agosto 26, 2026

Política y religión en Evo Morales


Por La Época -.


Si hay algo que reconocer es que el expresidente Evo Morales no se toma ni un minuto para dejar de hacer política. Podría incluso decirse que cuando comparte un partido de fútbol, donde existe el riesgo de que un jugador del equipo adversario reciba un rodillazo, el máximo dirigente de las federaciones del trópico cochabambino sigue “maquinando” lo que hará luego para seguir siendo el protagonista. La cadena de posteos que hace en su cuenta X todos los días da cuenta de que no desaprovecha nada de lo que pasa para pronunciarse.

Pero también se constata que Evo Morales, antes lo más emblemático del Proceso de Cambio, es ahora la expresión más elevada del empobrecimiento de la política. Desde sus palabras en radio Kawsachun Coca hasta lo que publica en su cuenta X, lo que no puede ocultar son los sentimientos de odio y venganza con los que analiza y enfrenta la realidad concreta, lo cual lo conduce a grandes errores que día a día van destruyendo lo que desde la lucha del campo popular se construyó.

Si uno observa con meridiana profundidad se puede identificar que el expresidente hace política, sin estar consciente de eso, al estilo que se hace en los Estados Unidos: meterse en las intimidades de los políticos que se quiere vencer o destruir, victimización y mirada desde arriba. El exjefe de Estado se atribuye ahora el papel de juez para acusar a personas de acciones que no hicieron o de meter en la bolsa a los miembros de familias que no tienen ningún papel en la “lucha” política.

Morales no actúa con la responsabilidad que debería hacerlo un líder político o un exjefe de Estado. Su odio no es de clase ni de rechazo, más que en la retórica, al sistema capitalista que oprime el mundo. Su odio es personal a los hombres y mujeres que le son incómodos u obstáculos en su afán de conquistar el poder político del Estado y de volver a gozar de los privilegios que eso implica. En eso no está solo, pues hay que reconocerle el mérito de tener muchos seguidores a una serie de confusas ideas. Ya un periodista argentino empleaba a Morales para criticar a los peronistas por su rechazo a algunas ideas económicas de Milei.

De esta manera, política y religión se mezclan, se funden, en la que hay un jefe supremo portador de la verdad absoluta, y unos creyentes fanatizados que han dejado de lado la militancia crítica. No en vano Marx criticó duramente a la política y la religión por ser alienantes.

Quizá hay que dejar que todo se hunda. Quizá hay que de alguna manera morir para volver a nacer. Sin embargo, no está demás apelar, si todavía es posible, a recuperar cierta objetividad en la lectura del momento político por el que está atravesando Bolivia y de los enormes peligros que acechan al Estado Plurinacional con esta forma burguesa de hacer política.

No hay que temer a las diferencias. Es bueno que eso ocurra, pero no hay que olvidar que el enemigo principal es el imperialismo y su forma de hacer política.

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