
Para corregir el rumbo, la campaña de Lula reestructuró su mando político y de comunicación con la incorporación de figuras como Rafael Fonteles, Camilo Santana, Rui Costa y Jerônimo Rodrigues, sumando además a legisladores y referentes con alto impacto en redes como Erika Hilton, Sâmia Bomfim, Jones Manoel y Guilherme Cortez.
El giro estratégico implicó abandonar la estética exclusivamente institucional para adoptar el formato de «creador-persona»: videos estilo selfie, conversaciones cotidianas en la calle y contenidos audiovisuales sin producción sobrecargada.
Bajo la consigna defendida por el diputado André Janones de mostrar «más calle y menos helicóptero», la campaña produjo decenas de publicaciones nativas orientadas a reducir las distancias con el electorado joven.
Entre el 4 y el 11 de octubre, las interacciones acumuladas en las redes de ambos candidatos registraron un virtual empate técnico: 266,5 millones de acciones en el universo de Lula frente a 268,2 millones en el de Flávio Bolsonaro.
No obstante, Lula mostró un claro dominio en plataformas clave como Facebook (+24,3 % de interacciones sobre su rival) y TikTok (+13,7 %).
El «Exército do Lula» y la irrupción de los fandoms
La arquitectura de la remontada digital lulista se apoyó en dos pilares inéditos: el canal «Exército do Lula», administrado por André Janones, dio un salto extraordinario de 50.000 seguidores a más de 3,3 millones en solo una semana.
La plataforma funciona como un cuartel general distribuido que envía audios, tareas y «misiones» diarias a los simpatizantes para viralizar contenidos y desacreditar ataques. Su impacto provocó que el TSE revisara sus contenidos a solicitud del equipo de Flávio Bolsonaro, determinando el 12 de octubre que el canal no contenía las falsedades denunciadas.
Asimismo, más de 250 clubes de fans de artistas como Anitta, Taylor Swift, BTS, BLACKPINK y Beyoncé unieron fuerzas en la articulación «Fandoms com Lula».
Estas comunidades, expertas en campañas masivas de streaming, tradujeron su organización en guías para conversar con abstencionistas mayores de 60 años, producción de memes, montajes con inteligencia artificial y participación activa en marchas presenciales como la de la Avenida Paulista.
Fiscalización algorítmica y alcance territorial
La contienda también se trasladó a las reglas del juego de las propias plataformas. El PT denunció ante el TSE una caída injustificada en el alcance algorítmico de los contenidos de Lula en las aplicaciones de Meta, empresa que argumentó «problemas técnicos» globales sin favoritismo político.
A pesar de los desacuerdos sobre el sesgo de las redes, las estadísticas muestran que la mayor aceleración en la interacción digital en favor del candidato progresista coincidió con las grandes marchas en las calles el domingo 11 de octubre, registrando 31,8 millones de acciones frente a 18,1 millones de la candidatura ultraderechista.
Analistas destacan que la experiencia brasileña deja una lección para la política contemporánea: el éxito comunicacional no depende únicamente de las cuentas oficiales de los partidos, sino de la capacidad de construir comunidades orgánicas capaces de apropiarse del mensaje, transformarlo y distribuirlo en sus entornos cotidianos antes del balotaje decisivo del 25 de octubre.

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