Por José Percy Paredes Coimbra-.
Bolivia atraviesa una disputa histórica que va mucho más allá de las elecciones, los partidos políticos o las coyunturas económicas. En el fondo, se desenvuelve una confrontación entre diferentes proyectos de país. En el centro de esta batalla se localiza Santa Cruz, departamento que se ha solidificado como el principal motor económico nacional y donde se concentra una parte reveladora del poder empresarial, agroindustrial y financiero del país.
Bolivia no atraviesa puramente una crisis económica o una confrontación electoral. Lo que está en juego es una batalla mucho más profunda: la disputa por el modelo de país que concretará el futuro de las próximas generaciones.
En este momento, Santa Cruz genera aproximadamente un tercio del Producto Interno Bruto (PIB) nacional y reúne gran parte de la producción agropecuaria y de las exportaciones no tradicionales de Bolivia. La región origina y produce la mayor parte de la soya, el azúcar, el arroz, el maíz, el sorgo y la carne bovina consignada tanto al mercado interno como a la exportación.
No obstante, detrás de estas cifras brota una pregunta esencial: ¿quién controla verdaderamente esa riqueza y cómo influye en la cimentación del modelo de país?
El imperio atrás del agronegocio
Durante años se ha pretendido mostrar al agronegocio como el único motor potencial del desarrollo nacional. Se nos dice que sin los grandes productores no habría alimentos, exportaciones ni crecimiento económico. No obstante, detrás de esa perorata se oculta una situación mucho más compleja.
La riqueza formada por el agro no se distribuye de manera ecuánime y equitativa. Una parte transcendental de la tierra productiva, del crédito, de la infraestructura y de las ganancias derivadas de las exportaciones se agrupa en un grupo respectivamente minúsculo de actores económicos.
Mientras miles de pequeños productores luchan por mantenerse frente al aumento de costos y las dificultades climáticas, los grandes grupos empresariales fortifican su capacidad de acaparamiento y aumentan su influencia sobre los espacios de decisión política.
No estamos frente a una simple actividad económica. Estamos frente a un aparato de poder que posee tierra, capital, medios de comunicación, representación corporativa y capacidad de influencia sobre los gobiernos.
La cruzada por la supremacía
Como nos lo decía el intelectual Antonio Gramsci, el poder no se alimenta únicamente mediante la riqueza o la fuerza. También se alimenta a través de la construcción del sentido común.
Durante años se ha sembrado la idea de que los beneficios de los grandes grupos agroexportadores son los mismos intereses de toda Bolivia. Se ha pretendido instalar que cualquier regulación estatal constituye una amenaza, que toda redistribución es un inconveniente para el crecimiento y que la concentración económica es un resultado natural del éxito empresarial.
No obstante, la verdadera disputa es otra: ¿quién decide el rumbo del país? ¿La mayoría del pueblo boliviano o una minoría económica que controla sectores estratégicos de la producción?
La disputa por Santa Cruz es una disputa por la hegemonía nacional. Es la lucha entre quienes consideran que la riqueza debe cumplir una función social y quienes defienden un modelo donde el mercado y la acumulación privada determinan el destino colectivo.
Poder económico y poder político
Una de las particularidades más transcendentales del caso cruceño es que el poder económico ha logrado traducirse en influencia política.
Los grandes grupos empresariales ligados al agro poder no simplemente participan en la economía; igualmente influyen en el debate público, los medios de comunicación, las organizaciones cívicas y la definición de políticas nacionales.
Esta capacidad de incidencia convierte a Santa Cruz en un actor político de primera magnitud. Ningún gobierno nacional, sea de izquierda, centro o derecha, puede desconocer el peso económico del departamento ni la capacidad de presión de sus sectores productivos.
Por ello, muchas de las tiranteces políticas de los últimos tiempos pueden interpretarse como expresiones de un altercado más profundo entre diferentes bloques de poder: el Estado central, las organizaciones populares, los movimientos obreros, indígenas y campesinos, y las élites corporativas y empresariales agroexportadoras.
Tierra, producción, soberanía y dominación
La cuestión agraria sigue siendo uno de los problemas estructurales de Bolivia. La expansión permanente de la frontera agrícola ha contribuido principalmente a los grandes complejos agroindustriales orientados a la exportación. Mientras tanto, comunidades campesinas e indígenas continúan resistiendo conflictos para acceder a recursos productivos, financiamiento, tecnología e infraestructura.
La contradicción es evidente. Un país que produce millones de toneladas de materias primas continúa dependiendo de la exportación de productos con bajo valor agregado mientras importa tecnología, maquinaria e insumos industriales.
La lógica de los que siempre dominaron sigue siendo la misma heredada de los modelos dependientes latinoamericanos: exportar naturaleza e importar desarrollo.
La contradicción central
La gran contradicción boliviana radica en que el mismo sector que sostiene buena parte de la producción nacional también reúne importantes cuotas de poder económico.
Mientras millones de bolivianos están en manos de la producción agroindustrial para garantizar alimentos y divisas, también crece el debate sobre quién se favorece especialmente de ese modelo y cuáles son sus costos sociales y ambientales.
La pregunta transcendental para Bolivia no es si Santa Cruz debe seguir siendo un motor económico. La verdadera discusión reside en establecer si esa riqueza puede convertirse en desarrollo nacional compartido o si continuará defendiendo estructuras de concentración económica que circunscriben una distribución más equitativa del poder y de los beneficios del crecimiento.
Santa Cruz no es simplemente la oligarquía
Uno de los errores más graves radica en confundir a Santa Cruz con los grupos de poder que hablan y actúan en su nombre.
Santa Cruz es principalmente la tierra de trabajadores, jóvenes, profesionales, migrantes, campesinos, pueblos indígenas y sectores populares que contribuyen diariamente a la edificación de la riqueza regional.
La élite agroexportadora intenta presentarse como representante de toda la sociedad cruceña, cuando en realidad expresa intereses determinados vinculados al acaparamiento y la acumulación económica.
La verdadera Santa Cruz es mucho más diversa, heterogénea, más compleja y más popular de lo que suele manifestar el discurso de las corporaciones empresariales.
Por ello, el forcejeo no es entre occidente y oriente. No es entre La Paz y Santa Cruz. No es entre collas y cambas.
La verdadera confrontación se desenvuelve entre quienes preservan privilegios económicos concentrados y quienes anhelan a edificar una nación más justa, integrada y soberana.
El desafío verdadero
Bolivia desafía una decisión histórica. Puede profundizar un modelo donde el poder económico condiciona cada vez más las decisiones políticas, o puede progresar hacia una nueva etapa de democratización económica donde la riqueza nacional esté al servicio del conjunto de la sociedad.
La edificación de una patria grande y soberana exige industrializar los recursos naturales, democratizar el acceso a la tierra, robustecer la producción comunitaria y cooperativa, promover la ciencia y la tecnología, y garantizar que las ganancias creadas por la economía favorezcan a las grandes mayorías.
La historia muestra que ninguna nación obtiene su auténtica independencia y emancipación cuando el poder económico se concentra en pocas manos.
La cruzada por Santa Cruz es, en esencia, la cruzada por el alma de Bolivia. Es la confrontación entre el país de las élites y el país de los pueblos. Entre la lógica de la acumulación privada y la lógica del bienestar colectivo. Entre la dependencia-subordinación y la soberanía.
Y como toda gran batalla y cruzada histórica, su resultado concretará el destino de las futuras generaciones.

si se socializan los medios de produccion se cubanizara bolivia y seguro vos safas como ministro de informacion y seguridad